España y Bélgica convergen en los cuartos de final del Mundial, con Los Angeles como escenario. Nadie apostaba que los diablos rojos llegarían a instancias finales. Cuartos nada menos. Su equipo, lleno de jugadores de renombre, se encuentra en un impasse. Ese limbo entre una generación saliente y una entrante, en el que se intenta adaptar a los jóvenes futbolistas mientras aún aguantan los más experimentados. Ahora se miden a España, una vieja conocida. Fueron verdugos de una selección marcada por una agónica tanda de penaltis y el error de Eloy Olaya.
40 años después, en España todavía están muy presentes aquellos traumáticos cuartos de final, donde la selección española se midió a Bélgica en el Mundial de México de 1986. Allí, en suelo mexicano, La Roja se sentía favorita tras protagonizar una gran Eurocopa tan solo dos años antes. La goleada a Dinamarca, la niña bonita del torneo, terminó por disparar las ilusiones. Butragueño endosó cuatro goles de un 5-1 histórico. Con la moral por las nubes, afrontaron el duelo ante Bélgica, un partido que dieron por ganado antes siquiera de saltar al campo. Ese exceso de confianza lo pagaron en el verde.
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Bélgica dominó el encuentro y en el minuto 35 se adelantaron en el marcador. En el 85, volvió a poner las tablas España. La eliminatoria se decidió en los penaltis y ahí a La Roja le faltó acierto. Eloy Olaya falló el disparo desde los once metros que condenó a los suyos y eliminó a la selección española. Ya antes en el Mundial del 70, Bélgica había dejado a España sin el billete mundialista. También en la Eurocopa de 1980 fue su verdugo. Por entonces, nadie quería cruzarse con los diablos rojos, mucho menos España dados los antecedentes. Era la bestia negra de Europa. Ese equipo a evitar a toda costa.

Su grandeza resurgió con una Generación de Oro, encabezada por Kevin de Bruyne, Lukaku, Thibaut Courtois y el rey, Eden Hazard. Cuatro nombres (entre muchos otros) para conquistarlos a todos. En 2016, estuvieron cerca que hacerse con el continente, pero cayeron en semifinales ante Francia. Fue un duelo descafeinado de Les Bleus, donde los diablos rojos merecieron más. No pudo ser. La corona, al final, se la llevó Portugal, con un Cristiano Ronaldo lesionado, que no pudo reprimir las lágrimas al levantar su primer gran título de selecciones. Bélgica cayó en la orilla y con honores. Rozaron la gloria, pero no pudieron alcanzarla, aunque dejaron pruebas del potencial que tenían entre su plantilla.
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El ocaso de la generación de oro
Diez años después, Bélgica afrontaba el Mundial 2026 con dudas ya desde su convocatoria. Los diablos rojos se encuentran ahora en pleno cambios generacional. Los jugadores que lideraron al país a las semifinales de la Eurocopa 2016 empiezan a decir adiós, como Hazard, que desapareció tras la eliminación en Qatar. De Bruyne y Lukaku han acudido al Mundial de forma muy residual. Ya no cuentan con el protagonismo que un día tuvieron.
Una nueva oleada de jugadores aprieta por tomar ese relevo y volver a situar a Bélgica como la bestia negra de Europa y este viernes pueden serlo otra vez de España. Pueden volver a ejercer de verdugos de La Roja durante los cuartos de final del Mundial. Allí, la nueva Bélgica se someterá al examen del legado. Solo les sirve una victoria si quieren seguir soñando en el Mundial. Demostrar que pueden volver a ser una de las grandes selecciones a tener en cuenta pasa por el partido ante España. Una final anticipada para ellos y viejos recuerdos para muchos. La generación de oro, la más brillante de su historia, se despide con esta cita mundialista, y da el testigo a la nueva generación. De momento, enfilan de la mano el duelo ante la selección española.
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