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Un estudio sugiere que la ELA y el Parkinson tienen su origen en el intestino: las alteraciones en la microbiota podrían ser el primer paso

Una investigación italiana demuestra que los primeros efectos del daño neurológico aparecen en el intestino

Un estudio apunta que los primeros efectos del daño neurológico aparecen en el intestino (Magnific / Montaje Infobae)
Un estudio apunta que los primeros efectos del daño neurológico aparecen en el intestino (Magnific / Montaje Infobae)
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La inflamación intestinal podría ser el punto de partida de algunas enfermedades neurodegenerativas. Así lo sugiere un estudio realizado por investigadores de las universidades de Padova y Pisa (Italia), quienes han identificado que un compuesto vegetal denominado BSSG desencadena alteraciones en el intestino mucho antes de que aparezcan los primeros signos de daño en el sistema nervioso.

La investigación, publicada en la revista Journal of Biomedical Science, aporta nuevas evidencias sobre el denominado eje intestino-cerebro y plantea la posibilidad de actuar de forma preventiva sobre el aparato digestivo para frenar la progresión de enfermedades como el complejo ELA-PDC (esclerosis lateral amiotrófica-parkinsonismo-demencia).

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El BSSG (β-sitosterol-β-D-glucósido es su nombre completo) es un glucósido de esterol vegetal que durante décadas ha sido objeto de estudio por su relación con la elevada incidencia de ELA, Parkinson y demencia registrada en determinadas poblaciones de Guam, Japón y Nueva Guinea, donde tradicionalmente se consumía harina elaborada con semillas de cícadas. La disminución de este alimento tras la Segunda Guerra Mundial coincidió con un acusado descenso de los casos de esta enfermedad, lo que reforzó la hipótesis de su implicación.

Hasta ahora se pensaba que la toxicidad del compuesto actuaba principalmente sobre las neuronas. Sin embargo, el nuevo estudio demuestra que los primeros efectos aparecen en el intestino. “Nuestros resultados revelan que el intestino es el primer tejido afectado por el BSSG, mucho antes de que se detecten daños en el sistema nervioso”, explica la investigadora principal del estudio, Francesca Terrin.

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Un compuesto vegetal que reduce la mucosa digestiva

Para llegar a esta conclusión, el equipo utilizó peces cebra y ratones expuestos de forma crónica al compuesto. En ambos modelos animales observaron una marcada respuesta inflamatoria intestinal caracterizada por una reducción de las células caliciformes, responsables de producir el moco que protege la mucosa digestiva, así como una infiltración de neutrófilos, uno de los principales indicadores de inflamación.

Los investigadores también detectaron la activación de diversos genes relacionados con procesos inflamatorios y alteraciones en la motilidad intestinal. En los peces cebra, por ejemplo, el tránsito gastrointestinal se modificó de forma significativa tras la exposición al BSSG.

Las alteraciones en la microbiota

Otro de los hallazgos relevantes fue la alteración de la microbiota intestinal. Los animales expuestos presentaban cambios en la composición de las bacterias intestinales compatibles con situaciones de disbiosis, un desequilibrio que se ha asociado previamente con enfermedades inflamatorias y neurodegenerativas.

El estudio también permitió identificar un posible mecanismo responsable de estos efectos al comprobar que el BSSG interfiere en la actividad del receptor de glucocorticoides, una proteína esencial para controlar la respuesta antiinflamatoria del organismo. Los ensayos mostraron que el compuesto reduce parcialmente la capacidad del receptor para unirse a su ligando, limitando así su función reguladora.

DR. DANIEL LOPEZ ROSETTI – Infobae en Vivo

Para confirmar esta hipótesis, los científicos emplearon peces cebra modificados genéticamente que carecían de este receptor. En estos animales, la exposición al BSSG produjo un daño intestinal mucho menor y no desencadenó la activación de los principales genes inflamatorios observados en los ejemplares normales. “Nuestros experimentos sugieren que la interacción del BSSG con el receptor de glucocorticoides puede deteriorar su función antiinflamatoria, amplificando el daño intestinal y favoreciendo una respuesta inflamatoria persistente”, señalan los autores.

Aunque los resultados proceden exclusivamente de modelos animales y deberán confirmarse en estudios clínicos, los investigadores consideran que sus hallazgos refuerzan la importancia del eje intestino-cerebro en la aparición de enfermedades neurodegenerativas. En este sentido, proponen que restaurar el equilibrio intestinal podría convertirse en una estrategia temprana para retrasar o incluso prevenir la progresión de estas patologías en personas con riesgo de exposición al compuesto.

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