La selección española selló su pase ayer en un encuentro sufrido, en todos sus sentidos, ante Uruguay. Lo ha hecho como líder del grupo H, invicta y sin encajar ni un solo gol. Tres partidos, dos victorias y siete puntos de nueve posibles que alimentan la ilusión de todo un país. Hasta aquí, todo bien. El problema es lo que hay debajo de esos números. Un equipo que domina el balón, aunque a veces con la sensación de falta de ideas.
Buen ejemplo de ello fue el debut frente a Cabo Verde. No obstante, una goleada a Arabia Saudí, acompañada de una revolución por parte del seleccionador, hizo desaparecer los fantasmas que, otra vez, resurgieron en el partido contra los charrúas. De nuevo, España controló, acumuló pases, pero cuando veía los espacios reducirse, el juego se convertía en previsible.
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Alarma contra Cabo Verde: el debut que nadie esperaba
El estreno en Atlanta contra una de las debutantes del torneo fue un golpe de realidad. España tuvo el 74% de la posesión, tiró 27 veces a portería, pero solo 7 fueron entre los tres palos, y el resultado fue empate. La Selección estaba avisada: Cabo Verde buscaba replegarse y salir al contraataque; plantearon un bloque bajo con las líneas muy juntas. Y lo consiguió.
De la Fuente apostó por Gavi y Ferrán Torres en los costados para buscar superioridad por dentro, pero no había hueco. La consecuencia fue un equipo sin anchura y con una circulación lenta. El mapa de combinaciones del informe FIFA lo confirma: la pareja Rodri-Pedri acumuló el 3,7% de todos los pases del equipo, igualada por Cubarsí-Laporte. La pelota giraba entre centrales y centrocampistas sin encontrar caminos hacia los últimos metros. España lanzó 30 centros en el partido y solo completó 4. Oyarzabal, ejerciendo de falso nueve, recibió apenas 7 pases y ofreció 28 movimientos para recibirlos, de los cuales solo 7 fueron atendidos.
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Pese a todo, los goles esperados según la calidad de las ocasiones (xG) fueron de 2,26. Entonces, ¿dónde que pasó? El problema no fue la falta de ocasiones, sino la incapacidad de convertirlas. Vozinha, el portero caboverdiano, paró cuanto le llegó. Lo más llamativo, sin embargo, fue leer los datos defensivos: España ejecutó 200 presiones, forzó 53 pérdidas al rival y recuperó el balón en una media de 9,61 segundos. El esfuerzo estuvo. Lo que faltó fue imaginación en el último tercio.
Arabia Saudí: la versión que todos quieren ver
El segundo partido fue completamente diferente. Ante un rival en teoría más fuerte sobre el papel y más peligroso a la contra, De la Fuente revolucionó el once con hasta cuatro cambios, casi todos arriba. Pedro Porro, Álex Baena, Dani Olmo y Lamine Yamal transformaron el equipo de arriba abajo. Antes de la media hora, España ganaba 3-0.
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El ajuste fue clave: Pedri retrasó su posición para formar doble pivote con Rodri, y Olmo tuvo plena libertad entre líneas. Baena y Lamine dieron la anchura que permitió abrir la defensa saudí y encontrar los espacios donde Oyarzabal pudo rematar con comodidad. Los números lo avalan: el xG subió a 3,20 con 22 remates, 8 a portería. Lamine Yamal registró 11 intentos de ruptura de línea, 7 regates exitosos y fue el jugador con más centros intentados del equipo (6). Pedro Porro completó 22 rupturas de línea de 22 intentadas, con un 100% de efectividad en su banda. Álex Baena ofreció 59 movimientos para recibir el balón, casi el doble que cualquier jugador del debut.
La intensidad defensiva, además, fue casi idéntica a la del debut: 214 presiones totales, 30 directas, 44 pérdidas forzadas y un tiempo de recuperación de 9,49 segundos. Tan solo una décima mejor que ante Cabo Verde. Lo que cambió no fue el esfuerzo, sino la ocupación del espacio.
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Uruguay: ganar sin convencer
El partido contra Uruguay fue el más difícil de los tres. Los de Marcelo Bielsa encontraron la manera de hacer perder los nervios a los españoles. Los centrocampistas charrúas cerraron los pasillos interiores y el equipo volvió a perder velocidad de circulación. Los remates se redujeron a 6, solo 1 entre los tres palos, y el xG cayó a 1,12. Volvió a dominar con el 67% de la posesión, pero el gol de Baena llegó tras un error de Muslera.
En la parte positiva, lo que sí resistió fue la defensa. Unai Simón volvió a dejar la portería a cero. En los tres partidos, el guardameta vasco apenas tuvo que intervenir. Y el centro de la zaga se ha consolidado, algo que no pasaba desde los anteriores Mundiales.
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Las cuentas pendientes
El número que más preocupa de cara a los dieciseisavos no es la posesión, sino la efectividad con el balón. Las defensas cerradas le cuestan a España. Cuando existe amplitud y velocidad en el último tercio, los datos acompañan al juego y los goles llegan. Cuando los jugadores del equipo rival defienden muy juntos, los espacios se limitan y el juego se vuelve más plano, previsible y dependiente de los encaradores natos como Lamine y Nico.
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