El nombramiento que causó “estupor absoluto” en España cumple 50 años: así llegó a la presidencia Adolfo Suárez, la nueva cara de la democracia

El 3 de julio de 1976, Juan Carlos I eligió como presidente del Gobierno a un político casi desconocido

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Primer Consejo de Ministros del Nuevo Gobierno el 9 de julio de 1976, presidido por el Rey Juan Carlos, a su derecha el presidente del Gobierno Adolfo Suárez. (Europa Press)
Primer Consejo de Ministros del Nuevo Gobierno el 9 de julio de 1976, presidido por el Rey Juan Carlos, a su derecha el presidente del Gobierno Adolfo Suárez. (Europa Press)

La muerte de Franco en 1975 dejó al país ante un futuro incierto. Su fallecimiento fue solo el pistoletazo de salida del fin de la dictadura que asoló España durante 40 años. El pasado 20 de noviembre, el país conmemoró el medio siglo de la libertad democrática en España con la campaña España en libertad. Pero esa fecha no está sola. Apenas ocho meses después, el 3 de julio de 1976, Adolfo Suárez era nombrado presidente del Gobierno por un joven rey Juan Carlos I, que apenas llevaba siete meses en el cargo. Este viernes se cumplen 50 años de la decisión que acabaría marcando el rumbo de la democracia española.

Pero todo empezó dos días antes. El 1 de julio, el gobierno de Carlos Arias Navarro, presidente del país nombrado por Franco, presentó su dimisión tras su incapacidad de reformar la dictadura. ¿Quién iba a sucederle? Quien no iba a serlo fue Torcuato Fernández-Miranda, el primer presidente de las Cortes de la Monarquía, consejero del monarca y la persona que marcó los tiempos de la Transición. “Señor, al político que soy le gustaría ser presidente del Gobierno, pero le seré más útil en la presidencia de las Cortes”, le dijo a Juan Carlos I tras la muerte de Franco, como se cita en el libro El guionista de la Transición (Plaza & Janes, 2015).

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Tras dos jornadas de deliberaciones y más de trece horas de reuniones, tres fueron los nombres elegidos por los consejeros del Reino como componentes de la terna que fue elevada al Rey: el democristiano Federico Silva Muñoz, exministro de Obras Públicas; el tecnócrata Gregorio López-Bravo, exministro de Industria y, posteriormente, de Asuntos Exteriores, y Adolfo Suárez, el más desconocido y menos votado de los tres.

Un político prácticamente desconocido para la mayoría

El secretismo alimentó todo tipo de especulaciones. Numerosas agencias dieron por hecho que entre los elegidos figuraba José María de Areilza, considerado por muchos el gran favorito para ocupar la presidencia. No fue hasta poco después de las seis de la tarde cuando la Casa del Rey anunció la decisión: el elegido, para sorpresa de los medios y de los españoles, era Adolfo Suárez.

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El féretro del dictador Francisco Franco sale a hombros de la Basílica del Valle de los Caídos.

“Si el cese del presidente Carlos Arias Navarro suscitó una euforia cierta en los medios informados y en la opinión del país, el nombramiento de su sucesor, Adolfo Suárez, trajo consigo estupor absoluto en casi todo el mundo y profunda decepción”, escribió Cambio16 en su editorial del 12 de julio de 1976. Y no era para menos. A sus 43 años, Suárez era un político prácticamente desconocido para la mayoría. Había desarrollado toda su carrera dentro de las estructuras del franquismo: fue gobernador civil de Segovia, director general de RTVE y, desde diciembre de 1975, ministro secretario general del Movimiento en el Ejecutivo de Arias Navarro. Su trayectoria hacía pensar que representaba la continuidad del régimen, no la persona encargada de desmontarlo.

Sin embargo, para Juan Carlos I era la opción ideal. “Él encarnaba por sí solo la reforma sin ruptura que yo quería llevar a cabo”, escribió este en sus memorias, Reconciliación. “Era un producto puro del franquismo. Debía su ascenso profesional a su capacidad de trabajo, y había progresado desde puestos modestos a otros de responsabilidad”, añadió.

Cinco años que cambiaron el país

Apenas cuatro días después de su nombramiento, el 7 de julio, presentó un Gobierno joven y con perfiles procedentes de sensibilidades distintas, en el que convivían antiguos cargos del Movimiento con ministros de talante reformista como Alfonso Osorio, Marcelino Oreja o Landelino Lavilla.

Contra casi todos los pronósticos, Suárez impulsó la Ley para la Reforma Política, legalizó los partidos políticos —incluido el Partido Comunista de España en abril de 1977—, convocó las primeras elecciones democráticas desde la Guerra Civil y pilotó la elaboración de la Constitución de 1978. Permaneció al frente del Gobierno hasta el 29 de enero de 1981, cuando anunció su dimisión en un mensaje televisado. “No quiero que el sistema democrático de convivencia sea, una vez más, un paréntesis en la historia de España”, dijo entonces, apenas unas semanas antes del intento de golpe de Estado del 23 de febrero.

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