En el año 2006, David Glowacki sufrió un grave accidente en la montaña. Cayó desde una altura de más de 30 metros y quedó gravemente herido. Sobrevivió, pero tuvo lo que él mismo define como “una experiencia cercana a la muerte”. “No sentí miedo, sino una sensación de paz, curiosidad y asombro, como si me estuviera moviendo hacia un estado de descanso en otra dimensión”.
A partir de esa experiencia, tan alejada del terror que el ser humano ha sentido desde siempre por el final de la vida, este científico y una de las referencias mundiales en el uso de la realidad virtual, decidió trasladar esa misma experiencia para ayudar a otras personas. Con la financiación de la Tiny Blue Dot Fundation, ha utilizado esta tecnología para lanzar el proyecto NUMADELIC, Experiencias para mejorar los resultados de salud mental en pacientes con enfermedades potencialmente mortales, que desarrollará tanto en Estados Unidos como en Galicia, “en estrecha colaboración con la Dirección de Oncología del Complexo Hospitalario Universitario de Santiago de Compostela (CHUS).
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La investigación está liderada desde el Centro Singular de Investigación en Tecnologías Inteligentes de la Universidad de Santiago de Compostela (CiTIUS). “La idea es evaluar si nuestro programa de realidad virtual es capaz de tener un impacto positivo a nivel de salud mental en personas que están cumpliendo con este diagnóstico”, explica Catherine Andreu, investigadora posdoctoral del CiTIUS asociada a NUMADELIC y encargada de ponerlo en marcha junto a David Glowacki.
Los trabajos preliminares muestran resultados “bien positivos”
Las sesiones, seis en total y cuatro con la tecnología de realidad virtual, pretenden presentar “un derivado” de la experiencia de este científico. “En estos momentos”, explica Catherine Andreu, “ve una representación de la materia en forma de luz”, algo que señala que coincide “en general con toda la literatura de fenomenología” existente sobre las experiencias cercanas a la muerte.
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El objetivo: transformar la percepción que los enfermos terminales tienen sobre la muerte, “aprovechando que podemos cambiar la forma de percibir las cosas en la realidad virtual, intentando representar esta experiencia o inducir un estado similar”. “Es importante desarrollar nuevas formas de apoyar la salud mental de quienes se enfrentan a la enfermedad, así como la de sus familiares y seres queridos”, destaca Glowacki en un comunicado.
En Estados Unidos ya se ha empleado este programa de realidad virtual, bautizado como Clear Light. “Tenemos un estudio preliminar, un estudio piloto con pacientes”, narra Catherine Andreu, “y los resultados son bien positivos: vimos mejoras en cuanto a la ansiedad, la depresión y un aumento del bienestar”. Distintas medidas relacionadas con la salud mental que redundaban directamente en la calidad de vida de aquellas personas diagnosticadas con alguna enfermedad que podía quitarles la vida.
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“Es una población que yo diría que está un poco dejada de lado”, reflexiona Catherine, que ve cómo, pese a contar con buena atención en cuanto a medicinas, ”el ámbito emocional, psicológico e incluso espiritual es dejado de lado”. Todos sabemos que moriremos, aunque no conozcamos cómo ni cuándo, algo que puede producirnos pavor. “Mientras mejor es la relación que tenemos con la muerte, mejor es la calidad de vida que podemos experimentar en el tiempo que sea que tengamos”.

Para lanzar el proyecto, realizarán varios estudios, el primero de ellos con pacientes del Departamento de Oncología del hospital compostelano. 40 participantes divididos en dos grupos: el grupo de control y los pacientes que sí recibirán la terapia. “Luego vienen una serie de estudios de diseño donde se busca mejorar esta experiencia de realidad virtual, y luego viene una tercera gran fase que es un ensayo controlado y aleatorizado con pacientes”. Para este último paso, el número de pacientes que lo pruebe aumentará probablemente hasta el centenar de personas con acceso a la experiencia.
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La muerte como fenómeno espiritual y científico
Glowacki, doctor en Física Cuántica, pero también con estudios en ramas tan alejadas de la ciencia como la teología o los estudios culturales, considera que, en términos generales, “nuestra sociedad tiende a ignorar la realidad de la muerte, enfatizando en cambio la supervivencia por encima de todo”. Una visión que, a priori, podría alejarse mucho de algo medible y modificable en un laboratorio o en la habitación de un hospital.
Al respecto, Catherine opina que “la ciencia desarrolla los ámbitos de la medicina, por ejemplo, y trata de alargar la vida o de que las personas mueran en una mejor situación, una mejor calidad y con una mejor salud, sobre todo”. El aspecto más “espiritual” de la muerte a la que poco a poco se acercan los enfermos terminales es, no obstante, “también algo científico: la muerte, al fin y al cabo, es una transición que todos vivimos, independiente de nuestra creencia espiritual, religión, etcétera”. El proyecto, para ella, es también una forma de “acercar a la ciencia” a este fenómeno, del que “se ha encargado muy poco de investigar”.
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Parte de ese acercamiento conlleva grandes dificultades, como la gran cantidad de “mitos o miedos que hay actualmente sobre la muerte”, explica la investigadora. “En general, la sociedad busca evitar hablar de estos temas, entonces tener un proyecto que lo aborde tan directamente es desafiante”. El poco desarrollo científico que hay sobre este tipo de cuestiones puede también hacer el trabajo más arduo, pero al mismo tiempo, abre las puertas a que se trate de “un proyecto muy innovador”.

“Primero tenemos que ver si efectivamente la realidad virtual, de acuerdo a nuestras hipótesis y a los resultados preliminares, efectivamente ayuda y es beneficiosa para la salud mental de los pacientes”. Si se diera este caso, el impacto, señala, podría ser muy grande: “Se podría expandir no solo a pacientes con un diagnóstico. También a personas que tengan ansiedad o miedo a la muerte, expandir para que pudiera ser utilizada por todos y nos preparara más frente a esta temática”.
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La fundación ha asignado al proyecto una dotación de más de 900.000 dólares para los próximos tres años. “Las experiencias de realidad virtual multiusuario que estamos desarrollando”, explica Glowacki, “se basan en la fenomenología de mi propia experiencia, y espero que puedan ayudar a comunicar a quienes afrontan la muerte con el mismo sentido trascendental de paz que yo mismo experimenté cuando me enfrenté a ella”. “Al fin y al cabo”, termina diciendo el científico, “eso es lo que buscamos: servir a las personas a través de la ciencia y la tecnología”.
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