
Cuando el Real Madrid quedó eliminado de Champions, despidiéndose de todos los títulos un 15 de abril, se utilizó el tópico de que se le iba a hacer larga la temporada, quedando por disputarse los últimos partidos de Liga y ya sin incentivo alguno para una plantilla se supone plagada de animales competitivos. Lo que nadie imaginaba es que la crisis llegaría a las manos y con tantos frentes, y tan graves.
Florentino Pérez tiene ante sí el mayor de los desafíos en sus dos etapas como presidente y la paciencia del Santiago Bernabéu parece solo resistir una campaña más. Acertar con el entrenador es el primer escollo, pero también con la autoridad que se le conceda, así como a los jugadores. Esta 2025-2026, Xabi Alonso y Álvaro Arbeloa han terminado desbordados por un vestuario que no han sabido atar.
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Pero no se puede poner a Alonso y a Arbeloa en el mismo plano. Uno, el primero, no contó con el respaldo del club ante las decisiones más trasdendentes, desde los fichajes -no se reforzó el centro del campo- al desafío que le planteó Vinícius. El segundo llegó con la bendición de Florentino y de hecho aguanta todavía hoy pese a los desastrosos resultados. Con él además han terminado de abrirse el resto de grietas.
El club apoyó al rebelde
Pero, por ordenarlo, todo comienza antes incluso del Mundial de Clubes del pasado verano en Estados Unidos. Antes incluso de la presentación de Alonso. El donostiarra era partidario de no sentarse en el banquillo hasta agosto, considerando la dificultad de disputar esa competición apenas aterrizado en Baldebebas. Eso no gustó al presidente. La relación ya no mejoraría.
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En el Mundial, el Madrid tuvo destellos, pero cuando tocó el PSG de Luis Enrique, hubo un baño de realidad. Un contundente 4-0 y a casa. En Liga, con el equipo más trabajado, el equipo arrancó con una buena racha de victorias. Efectividad sin brillantez, pero pleno de puntos. Hasta el Metropolitano: 5-2. Segundo clavo en la tumba de Alonso. Con todo, se levantó. Ganaba en España y en Champions en Europa.
Con el precedente del Atlético, Alonso se la jugaba en el Clásico, en el Bernabéu, y lo pasó con nota. 2-1 y liderato. Pero Vinícius decidió que el protagonista iba a ser él. La supuesta afrenta, que el entrenador le había cambiado. El brasileño gesticuló ostensiblemente y afeó la sustitución. Horas más tarde se disculpó con club, compañeros y afición por los aspavientos, no con el técnico. El Madrid se puso del lado del rebelde.
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La pierna que no era de Mbappé
Debilitado Alonso, otros se levantaron, caso de otro capitán, Fede Valverde, quien quiso que quedara muy claro que a él no le gustaba jugar de lateral, llegando a negarse a calentar en un partido de Champions. La tensión empezó a flotar y ni el juego ni los resultados hacían augurar nada positivo, así que se puso a Alonso ante un nuevo examen, que sería el definitivo: la Supercopa de España. Despedido.
Y llegó Arbeloa, era amigo de Alonso, prometiendo que el equipo recuperaría el tono físico y que tendría entre algodones a Vinicíus. Tenía un calendario favorable, al punto que su estreno era con el Albacete, en Copa. Pues Albacetazo. Eliminados. La senda de resultados pronto sería notablemente peor que la de Alonso, con puntuales cantos de cisne como los choques contra el Manchester City de Pep Guardiola.
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El circo tiene uno de sus hitos en la mal diagnosticada lesión de Kylian Mbappé. Se equivocaron de pierna al valorar. En su segunda lesión, que aún le tiene apartado, ha sido fotografiado en Cerdeña con su pareja durante la convalecencia y, lo que más ha encendido al aficionado, aterrizó de sus vacaciones mientras sus compañeros ya pisaban el césped de Cornellà, peleando por evitar un pasillo en el Camp Nou.
Fichajes y salidas
Paradoja que, pensándose que la dupla Vinícius-Mbappé sería imbatible, en números ha supuesto un fiasco. Tanto el Real Madrid como Vinícius han rendido mejor sin el francés sobre el campo, esto pese a que ha marcado 41 goles en 41 partidos. Pero, comparando con temporadas anteriores a su llegada, el equipo marca menos. Retumban las palabras de Luis Enrique poco menos que celebrando su marcha del PSG.
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No es todo. De entre los nombres propios que se pueden elegir en el capítulo de crisis, puede mencionarse también a los Danis, a Dani Ceballos y Dani Carvajal. El primero tiene la cruz, ya no jugará más y se le busca salida. El segundo, leyenda del club -seis Champions- y de la Selección, todo apunta a que tendrá una desagradable despedida, se desconoce si en forma de retirada o de contrato en una liga remota.
Hay más: los fichajes. De los realizados, solo han jugado con cierta frecuencia -cuando no han estado lesionados- Dean Huijsen y Trent Alexander-Arnold, ambos por debajo del nivel esperado. Álvaro Carreras tuvo un inicio prometedor, pero se ha ido evaporando y es suplente. Franco Mastantuono, que costó 63 millones, ha sido el mayor fiasco. El club le busca una cesión.
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¿Mourinho?
Queda lo más grave. Solo en las últimas 48 horas se ha sabido de dos situaciones violentas. La primera la reveló el periodista Látigo Serrano en Onda Cero: Antonio Rudiger le pegó un tortazo a Carreras. El día posterior a la llamada “cena de conjura” del equipo. La segunda, contada por Marca, entre Aurélien Tchouaméni y Valverde: “Se encararon, se empujaron y mantuvieron una fuerte discusión”, cuenta el diario.
La enfermería ha sido otro quebradero de cabeza. La peor de las noticias, Éder Militao, que apenas ha jugado unos partidos tras su larga lesión y ha vuelto a romperse. Se perderá también el Mundial. Thibaut Courtois se ha perdido por partidos clave de la temporada.
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Suena Jose Mourinho, entre otros. Pero suena Mourinho, que habría puesto como condición tener el control total del vestuario. Y hay que renovar a Vinícius o se marchará gratis el año que viene. Y hacerlo compatible con Mbappé, y viceversa. Y traer a nuevos, y sacar a algunos, y unir a los que se quedan, y dar confianza a una afición que lleva dos años sin ver una liga, una champions ni una copa.
Puede haber más problemas. El más probable e inmediato, una foto inédita, como puede ser la del Barcelona levantando el trofeo el próximo domingo en el Clásico. No es descabellado que pierda el Madrid, lo ha hecho en las últimas semanas con Rayo, Girona o Mallorca. Pero dada la situación, el clima, el mayor temor para el madridismo ya no es ni una nueva derrota, sino que el Barça pueda darse un atracón a costa de su moribundo máximo rival.
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