Cuando Ousman Umar (Fiaso, 1988) tenía 12 años, soñaba con aviones que le llevaban a un continente al que no podía ir. Esos sueños lo llevaron a dejar su Ghana natal para tratar de llegar a Europa, en un terrible viaje que le llevaría a caminar varias semanas por el desierto, ser torturado en Libia o subirse en un barco junto a otras 60 personas que volcó antes de llegar a la orilla de Fuerteventura. Pero su historia, que por aquel entonces ya tenía todos los elementos para ser una gran aventura, no acabó allí.
Viaje al país de los blancos es la película que cuenta la historia de Ousman Umar: desde sus recuerdos en aquel pueblo ghanés que lo vio nacer un martes a su llegada a Barcelona, donde solo su propia fortaleza y la empatía y el cariño de otras personas permitieron que pudiera estudiar, fundar una ONG y dar un sonado discurso ante las Naciones Unidas. “Recuerdo perfectamente la primera noche que pasé en una casa y en una cama”, cuenta en su entrevista con Infobae. “Me pasé toda esa noche llorando, preguntándome por qué había sufrido tanto; hasta que entendí que no había logrado llegar vivo por ser más fuerte. Había llegado para cumplir un propósito de vida: ser la voz de los que no llegaron y de los que se siguen muriendo”.
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Esa voz llegaría, primero, en forma de un libro homónimo, aunque antes de este ya había hablado con Dani Sancho, un director de cine al que un amigo le había contado su historia, y que no dudó en ponerse en contacto con él para planear la producción que se estrena ahora en cines. “Toda la historia que él contaba, el viaje y lo que le sucedía después en Barcelona, me llegó mucho porque era muy genuino. Él quería conocer mundo, saciar su afán de entender las cosas. Me parecía una premisa muy buena porque era algo universal”.
Hay personas que son “una página en blanco”
En un primer momento, Viaje al país de los blancos podría recordar a otras películas que fijan su mirada en las travesías de las personas migrantes que cruzan el mar de un continente a otro, como Yo Capitán (2023) o Mediterránea (2015). “Queríamos desmarcarnos de ellas e intentar hacer una peli que llegara a todos los públicos”, afirma Dani Sancho. “Si nos centrábamos solo en el viaje, teníamos la sensación de que nos dejábamos una parte muy importante que es cómo llega él aquí, los sueños que no se cumplen y el trato de la sociedad”.
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A raíz de esto, la película cuenta con un guion que solo tras mostrarte todos estos elementos te golpea emocionalmente con un final en el que se revelan algunas de las partes más duras del viaje. “Cuando los ciudadanos occidentales andamos por la calle y vemos gente que duerme en la calle o gente que está vendiendo en el top manta, seguramente no estamos pensando en todo por lo que han pasado: son una página en blanco para nosotros”.
Del mismo modo, Umar confiesa en la película que, si él hubiera sabido lo lejos que estaba Europa (su viaje fue de más de 21.300 kilómetros, una distancia mayor de la que hay entre España y Nueva Zelanda), no habría iniciado ese viaje, aunque eso no le quitara todo el derecho del mundo a hacerlo. “Todos tenemos derecho a viajar. Migrar es un derecho”, reivindica. “Seguramente, tú has viajado a muchos sitios fuera de España sin darle explicación a nadie, ¿por qué otros no pueden hacerlo? Si la gente tuviera oportunidades, formación, información adecuada y prosperidad, te aseguro yo que nadie se marcha de la manera en la que nosotros lo hicimos".
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Lo difícil que puede llegar a ser contar tu historia
La película cuenta con varias interpretaciones destacables, sobre todo la de Emma Vilasarau (Casa en flames, Los sin nombre), como una mujer que conoce al joven cuando todavía está en la calle y que decide ayudarlo, y la de Benjamin Kakraba, que interpreta al protagonista tanto de niño como de adolescente. “Teníamos clarísimo que lo tenía que hacer él. Es un descubrimiento y tiene un talento increíble”, celebra Dani Sancho. Por otro lado, el director destaca también la valentía de Umar por atreverse a interpretarse a sí mismo, algo que no es muy común pero que sabían que “podía funcionar”.
Es el propio Umar, pues, el que acaba por contarnos su historia sin ahorrarnos las partes de las que, durante mucho tiempo, más se culpó. Por eso, tanto en la ficción como en la realidad, fue tan duro abrirse de ese modo. “No fue nada fácil. Cuando tú eres consciente del esfuerzo que hay que hacer pero de que hay un bien mayor detrás, decides hacer el sacrificio. Pero el golpe emocional me trastocó: nadie es consciente de lo que es y está allí, pero lo hice más allá de mis propios intereses”, asegura.
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Tanto para Umar como para Sancho, estas historias son necesarias y faltan todavía muchas por contar. “No podemos castigarnos por no ser capaces de contarlo todo, pero sí creo que se debería girar un poquito la mirada hacia esas realidades, porque no solamente son historias de inmigración, es la historia de nuestra existencia y de la humanidad al completo”, opina el primero. “Hay grandes viajes que están sucediendo constantemente en el planeta”, nos recuerda, por su parte, el segundo. “Grandes viajes, grandes barbaridades e historias que no nos podemos llegar a imaginar”.
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