Se han hecho muchas, muchísimas películas sobre el cáncer y su tratamiento, pero pocas que centren su mirada en el momento anterior a este, ese que sucede inmediatamente después a conocer la noticia y que transcurre antes de comenzar a enfrentarse a la situación. Un estado de trance, de realización, de despertar de una pesadilla en el que se centra Nino, película francesa que llega este fin de semana a los cines de la mano de Pauline Loquès, su directora debutante en el largometraje.
“Conocí a la productora de la película justo cuando en mi familia un joven había caído gravemente enfermo. Cuando ella me propuso hacer mi primer largometraje, sentí que solo podría escribir sobre ese drama que acababa de suceder”, reconoce Loquès en su entrevista con Infobae, aunque aclara que no se trata de una historia real como tal. “Él murió dos años después y enseguida comprendí que no iba a contar su historia, la de un joven truncado por la enfermedad, porque era demasiado triste, demasiado doloroso para mí. Es personal, pero no es exactamente la historia que viví. Es como si me hubiese inventado un amigo imaginario al que le ocurriera esto y pudiera salvarlo”. Por ello la directora recurrió a la ficción para, a través de la escritura y las imágenes, dar otro camino a esa historia. “Me sumergí en la ficción, preguntándome si podía reinventar la historia. ¿Se puede partir de la misma situación, una enfermedad que afecta a un joven, y llevar ese punto de partida hacia la luz?”
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La respuesta esta en una película oscura en cuanto que transcurre durante la noche parisina, aquella que Nino (Théodore Pellerin), su joven protagonista, comienza a atravesar en busca de algo de luz que le devuelva la esperanza en la vida. “Al principio fue casi una terapia: escribir para ver si, en otras vidas o realidades, la enfermedad podía convertirse para un joven en la oportunidad de revivir o de vivir de forma más intensa, de aportar un valor más precioso a la vida”, explica Loquès, quien unió fuerzas con la guionista Maude Ameline, colaboradora habitual en las películas de otro director de mirada alegre y humanista a pesar de la enfermedad o la tragedia como Mikhaël Hers (Mi vida con Amanda, Los pasajeros de la noche). “Maud llegó al final para intentar crear rupturas de ritmo en la película. Ya estaban los días, el desarrollo, pero intentó que la película no fuera solo una sucesión de escenas. Trabajó para que el relato avanzara de manera interior y psicológica, aunque no fuera evidente. Me gusta su trabajo en las películas de Hers, me interesa mucho esa cronicidad en el cine, aunque es muy difícil de lograr”.

De Claude Sautet a Fontaines D.C.
Con esa cronicidad, Loquès logra articular los tres días antes de Nino, este joven que tiene que reorganizar toda su vida y tomar una serie de decisiones que marcaran por completo esta, no solo el tratamiento del cáncer sino también si quiere congelar su esperma para poder tener hijos el día de mañana. “La idea era que cada escena supusiera un pequeño paso interior más en la psicología de Nino, como en Cleo de 5 a 7, donde el personaje cambia en hora y media. Aquí queríamos que el personaje cambiara un poco en tres o cuatro días", desarrolla la directora, haciendo alusión a una referencia directa de la película de Agnès Varda, pero no la única.
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Porque Nino también debe mucho de su estructura y espíritu a Las cosas de la vida, una de las grandes películas del francés Claude Sautet, otra película sobre un hombre repasando su vida y su relación con el amor de su vida, una Romy Schneider que también “revive” en Nino a través de la cita de Loquès. “Es una película que me gusta mucho, me hubiera gustado hasta que Nino se titulase así. Es un momento de la película en el que quería que alguien le dijera: ‘Si quieres inventar tu vida, invéntala’. Romy Schneider encarna esa capacidad de insuflar ficción, belleza, gracia y poesía en la vida”, argumenta la directora, que guarda otra referencia distante en el tiempo pero con un espíritu igual de jovial y optimista, la banda irlandesa Fontaines D.C.

“Me interesaba que el film terminase con una conexión contemporánea. Es un grupo de rock irlandés muy conocido ahora y cuyo álbum salió mientras montábamos la película”, revela la directora, quien pretendía con el tema In the Modern World (Romance, 2024) tender ese puente entre clasicismo y modernidad, pero también ser un documento histórico de su propia época. “Me parecía bien que, dentro de unos años, se pudiera identificar en la película cuáles eran las canciones y películas que acompañaban a la juventud de 2025-2026. Veo muchas similitudes entre la letra de la canción y el estado de ánimo del grupo: buscar amistad y esperanza en medio del desánimo generacional. Me gusta crear puentes entre universos y creadores, y por eso era importante que la película terminase con esa canción”.
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