Agregar Infobae enGoogle

El campo europeo se resiste a la importación de grano ucraniano para evitar la caída de precios, mientras Kiev mira a la UE para exportar sus cosechas

Los ataques en el mar Negro, las restricciones europeas y la presión de los agricultores amenazan con paralizar la salida del grano ucraniano y disparar los precios, en un pulso que enfrenta a Kiev, Bruselas y el sector rural del continente

Un agricultor ucraniano muestra granos de trigo (REUTERS/Valentyn Ogirenko)
Un agricultor ucraniano muestra granos de trigo (REUTERS/Valentyn Ogirenko)
Guardar

Las exportaciones de grano de Ucrania afrontan un nuevo bloqueo en pleno verano. Los envíos agrícolas de este país, que solían abastecer a mercados de todo el mundo, permanecen almacenados debido a los ataques rusos en el mar Negro, la sequía en el Danubio y las restricciones impuestas por algunos países europeos.

La situación está provocando preocupación por el impacto que pueda tener en los precios de los alimentos a escala global. “Si esto sigue así, volverá a producirse un aumento global de precios de al menos un 25 o 30 por ciento, con todas las consecuencias que ya se vivieron en 2022 en la inflación alimentaria mundial”, advirtió el ministro de Agricultura ucraniano, Taras Vysotskyi, en declaraciones recogidas por Politico.

PUBLICIDAD

Al mismo tiempo, el campo europeo rechaza la importación de grano ucraniano y reclama medidas para frenar la caída de precios y proteger la rentabilidad de sus explotaciones, en un contexto de incertidumbre que enfrenta a Kiev, Bruselas y los productores del continente.

El carguero Rubymar transportando grano ucraniano en el mar Negro (REUTERS/Mehmet Emin Calsikan)
El carguero Rubymar transportando grano ucraniano en el mar Negro (REUTERS/Mehmet Emin Calsikan)

El campo europeo denuncia distorsiones en el mercado y caídas de precios

El campo europeo ha intensificado sus denuncias ante el impacto de las importaciones masivas de grano ucraniano en los mercados interiores. Agricultores y organizaciones profesionales de distintos países advierten de que la competencia del cereal llegado desde Ucrania amenaza la viabilidad de miles de explotaciones y está acelerando la caída de los precios en origen.

PUBLICIDAD

Ya en 2025, las principales asociaciones agrícolas españolas —Asaja, COAG y UPA— reclamaban al Gobierno limitar la importación de cereal ucraniano y activar ayudas urgentes para el sector. Según información de EFE, estas organizaciones denunciaron que la entrada masiva de trigo blanco desde Ucrania estaba distorsionando los mercados europeos y hundiendo los precios en origen, llevando al sector a pérdidas generalizadas. En aquel momento, pidieron la revisión inmediata del acuerdo comercial con Ucrania y la fijación de límites a la entrada de trigo y cebada, además de ayudas económicas específicas para compensar el sobrecoste de los fertilizantes.

Este año, la Unión de Uniones de Agricultores y Ganaderos ha advertido de que la campaña de cereales en España viene marcada por unos costes de producción muy elevados, mientras los precios del grano permanecen en niveles históricamente bajos. Según el análisis de la organización, los precios de los cereales han registrado caídas continuadas desde 2021, con descensos superiores al 30% en el trigo duro y del 10% en trigo blando, cebada y maíz en grano. La asociación señala que estos valores se mantienen en cifras similares a las de hace treinta años y atribuye esta situación a la importación masiva de cereal ucraniano. “No puede ser que los agricultores españoles seamos los paganos de la guerra en Ucrania”, lamenta la organización agraria.

La situación actual es resultado de varios factores que confluyen. Desde el verano, los ataques con misiles han alejado a los cargueros de los puertos ucranianos, lo que ha obligado a Kiev a buscar rutas alternativas a través de Europa. El problema es que esas rutas atraviesan países como Polonia, Hungría y Eslovaquia, donde la llegada de grano ucraniano ya había generado protestas de agricultores y tensiones políticas. La última vez que grandes volúmenes de cereal ucraniano cruzaron la región, los agricultores polacos salieron a las carreteras para protestar y el gobierno polaco impuso un veto a las importaciones, medida que después se aplicaría también en Hungría y Eslovaquia.

Granjeros búlgaros, de pie ante sus tractores durante la protesta celebrada en 2023 tras el levantamiento del veto al grano ucraniano (VASSIL DONEV, EFE)
Granjeros búlgaros, de pie ante sus tractores durante la protesta celebrada en 2023 tras el levantamiento del veto al grano ucraniano (VASSIL DONEV, EFE)

El gobierno polaco, a través de su ministro de Agricultura, Stefan Krajweski, ha reiterado su intención de hacer “todo lo posible” para mantener la restricción, pero sí permite el tránsito de grano hacia terceros países. Este grano no se queda en el mercado local, según el Ejecutivo polaco, sino que se transporta a otros destinos. Un portavoz del Ministerio de Exteriores de Polonia, Maciej Wewiór, explicó que las conversaciones con Kiev relativas al comercio de grano “se refieren exclusivamente al transporte fluido de grano ucraniano hacia terceros países, no a su exportación o admisión en el mercado polaco”. El cereal ucraniano sigue siendo clave para muchos países de Asia y África.

No todos los actores del sector agrario polaco comparten la confianza en estos controles. Gustaw Jędrejek, responsable de la Cámara de Agricultura de Lublin y uno de los líderes de las protestas en la frontera, sostiene que algunos cargamentos registrados como destinados al extranjero realmente se venden dentro de Polonia. “Los documentos viajan a Lituania, la República Checa o Eslovaquia, y el grano se queda en Polonia”, afirmó Jędrejek a Politico. “No me creo en absoluto esas garantías”, añadió el dirigente agrario.

En otros países de Europa Central y del Este -como Hungría, Bulgaria, Rumanía y Eslovaquia-, la presión del sector agrícola ha llevado a los gobiernos a imponer restricciones, establecer controles adicionales en frontera y demandar a la Comisión Europea la reinstauración de cuotas o limitaciones temporales.

El malestar en el campo europeo ha cristalizado desde 2023 en protestas, bloqueos en carreteras y pasos fronterizos y una presión constante sobre los gobiernos nacionales y las instituciones comunitarias, reclamando medidas urgentes para proteger la producción agrícola local y garantizar unos precios mínimos que cubran los costes. El debate sobre el equilibrio entre la solidaridad con Ucrania y la protección del sector agrario europeo sigue abierto en Bruselas y en las principales capitales del continente.

Los ataques rusos y el miedo impiden la salida de cargueros desde Odesa

Más del 90% de las exportaciones agrícolas de Ucrania se realizaban tradicionalmente por vía marítima. Tras la invasión rusa, en 2022, esa vía se vio dificultada y, como consecuencia, los precios internacionales de los alimentos alcanzaron máximos históricos. Este verano, los ataques rusos y ucranianos a puertos y buques han intensificado la crisis. Desde finales de julio no ha entrado ninguna embarcación carguera en los puertos próximos a Odesa, a pesar de que permanecen abiertos.

Un ataque con misil ruso a un barco de maíz causó la muerte de diez personas y el hundimiento del buque una semana después. “Los armadores y las tripulaciones sencillamente tienen miedo. No están dispuestos a enviar los barcos”, señaló el ministro Vysotskyi en declaraciones recogidas por Politico.

Una carga de maíz se vierte en un camión, en un almacén de grano en el pueblo de Bilohiria, región de Khmelnytskyi, Ucrania (REUTERS/Gleb Garanich/Archivo)
Una carga de maíz se vierte en un camión, en un almacén de grano en el pueblo de Bilohiria, región de Khmelnytskyi, Ucrania (REUTERS/Gleb Garanich/Archivo)

La alternativa terrestre tampoco resulta sencilla. Transportar grano en tren o camión supone un sobrecoste de entre 50 y 70 dólares por tonelada, una cifra que, con los precios actuales, hace inviables muchas operaciones. El principal corredor alternativo, a través de Rumanía, también se ha visto limitado por el bajo caudal del Danubio, que dificulta el acceso de la mercancía al puerto de Constanza.

Ante este escenario, Ucrania ha solicitado a la Comisión Europea una ayuda de 220 millones de euros para sus agricultores, con el fin de cubrir los gastos y evitar ventas a pérdidas mientras persista el bloqueo. La ayuda permitiría a las pequeñas y medianas explotaciones mantener su grano almacenado hasta que se recupere el tráfico marítimo. Un portavoz comunitario confirmó a Politico la recepción de la solicitud, aunque no precisó si la ayuda será finalmente concedida.

El riesgo de que el grano se acumule en los almacenes también preocupa a las autoridades ucranianas. Según el ministro Vysotskyi, en los primeros nueve días de agosto solo se exportaron 463.000 toneladas, lo que equivale a una tercera parte de lo habitual. De no reabrirse las rutas antes de noviembre, el país podría quedarse sin capacidad para almacenar la próxima cosecha.

La crisis del grano ucraniano se produce en un contexto de desconfianza entre Kiev y algunos de sus vecinos europeos, en especial Polonia. Vysotskyi insistió en que Ucrania no solicita un mayor acceso al mercado comunitario, ya que las cuotas de la Unión Europea para el trigo ucraniano están actualmente limitadas a 1,3 millones de toneladas al año, lo que, según sus palabras, hace “legalmente imposible” repetir el volumen de exportaciones del pasado. El responsable de Agricultura añadió que solo pedirían un aumento de la cuota si así lo propusiera la propia UE, con el acuerdo de los agricultores europeos. El futuro de las exportaciones ucranianas sigue dependiendo de la evolución de la guerra y de la capacidad para restaurar la seguridad en los corredores marítimos. Mientras tanto, la incertidumbre persiste tanto en los mercados internacionales como en los países vecinos.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD