
Molly Kochan era una mujer que llevaba una vida normal hasta que le diagnosticaron un cáncer de mama en estadio IV. Le dijeron que se trataba de una enfermedad terminal y que no tardaría en morir. Esa noticia se convirtió en un autentico revulsivo, hasta el punto de tomar una serie de decisiones drásticas. Dejó a su marido y decidió embarcarse en un proceso muy particular de autodescubrimiento a través del sexo. Quería explorar su identidad sexual y comenzó a documentar sus experiencias.
Así, primero surgió un podcast, que se titularía Dying for Sex (Muriendo por sexo, en español) y en él se encargaba de diseccionar sus aventuras, que más tarde recogería también en un libro de memorias antes de fallecer en 2019 a los 45 años.
De qué va ‘Dying for Sex’
Esa es precisamente la historia que ahora recoge la nueva miniserie de Disney+ de ocho capítulos creada por Elizabeth Meriwether, Amelia Roper, Kim Rosenstock y protagonizada por la ganadora de un Oscar Michelle Williams, que se estrena en este tipo de formato de ficción para plataformas después de haber alcanzado la fama televisiva a finales de los años ochenta gracias a Dawson Crece.
Así, en Dying for Sex conoceremos a Molly (Michelle Williams) mientras hace terapia de pareja con su esposo Steve (Jay Duplass). Había superado un cáncer hacía tres años y desde entonces su relación se había resentido. Durante la sesión, recibirá una llamada de su médico a propósito de unos análisis clínicos: tenía metástasis en los huesos.

A partir de ese momento, comenzará un particular viaje contrarreloj para Molly, que no querrá perder el tiempo dentro de un matrimonio en el que ya no es feliz. Así, buscará el apoyo de su mejor amiga, la actriz y cantante Nikki Boyer (interpretada por Jenny Slate) y se propondrá un reto: tener un orgasmo con alguien que no sea consigo misma. Así, tratará de averiguar qué es lo que le excita y hasta dónde está dispuesta a llegar.
Entre la comedia y el drama
Lo que encontramos en Dying for Sex es una mezcla entre comedia y drama, entre luz y oscuridad que aborda cuestiones humanas fundamentales como el miedo a la muerte, el dolor, las frustraciones existenciales y la necesidad de exprimir al máximo el tiempo que nos queda para sentirnos plenos y felices.
Detrás de la dirección encontramos a Shannon Murphy, que ya abordó el tema de las enfermedades terminales en su película El glorioso caos de la vida y en la serie logra imprimir parte del espíritu que latía en esta obra a medio camino entre la frescura y la profundidad a través de un tono de lo más equilibrado entre ambos aspectos.
Además, la serie se convierte en una oda a la amistad femenina a través de los lazos que se crean entre Molly y Nikki, siendo esta relación algo mucho más importante que cualquier otro vínculo de carácter amoroso. Así, más allá de hablar sobre la muerte, la vida y el deseo, consigue trasmitir de qué forma la amistad puede tener un poder curativo y sanador en los momentos más duros y tristes.
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