
En el corazón de La Mancha, entre interminables campos de viñas y un horizonte salpicado por la herencia industrial reconvertida en patrimonio, Tomelloso se alza como un símbolo de la identidad manchega. Este pueblo de Ciudad Real, cuna de artistas como Antonio López y refugio de una cultura agrícola que ha sabido reinventarse sin perder sus raíces, destaca por su combinación única de historia, gastronomía y paisajes de una gran belleza. Además, sus cuevas-bodega, testigo de su actividad vinícola, y su rico patrimonio monumental, lo convierten en un destino obligatorio en la región.
Parte de ese conjunto patrimonial corresponde a las chimeneas de ladrillo de las antiguas destilerías de alcohol de la localidad. Estas forman parte de un valioso patrimonio industrial que ha sabido mantenerse como símbolo de la identidad local. Estas estructuras, que se alzan imponentes en plazas y entre viviendas, recuerdan una época de esplendor económico e industrial en la localidad manchega.
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Un legado de la modernidad pretérita
Hacia los años cincuenta y sesenta del siglo XX, Tomelloso contaba con unas 60 destilerías en pleno funcionamiento y cerca de 100 chimeneas dominando el paisaje urbano. Estas construcciones, con una altura mínima de 20 metros, operaban según principios físicos que permitían que el humo del carbón ascendiera sin necesidad de mecanismos adicionales, reduciendo así la contaminación en la zona. Con el paso del tiempo, los avances tecnológicos y la concentración empresarial llevaron al cierre progresivo de muchas destilerías.

Actualmente, la actividad se mantiene en unas pocas grandes empresas, y de las numerosas chimeneas que en su día poblaron el cielo de Tomelloso, hoy quedan en pie alrededor de cuarenta. Entre las chimeneas que han sobrevivido, algunas destacan por su diseño y envergadura. Una de las más reconocidas es la construida por la familia Jareño para las bodegas Fábregas. Su estructura, de más de 40 metros de altura, se distingue por el peculiar giro del ladrillo en sus aristas, lo que le confiere un estilo modernista único dentro del conjunto de chimeneas industriales de la localidad.
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A su vez, la chimenea Casajuana, es la más antigua de las que ahora se conservan. Esta fue construida en el año 1942, y junto con otra levantada en 1951, dieron lugar a la destilería que lleva su nombre. Por su parte, la destilería Torres cuenta con otra de las más llamativas de la ciudad gracias a sus adornos en la parte superior.
Conscientes de la importancia de este legado, las autoridades locales han impulsado iniciativas para dar a conocer y conservar estas construcciones. El ayuntamiento ha desarrollado dos rutas turísticas que recorren algunas de las chimeneas más emblemáticas, permitiendo a visitantes y residentes descubrir la historia y el valor arquitectónico de estas estructuras. Además, algunas de ellas se iluminan por la noche, realzando su presencia en el paisaje urbano y ofreciendo una nueva perspectiva de este patrimonio industrial.
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Cómo llegar
Desde Ciudad Real, el viaje es de alrededor de 1 hora por la carretera A-43. Por su parte, desde Albacete el trayecto tiene una duración estimada de 1 hora y 20 minutos por las vías N-430 y CM-313.
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