
El Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) ha ratificado una condena de seis años de prisión para un hombre que agredió sexualmente a la hija menor de su pareja aprovechando que se quedaba al cargo de ella y de sus otros tres hijos --estos en común con la mujer-- cuando ella salía a andar por las tardes; hechos que fueron denunciados cuando la niña alcanzó la adolescencia.
El fallo rechaza el recurso de apelación impulsado por la defensa y confirma la resolución de la Audiencia Provincial de Almería, que además le impone el pago de 20.000 euros a la víctima, cinco años de libertad vigilada, cinco más de privación de la patria potestad y 11 años de inhabilitación para profesión, oficio o actividad que conlleve contacto directo con menores, entre otras penas accesorias.
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La sentencia da por probado que el acusado, entre 2014 y 2017, aprovechó las tardes en las que se quedaba al cargo de sus tres hijos y la hija de su pareja para subir a la habitación de la niña mientras dejaba a los demás viendo la televisión y someterla a sus abusos.
La resolución señala que el acusado obligaba a la menor, que tenía por entonces entre 5 y 8 años de edad, a tocarle al tiempo que él mismo la sometía a tocamientos por debajo de su ropa en sus zonas íntimas hasta que veía satisfechos sus deseos sexuales.
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Los hechos se sucedieron siempre en su habitación de la menor durante dos semanas y al menos en tres ocasiones, conforme a lo que quedó demostrado durante el juicio.
No fue hasta, al menos, cinco años después cuando la madre de la niña denunció los hechos al tener noticia de lo ocurrido cuando la menor lo contó a una amiga de su madre. A raíz de estos hechos la niña padeció la caída de pelo, estado permanente de nerviosismo y terrores nocturnos, entre otros síntomas, que cesaron tras la denuncia.
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El alto tribunal andaluz respalda el testimonio "absolutamente creíble" de la menor dado que se mantuvo coherente durante todo el proceso, siendo espontáneo y sin contradicciones, toda vez que ve normal que la víctima tardara al menos cinco años en denunciar puesto que, cuando se sucedieron los hechos, tenía una corta edad que no le permitía discernir si lo que le ocurría estaba bien o mal.
La propia víctima manifestó que la relación con el acusado fue buena, incluso después de ocurrir los hechos. No obstante, su madre se separó después del acusado, al que dejó de ver, de modo que cuando coincidió con él en una ocasión al haber cumplido ya 13 años se le "removió todo" y le "insultó"; siendo este el momento en el que narró lo ocurrido a una amiga de su madre.
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El relato de la víctima, que quedó delimitado en el tiempo pese a la ausencia de fechas concretas, se vio corroborado por el testimonio de la madre y de la abuela, quienes explicaron las anomalías físicas y emocionales que sufrió la menor por entonces. A ello se une la exploración de las psicólogas forenses que advirtieron que su sintomatología era plenamente compatible con episodios de violencia sexual.
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