Feijóo ante su segunda, mejor y última oportunidad: Sánchez está en la lona a 50 días para las elecciones, pero hay un riesgo a la derecha

El líder del PP pide “cabeza fría” para no perder en unas semanas el trabajo de tres años, pero esta vez no bastará con una estrategia conservadora

Alberto Núñez Feijóo, en la Junta Directiva Nacional del PP este jueves. (PP)
Alberto Núñez Feijóo, en la Junta Directiva Nacional del PP este jueves. (PP)
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Alberto Núñez Feijóo (65 años) ha concurrido como candidato a cinco elecciones y otras tantas ha ganado, cuatro de ellas con mayoría absoluta. En las generales de 2023, el PP obtuvo un 33% de los votos y 137 escaños, 48 más que en 2019, con Pablo Casado al frente. El escenario conducía a una repetición, con un PSOE en 121 y una suma progresista que no alcanzaba la absoluta, pero Junts decidió decantar la balanza.

Tres años y dos meses de oposición después, los principales barómetros privados proyectan una caída del PP, con en torno a un 31% de los votos y 133 escaños. Sin embargo, bastarían a Núñez Feijóo para vivir en La Moncloa. A grandes rasgos, esto se debe al auge de Vox, que dispararía su representación, y al desplome de Sumar, se supone que pronto integrado en el Frente Amplio. Pero, además, las cosas han cambiado sensiblemente con Junts.

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En su regreso a España, Carles Puigdemont tiende la mano a quien aplicó el 155, le ha llamado golpista, convocado manifestaciones y se ha opuesto a la amnistía. PP y Vox han pasado página y junto a Junts mataron la legislatura con su rechazo a los decretos fruto del desahucio de Maricarmen. No ha sido fácil para Núñez Feijóo encajar este giro a la postre productivo para apuntalar la gobernabilidad a partir del 29 de noviembre.

Alberto Núñez Feijóo, presidente y candidato del PP en las elecciones generales, junto a Miguel Tellado y Ester Muñoz en el Congreso. (PP)
Alberto Núñez Feijóo, presidente y candidato del PP en las elecciones generales, junto a Miguel Tellado y Ester Muñoz en el Congreso. (PP)

Tellado a los mandos

Por si hiciera falta, porque el PSOE está gravemente herido. Génova ha movido cielo y tierra para empujar las causas judiciales que cercan a Pedro Sánchez, las familiares y las de partido, y sus dirigentes se han recorrido media España para vender al presidente como el capo de una red de corruptelas e intereses. Ceuta ha sido clave, ya solo por los errores forzados del Ejecutivo, pero también por el papel de Juan Vivas, que se ha elevado sin levantar la voz.

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Y en el curso de estos años, una sucesión de victorias. El PP ha revalidado Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía, con la espina en esta última de ya no hacerlo en solitario. Pero ya nadie pregunta a Núñez Feijóo si gobernará con Vox. Lo hará. Como en tantos lugares. Desactivando el señalamiento socialista, naturalizando lo inevitable: en tiempos sin mayorías absolutas -ni consenso entre las dos grandes fuerzas-, no hay otra.

Núñez Feijóo ha entregado la dirección de la campaña a su soldado más contrastado, Miguel Tellado, hábil en la luz y en la sombra y de la máxima confianza ya desde su etapa en Galicia. Marta Varela, directora de Gabinete del líder del PP, será directora adjunta de la campaña. Ester Muñoz hará la función de portavoz. Del programa se encargará la eurodiputada Alma Ezcurra, otra mujer en el núcleo fuerte y quien ha ganado peso y visibilidad a raíz de Ceuta.

El presidente del PP da aliento a sus principales dirigentes para afrontar la precampaña y campaña electoral hacia el 29 de noviembre.

“Cabeza fría”

Este jueves, Núñez Feijóo presidió una Junta Directiva Nacional de arenga. Llamó a “no caer en las trampas” del oponente y a tener “cabeza fría”. Las elecciones ya solo pueden perderse. Porque las campañas pueden hacerse muy largas -2023- y porque el rival es Sánchez. Lo dijo aún desconociendo el impacto de la muerte de Maricarmen. Este viernes, el PP respiró algo más: un sondeo para El País y la Cadena SER suma siete décimas al PSOE, pero sigue dando cerca de 200 escaños a la derecha.

El gallego ha de hacer una campaña conservadora, pero no perder una sola oportunidad. En las pasadas generales, participó en un cara a cara con Sánchez en Atresmedia, del que salió satisfecho, pero se borró del definitivo debate a cuatro, que fue a tres, dando el protagonismo al presidente, a Yolanda Díaz y a Santiago Abascal, que confrontó con estos. Fue esta última semana en la que el PSOE rascó escaños que terminaron siendo cruciales, también Vox.

Ante los suyos, Núñez Feijóo ha rogado pelear cada voto hasta el último minuto. Han trabajado duro para derribar al Gobierno y no pueden tirarlo en un par de semanas. Nervios o estrategia, se han mofado de Óscar Puente retorciéndose de dolor tras romperse el cuádriceps, han llamado guarros a los acampados en Sol o, ya fuera de las redes sociales, han puesto en seria duda el voto por correo, asegurando que Sánchez es capaz de manipular unas elecciones.

Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, en rueda de prensa en Moncloa. (Reuters/Juan Medina)
Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, en rueda de prensa en Moncloa. (Reuters/Juan Medina)

Un riesgo para el cambio

O ponen una venda por lo que pueda ocurrir en ellas, sin concretar cuál será su primera reacción si vuelve a salir cruz, si aceptarían la legitimidad del ganador.

Núñez Feijóo está ante su segunda, mejor y última oportunidad para ser presidente. La mejor porque, aunque -según sondeos- obtendría menos escaños que en el primer intento, tiene un importante colchón en Vox y hasta uno nuevo y supletorio llamado Junts, aunque costara. Pero hay más: hasta el Sánchez de las remontadas es pólvora mojada si a su izquierda solo hay pelea.

El riesgo viene por la derecha, y no menor: asumido que Núñez Feijóo gobernaría con Abascal y vista la experiencia autonómica, cada anuncio o promesa que haga Vox en campaña será achacable no solo a Vox, sino al conjunto del hipotético futuro ejecutivo de coalición. Esta semana ya ha estado hablando de lo que haría con las pensiones. En la medida que estire la cuerda, Vox podría movilizar a la izquierda y al centro en el descontento o la abstención en favor de Sánchez.

El PP acaricia el poder para un nuevo tiempo en España. El ‘sanchismo’ está en la lona, pero restan semanas de vértigo. 50 días para que abran los colegios.

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