
No siempre ha sido fácil hablar del Opus Dei, advierte Marina Pereda. Esta joven, nacida en 1989 en Miranda de Ebro (Burgos), creció en el seno de una familia metida en esta organización de la que ella misma pasaría a formar parte. Saldría de allí al cumplir 25 años, escarmentada de lo que entendió como una serie de estrategias de manipulación psicológica y abuso emocional que, según ella, empleaba este grupo con todos sus miembros... y en especial con las mujeres.
De esas experiencias nacería El minuto heroico, una serie documental donde varias exmiembras del Opus Dei cuentan lo que vivieron. “A raíz de eso se logró una mayor empatía y una visibilidad que, hasta ahora, muchos exintegrantes no tenían”, explica Pereda, que ahora ha decidido ir un paso más allá con La Obra (Aguilar), un libro en el que narra sus propias vivencias dentro de una organización que cuenta con varias decenas de miles de miembros en España y que gestiona cientos de millones de euros cada año solo con sus instituciones educativas, entre ellas varias universidades.
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“Al día siguiente de una entrevista en televisión, me mandaron un correo desde la oficina de escucha (encargada de atender, escuchar y reparar a personas que se han alejado de la prelatura o que han tenido experiencias negativas) del Opus Dei”, cuenta la autora. “Me decían que se notaba que tenía muchas heridas dentro y que airearlas en el espacio público no iba a calmarlas”. Sin embargo, pese a su espíritu crítico, La Obra no es una historia que transmita dolor. Al contrario, se trata de una historia llena de humor, de momentos más luminosos por parte de alguien que ha decidido abordar su pasado. “Les dije que, si eran una oficina de escucha, que se leyeran el libro antes de juzgar”.

Algunas de las prácticas que vivió
La Obra es el primer libro escrito por un miembro de segunda generación del Opus Dei. Esta organización llegó a España en 1928, y desde entonces muchas han sido las familias con uno o varios miembros que han pasado a estar relacionadas con esta organización que, pese a ser casi centenaria, sigue siendo un gran misterio para muchas personas ajenas a ella. Se conoce su estructura de numerarios, agregados y supernumerarios, el alto compromiso personal y espiritual que espera de sus miembros, o algunas de sus prácticas, como la oración diaria, la confesión regular o la dirección espiritual personal.
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“Después del documental, sentía que había una parte más emocional y más intangible a la que no puede llegar un periodista, pero que sí era posible en la literatura”, explica Pereda. “Así que quise construir una historia que tiene mucho de autobiográfico, pero en la que acabo construyendo también un personaje de una niña que es un alter ego: una joven a la que le gusta el teatro y alrededor de la cual se van construyendo esas ideas de santidad, vocación y celibato. Quería hablar de todas esas etiquetas que te van imponiendo y del proceso de ir liberándote de ellas, para que alguien que no conociera nada del Opus Dei pudiera sentirse identificado”.
La descripción de la comunidad de la que se rodeó desde pequeña muestra, así, la anatomía de una organización que funciona como un círculo cerrado: un ecosistema en el que la vida personal, escolar y profesional se cruzan constantemente bajo la vigilancia de la organización. El grado de control es tal que va desde la regulación del comportamiento o el control de la sexualidad hasta prácticas tan ‘nimias’ como tener prohibido tumbarse en el sofá o cumplir con ese “minuto heroico”: la obligación de levantarse inmediatamente cuando suena el despertador sin “negociar” con la pereza. En todos estos casos, La Obra refleja un dominio máximo del Opus Dei sobre sus individuos.
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El riesgo de llamar “secta” al Opus Dei
Al hablar de todos estos elementos, le preguntamos a Marina Pereda si el Opus Dei es una secta. “Yo no empezaría con esa palabra”, responde. “La palabra secta está muy estigmatizada, hay mucho desconocimiento de la sociedad sobre lo que es una secta y a veces utilizar este término puede ser contraproducente, porque no genera empatía, sino cierta superioridad de quienes la usan”. Aun así, la autora, que también trabaja como voluntaria en la asociación AFISE (Asociación de Apoyo a Afectados e Información sobre Sectas), no niega que la organización tiene “prácticas que pueden ser denunciables como sectarias”, y que requieren de una respuesta por parte de la Iglesia.
“Al ser una organización que pertenece a la Iglesia católica, el Vaticano debe responder sobre lo que sucede en esta institución”, sentencia Pereda. “Vivimos en un país donde existe un derecho canónico y la Iglesia tiene sus propios códigos legales y sus propios tribunales. Tenemos que ver cómo funciona todo eso, y por eso tampoco deberíamos utilizar la palabra secta: porque eso nos hace pensar que el Opus Dei es algo como los testigos de Jehová. En cierta manera, sus prácticas pueden serlo, pero a nivel social e institucional es algo mucho más complejo, con muchos miembros, con colegios en España, con universidades de prestigio. Llamarlo secta no muestra esa complejidad”.
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Entre esos elementos que sí podrían encajar en esa categoría, también se incluye el modo de entrar y salir de la organización. En La Obra se describe cómo funciona, por ejemplo, la llamada Lista de San José, donde se anotan nombres de potenciales futuros miembros para intentar captarlos a través de la amistad y la “buena imagen”. “Recuerdo las consignas que tantas veces escuché en la organización”, puede leerse en el libro. “’Hacer apostolado’, ‘hacer del limón, limonada’, ‘ahogar el mal en abundancia de bien’”. Más allá de lo espiritual, todas estas máximas también tenían un claro fin promocional.
El cariño, parte de la manipulación
La manipulación no siempre llegaba desde la prohibición, la presión o el control estricto, tal y como narra en su libro Marina Pereda. “El cariño es una de las maneras más complejas de manipulación. Se genera una tela de araña extraña a la que es difícil ponerle nombre, y en la que cuesta diferenciar el cariño del abuso”. Para la autora, es importante señalar que, sea o no real ese vínculo, siempre hay una asimetría de información y de poder. “Los padres tendrían que tomar conciencia de que si llevan a sus hijos a un centro educativo del Opus Dei están exponiéndoles a una situación de riesgo”.
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“Cuando yo era una niña, las supernumerarias eran las que me decían que yo tenía vocación, que siguiera adelante”, continúa. “Puede haber una relación donde un adulto le tiene cariño a un niño y crea que tiene que meter a ese niño en la institución. Pero la realidad es que un adulto no es amigo del niño, es responsable de él. Respecto al proceso de salida, ocurre lo mismo: si tú no estás dejando que alguien tenga recursos como un psicólogo o un médico independiente, o ni siquiera a la información sobre cuándo y cómo salir de la institución, hay un desequilibrio, aunque hablemos de cariño”.
En ese desequilibrio está el abuso, y también el origen de que muchos exmiembros, como cuenta Pereda, sigan sufriendo durante años porque aquellos a los que decidió dejar, en realidad, les “querían mucho”. “Y puede que sí”, añade la autora. “Pero puede que luego esas relaciones se puedan reconstruir si la otra persona también sale de la organización y quiere estar en contacto. Puede que haya un vínculo real”.
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Diferencias de clase en la organización
En su acercamiento al Opus Dei, La Obra también desmonta algunos de los prejuicios más extendidos sobre esta organización. Uno de ellos es que en esta solo participa gente a la que no le falta dinero, algo buscado por la propia organización que tiene como objetivo “evangelizar al mundo empezando por las élites”. “Lo que pasa es que, al final, necesitas recursos de todo tipo”, argumenta Marina Pereda. “Al Opus, reclutar a gente de clase baja le da recursos humanos. A día de hoy no se hace de manera tan evidente, pero antes se iba a los pueblos a buscar chicas que sirvieran como numerarias auxiliares para limpiar centros de la organización”.
Visibilizando esas realidades, la autora busca desmontar todos los mitos que puedan impedir la empatía de quienes ven desde fuera el funcionamiento de esta institución. “Hay familias que vienen de clase obrera y lo que buscan es dar un futuro mejor a sus hijos. Yo misma, si no hubiera tenido acceso al Opus Dei, nunca hubiera estudiado en la Universidad de Navarra. Te da acceso a un mundo que no estaría a tu alcance por tu clase social. Ahora, otro tema es el precio que tuve que pagar por ello...”.
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Mientras cursaba sus estudios, Pereda recuerda cómo tuvo que tener varios trabajos domésticos sin remunerar, y que cuando por fin obtuvo un sueldo, estuvo obligada a entregarlo por completo a la estructura. Además, en esa misma etapa, también firmó su testamento, dejando todos sus bienes a miembros del Opus Dei. Vivía bajo un control estricto donde sus directoras espirituales podían ser simultáneamente sus profesoras y debía evitar las “amistades particulares”, es decir, evitar vínculos de amistad estrecha con sus compañeros y compañeras para asegurar su entrega total a la organización.

El número dos del Opus Dei a nivel internacional, detenido por trata de personas
Al final de la entrevista, le preguntamos a Marina Pereda por su relación con la fe y la religión. “Cuando salí del Opus Dei, lo hice desde un lugar absolutamente católico. No renegué de la fe, ni mucho menos, y de hecho salí de allí porque lo que estaba viviendo no era católico. Yo creía en un Dios que era amor y misericordia y lo que estaba viviendo no era eso”. Su conflicto fue, pues, con su vocación, con descubrir que no tenía por qué seguir ahí. “Me dije: ‘Si lo que estoy viviendo no me va a hacer feliz y se supone que me va a hacer llegar al cielo, necesito salir de aquí y encontrar cuál es la verdad de mi vida”.
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Más adelante, vería cómo muchos sacerdotes no contemplaban la experiencia de alguien que hubiera pasado por una experiencia como la suya. “Al final, he abandonado la práctica religiosa. Para mí es muy difícil entrar en una iglesia y hacer prácticas religiosas porque es algo que se me ha impuesto desde que tenía catorce años. Era lo más sano para mí, psicológicamente hablando. Pero eso no significa que tenga menos fe, ni que el Dios de la organización sea más verdadero. En redes sociales he visto reacciones al libro y al documental donde se ve a gente que habla en nombre de Dios para imponer su verdad a los demás. Para mí eso es algo totalmente alejado de la fe”.
En julio de 2025, Mariano Fazio, considerado como el número dos a nivel global del Opus Dei fue imputado por la justicia argentina y acusado de trata de personas, explotación laboral y adoctrinamiento. No fue el único miembro imputado. “Tiene que haber una concienciación por parte de la sociedad de hasta qué punto podemos permitir que esta institución, con denuncias y varias controversias en cuanto a sus prácticas, debería tener colegios. ¿Hasta qué punto colegios privados y sobre todo colegios concertados se pueden dejar en manos de una organización así? Ya sea a través de la literatura, del cine, de las asociaciones, del periodismo, tomemos conciencia de lo que implica entrar y salir de ahí“.
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