
Cuando las llamas avanzan hacia un pueblo, una urbanización o un grupo de viviendas, la prioridad ya no es solo contener el incendio: también hay que poner a salvo a las personas que se encuentran en su trayectoria. Para ello, los servicios de emergencia valoran la evolución del fuego, el viento, la orografía, el estado de las carreteras y las condiciones de cada núcleo antes de decidir si procede evacuar a la población o, por el contrario, mantenerla confinada.
La evacuación es una operación coordinada en la que intervienen los servicios de emergencias, las fuerzas de seguridad y Protección Civil para sacar a la población por itinerarios seguros, mantener despejados los accesos para los equipos de extinción y concentrar a las personas evacuadas en lugares previamente establecidos. La planificación de Protección Civil contempla precisamente la identificación de vías de evacuación, zonas seguras y puntos de reunión para facilitar estas operaciones.
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Este verano, estas actuaciones se están repitiendo en distintos puntos de España. En el incendio de Niebla, en Huelva, alrededor de 700 personas han tenido que ser desalojadas de varios municipios y núcleos de población. En Segovia, en cambio, unos 180 vecinos evacuados de Los Ángeles de San Rafael y Vegas de Matute pudieron regresar a sus casas después de que mejoraran las condiciones del incendio. La diferencia entre ambos casos muestra que las medidas de protección se adaptan a la evolución de la emergencia.
La orden de evacuación: salir cuando todavía hay margen
Una vez tomada la decisión de a qué personas hay que evacuar por su proximidad al fuego, las autoridades tienen que hacer llegar el aviso a la población. Dependiendo de la emergencia y de los medios disponibles, las instrucciones pueden difundirse mediante los canales oficiales de Protección Civil, sistemas de alerta a móviles, medios de comunicación, redes sociales institucionales, megafonía o directamente a través de los agentes desplegados sobre el terreno.
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El objetivo es que los vecinos reciban una instrucción clara: qué zona deben abandonar, por dónde deben salir y hacia dónde tienen que dirigirse. La recomendación de los servicios de emergencia es seguir esas indicaciones y no improvisar la ruta.
Esto último resulta especialmente importante en un incendio forestal. Una carretera que parece despejada puede dejar de ser una vía segura en cuestión de minutos si cambia el viento o el frente de fuego se desplaza. Por eso, los vecinos no deben dirigirse por su cuenta hacia caminos rurales o pistas forestales que conozcan de otras ocasiones, sino utilizar los itinerarios que hayan establecido los responsables de la emergencia.
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La evacuación no es una huida: hay que dejar paso a los equipos de emergencia
Cuando comienza el desalojo, otro elemento resulta fundamental: cómo se mueve la población. Si cientos de vecinos abandonan simultáneamente un núcleo en sus vehículos, las carreteras pueden quedar congestionadas justo cuando bomberos, ambulancias, Policía y otros servicios necesitan utilizarlas para acceder al incendio.

La prioridad es llegar a una zona segura y permanecer allí hasta recibir nuevas instrucciones. No se trata de abandonar el municipio y continuar conduciendo sin rumbo: los planes de emergencia contemplan lugares de concentración o puntos de reunión donde se puede agrupar a la población evacuada y organizar su atención.
Y una vez que una persona ha salido, no debe regresar a la zona evacuada. Ni para recoger documentación u objetos personales ni para comprobar el estado de su vivienda. El fuego puede cambiar de dirección, pueden quedar focos activos y las condiciones pueden empeorar incluso después de que el frente principal se haya alejado.
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En una evacuación también hay que prestar especial atención a quienes necesitan ayuda para desplazarse: personas mayores, con discapacidad, enfermas o que no puedan abandonar por sus propios medios una vivienda. La planificación de Protección Civil contempla medidas específicas para estos colectivos, de manera que su salida pueda organizarse junto con la del resto de la población.
¿Y si la carretera de salida ya no es segura?
Aquí aparece una de las partes más importantes del protocolo: evacuar no siempre significa salir inmediatamente. Si la ruta disponible está comprometida por las llamas o el humo, abandonar una vivienda puede resultar más peligroso que permanecer temporalmente en ella. En esos casos, los responsables de la emergencia pueden ordenar el confinamiento. Es decir, que la población permanezca en el interior de sus casas hasta que exista una vía segura de evacuación o cambien las condiciones del incendio.
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No es una situación teórica. Durante el incendio forestal de Almorox y Villa del Prado, en Madrid y Toledo, se llegó a combinar la evacuación de una urbanización con el confinamiento de otro núcleo de población. La medida respondía a la evolución del incendio y a las condiciones de seguridad de cada zona.
Por eso, la orden de evacuación o confinamiento depende de las condiciones concretas de cada momento. Dos localidades situadas a pocos kilómetros de distancia pueden recibir instrucciones distintas: una puede tener una carretera segura para salir y otra puede quedar temporalmente protegida en el interior de sus viviendas porque la única vía de evacuación está comprometida.
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El humo entra en la vivienda
El escenario se complica todavía más si el incendio alcanza directamente una vivienda o un edificio y el humo bloquea la salida. En ese caso, las recomendaciones para incendios en inmuebles establecen que no se debe atravesar una escalera llena de humo.
Si la salida está despejada, hay que abandonar el edificio por las vías previstas y no utilizar el ascensor. Si la escalera está llena de humo, la indicación es permanecer dentro de la vivienda, cerrar la puerta y refugiarse en una habitación alejada del fuego, preferiblemente con una ventana al exterior. Las rendijas pueden cubrirse con ropa o toallas para dificultar la entrada del humo y hay que llamar al 112 para comunicar la situación y facilitar la localización de las personas atrapadas.
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Si existe una vía de salida segura pero hay presencia de humo, los servicios de emergencia recomiendan desplazarse agachado o lo más cerca posible del suelo. También es importante comprobar una puerta antes de abrirla: si está caliente, puede indicar que hay fuego al otro lado.
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