
Edith Wharton publicó La edad de la inocencia en 1920 y la novela acabó convertida en una de las disecciones más precisas de la alta sociedad neoyorquina de la década de 1870: un mundo regido por códigos tácitos, matrimonios pautados y una desigualdad estricta entre hombres y mujeres.
Ahora, la editorial Tusquets recuperar esta obra que apareció primero como folletín en Pictorial Review entre julio y octubre de 1920 y después como libro en Nueva York y Londres de la mano de D. Appleton and Company. En 1921 recibió el Premio Pulitzer, y su primer año se cerró con 115.000 copias vendidas en Estados Unidos, Canadá y Gran Bretaña.
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La trama se concentra en un círculo aristocrático que presume de linajes anteriores a los primeros pobladores de la ciudad y que tienen el control de la vida social. En ese entorno, las jóvenes son presentadas en sociedad desde muy pronto, se comprometen y se casan según la costumbre, mientras la respetabilidad matrimonial impone a las mujeres un margen de maniobra mucho más estrecho que a los hombres.
Wharton escribía desde dentro de ese universo. Procedía de una familia de esa aristocracia, pasó parte de su vida entre Estados Unidos y Europa y rechazó desde temprano las limitaciones impuestas a las mujeres, tanto en su papel social como en su trabajo literario.
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De qué trata ‘La edad de la inocencia’
La novela se divide en dos libros. El primero sigue el compromiso de Newland Archer con May Welland y la irrupción de la prima de ella, la condesa Ellen Olenska, separada de un aristócrata polaco y recién vuelta a Nueva York.
La historia arranca en la ópera, donde Archer vuelve a ver a Ellen, y avanza entre bailes, visitas familiares, cenas y maniobras de la élite para decidir si la condesa merece o no ser readmitida en su mundo. Cuando Ellen plantea divorciarse, la familia encarga a Archer que la disuada, y esa mediación activa el conflicto central: el protagonista se enamora de ella mientras intenta sostener su promesa de matrimonio con May.
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En el segundo libro, la boda ya se ha celebrado y el matrimonio se revela como una vida escindida. Archer viaja con May a Europa en una luna de miel de tres meses que decepciona a ambos, vuelve a ver a Ellen año y medio después, trata de huir con ella y termina frenado por la decisión de la condesa de marcharse a Europa y por el embarazo de May.
El desenlace da un salto de 30 años. Viudo y ya mayor, Archer viaja a París con su hijo Dallas, pero cuando llega el momento de reencontrarse con Ellen decide quedarse esperando fuera de su apartamento.
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La novela articula ese itinerario sentimental sobre una oposición nítida entre sus dos figuras femeninas principales. May encarna el ideal de esposa educada para obedecer el código social, mientras Ellen representa una libertad moral y emocional que descoloca a Nueva York y obliga a Archer a revisar su propia visión del mundo.
Una gran intensidad erótica velada
Según The Guardian, una de las claves de la novela está en la forma en que Wharton convierte gestos mínimos en episodios de gran intensidad erótica y emocional. El diario británico subraya que un toque con un abanico o una mirada al otro lado de una sala bastan para cargar de sentido escenas enteras porque esa sociedad vive, en palabras de la propia novela, en una atmósfera de “leves insinuaciones y pálidas delicadezas”.
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La tensión sexual tarda mucho en formularse de manera explícita, aunque está presente desde la primera aparición de Ellen en la ópera. Su vestido, la incomodidad de Archer, los rumores, los encuentros a media voz y hasta desacuerdos nimios, como dejar una ventana abierta o cerrada, funcionan como señales de un conflicto afectivo que la novela nunca reduce a una simple aventura.

La otra cara de esa sutileza es la dureza del grupo social. Cuando Ellen pregunta a Archer: “¿Es que aquí nadie quiere saber la verdad, señor Archer? La verdadera soledad es vivir entre toda esta gente amable que solo le pide a una que finja”, la novela fija uno de sus argumentos centrales: la alta sociedad finge delicadeza, pero actúa con brutalidad cuando alguien se sale del guion.
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Wharton refuerza esa crítica con una galería de personajes construidos a partir de modelos próximos. Rasgos de su madre, Lucretia Wharton, reaparecen en figuras como Louisa van der Luyden, la señora Welland, la señora Archer y la propia May, mientras el banquero Julius Beaufort toma elementos del financiero August Belmont y la señora Mingott remite con claridad a su tía bisabuela Mary Mason Jones.
La acogida fue inmediata, erigiéndose como la novela más solicitada en bibliotecas públicas, un ‘superventas’ en librerías y definida como una obra lúcida y refinada. Wharton la escribió en siete meses, desde finales del verano de 1919 hasta finales de marzo de 1920, pese a sus dudas sobre el interés que pudiera despertar un mundo ya desaparecido. Su amigo Walter Berry llegó a decirle con cinismo que solo ellos dos la leerían.
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‘Reinterpretaciones’ y adaptaciones
La recepción crítica posterior ha desplazado el foco hacia Ellen y May. La interpretación de May ha pasado de verla como la esposa que salva su matrimonio a considerarla con más frecuencia una figura manipuladora, mientras Ellen ha dejado de leerse como una seductora egocéntrica para convertirse en una mujer independiente adelantada a su tiempo.
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La obra tuvo una primera adaptación cinematográfica muda en 1924, dirigida por Wesley Ruggles para Warner Brothers. En 1928 llegó a Broadway en versión teatral de Margaret Ayer Barnes, y esa adaptación sirvió después de base para la película de la RKO de 1934 con Irene Dunne y John Boles.
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La versión más conocida llegó en 1993 con la película dirigida por Martin Scorsese, protagonizada por Michelle Pfeiffer, Daniel Day-Lewis y Winona Ryder. Ryder ganó el Globo de Oro por su papel de May Welland Archer y la película obtuvo un Óscar por su vestuario. Sigue siendo una de las películas más delicadas del director estadounidense y la banda sonora de Elmer Bernstein una auténtica obra de arte.
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