Jose Oliva
Barcelona, 10 jun (EFE).- El arqueólogo e historiador Mikel Herrán, que en 'Sodomitas, vagas y maleantes' traza la historia de España en clave LGTBI+ desde la prehistoria hasta la actualidad, considera que no es descabellado pensar que "ya había maricones en Atapuerca".
En una entrevista con EFE, Herrán, divulgador de la historia a través de las redes sociales desde su perfil @putomikel, ha publicado 'Sodomitas, vagas y maleantes' (Planeta) con la intención de acabar con algunos 'bulos'.
"En la historia de España ha habido disidencia sexual, de género, y este relato pretende incluir a los 'otros' en el discurso histórico, necesario para entender episodios en los que la sexualidad ha jugado un papel muy importante como en la conquista de América, donde había gentes que tenían otra forma de entender el mundo".
Recuerda Herrán que en Roma estaba aceptado el sexo como "un acto de poder", según el cual un ciudadano romano podía acostarse con quien quisiera siempre que estuviese por debajo socialmente, es decir, si era esclavo o esclava.
Los únicos grandes reyes que aparecen en el libro son los Reyes Católicos y Felipe II, porque crean leyes que persiguen la sodomía y la castigan, señala el autor, para quien "la construcción del Estado moderno no se explica sin la construcción de esas desigualdades que se dan en España, Francia, Inglaterra y muchos estados europeos, donde "el sexo juega un gran poder".
Admite que en la prehistoria no hay evidencias de homosexualidad, porque "el deseo no deja una evidencia material muchas veces", pero cree que "no se deben trasladar los sesgos y formas de ver de la actualidad y si el ser humano moderno tiene relaciones de todo tipo, por qué no asumir que había maricones en Atapuerca, relaciones entre hombres, entre mujeres, o que había otras formas de entender el género".
La antropología constata que hoy hay sociedades como los navajo, que tienen categorías de hombre que se ha convertido en mujer, o de mujer que se ha convertido en hombre, categorías de género que tampoco son binarias porque cambian a lo largo de la vida del individuo.
El arqueólogo invita a ir más allá del desafío de la idea de que solo los hombres cazaban y solo las mujeres se quedaban en la cueva cuidando de los niños: "Esas preconcepciones vienen en muchos casos de cómo se empezó a estudiar la prehistoria en el siglo XIX, cuando los investigadores transportaban su propia estructura familiar a hace 200.000 años".
La arqueología también ha documentado enterramientos de dos hombres, como pasó con "los amantes de Módena" o en la península Ibérica con el hallazgo de dos hombres enterrados juntos en el yacimiento argárico de La Bastida, en Totana (Murcia), dos individuos que pertenecían a la clase alta.
Herrán revela que en la persecución de la homosexualidad hay un sesgo de clase y cita como ejemplo que "cuando la Inquisición empieza en la Corona de Aragón a perseguir la sodomía, se ve que los más perseguidos son las clases trabajadoras, los extranjeros, los curas del bajo clero, los artesanos o los soldados, gente que vivía básicamente en la pobreza o que no tenía mucho a su haber".
En muchas ocasiones, esos procesos de persecución se interrumpían "para no incomodar a alguien importante".
Presenta el ensayo, el teatro y los espectáculos de variedades y cabaré como válvulas de escape: "Ya desde la antigua Grecia el teatro permitía hacer crítica social, burla y señalamiento de esas cosas que no encajan, pero siempre en un entorno controlado, pues cuando caía el telón, todo volvía a la normalidad".
En el teatro del Siglo de Oro, añade, se utiliza mucho el travestismo tanto de actores como de actrices "para hablar de qué diferencia hay entre hombres y mujeres con personajes femeninos que se travisten para convertirse en soldados y al final de la obra vuelven a ser perfectas damas".
Hay autores como Lope de Vega que incluye el travestismo en muchas de sus obras, pero que lo justifica porque el traje masculino agrada más a la talla femenina, y actrices como María Navas, que ya no hace papeles de mujeres que se travisten en hombres, sino que directamente interpreta personajes masculinos.
En esos mismos años destaca la figura de Quevedo "haciendo sus burlas sobre los maricones, a los que no ve peligrosos, y los bujarrones, el sodomita activo, ante el cual advierte del peligro de ser agredido sexualmente si se pasa por delante de él, pero esta visión homófoba forma parte de la mentalidad de la época aunque se trate de uno de los grandes autores de nuestro panteón de ilustres de la literatura".
A su juicio Lorca es el símbolo de la persecución de la homosexualidad en la guerra civil española, pero el franquismo empujó a muchos de los autores de la Edad de Plata al exilio, como a Victorina Durán, y a otros los redujo a un cierto exilio interior, como a Rafael de León o Jacinto Benavente.
"Si en los años 20 y 30 hay una violencia social contra esos 'desviados', a partir de la Guerra Civil la violencia ya es dirigida directamente desde el Estado".
Herrán ve difícil ser positivo tras el resultado de las elecciones europeas y el auge de la ultraderecha, porque "ya se ha anunciado mucho y avisado del auge de la extrema derecha, que utiliza con medios nuevos discursos que ya se encontraban en el fascismo hace 100 años. La historia no se repite, pero rima". EFE.
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