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Pilar de Borbón, la infanta que renunció a ser reina de Bélgica y abandonó los derechos dinásticos por su amor a Luis Gómez-Acebo

La hermana del rey Juan Carlos falleció en 2020 tras vivir una vida marcada por sus propias reglas y en contra de lo estipulado

Pilar de Borbón y Luis Gómez-Acebo (EFE)
Pilar de Borbón y Luis Gómez-Acebo (EFE)
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Este 30 de julio, la infanta Pilar de Borbón habría celebrado su 90 cumpleaños. Hija mayor de los condes de Barcelona y hermana del rey Juan Carlos I, su vida estuvo marcada por decisiones poco habituales dentro de una familia real. De carácter firme, independiente y poco dada a los convencionalismos, eligió el camino que deseaba recorrer, incluso cuando eso implicaba desafiar las expectativas de su entorno. Lo hizo al enamorarse de Luis Gómez-Acebo, un hombre sin sangre real con el que formó una familia numerosa y compartió casi un cuarto de siglo de matrimonio.

Durante años, los condes de Barcelona imaginaron para su primogénita un enlace acorde con su condición. Entre las posibilidades que llegaron a barajarse figuró nada menos que Balduino de Bélgica. Con esa intención, Pilar viajó en varias ocasiones a Bruselas y hasta protagonizó un discreto encuentro organizado por su abuela, la reina Victoria Eugenia, en Lausana. Sin embargo, ninguno de aquellos intentos prosperó. La afinidad nunca apareció y el proyecto terminó diluyéndose.

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El destino tomó un rumbo muy distinto cuando conoció a Luis Gómez-Acebo en Madrid, durante una reunión organizada por familiares comunes a la familia de Simeón de Bulgaria. La conexión fue inmediata. Culto, viajado y con una brillante formación académica, el joven abogado y empresario conquistó a la infanta pese a la oposición inicial de sus padres, que no ocultaban su decepción al comprobar que su hija había elegido a un plebeyo.

Los condes de Barcelona, Pilar de Borbón y Luis Gómez-Acebo, en el anuncio del compromiso. (EFE)
Los condes de Barcelona, Pilar de Borbón y Luis Gómez-Acebo, en el anuncio del compromiso. (EFE)

Aquel noviazgo obligó a Pilar de Borbón a tomar una decisión trascendental. Para casarse con Luis Gómez-Acebo tuvo que renunciar a sus derechos sucesorios, una condición que aceptó sin titubeos. El amor pesó más que cualquier consideración dinástica y el enlace se celebró el 5 de mayo de 1967 en el monasterio lisboeta de los Jerónimos de Belém, en una ceremonia que reunió a representantes de distintas casas reales europeas.

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Aunque la boda fue uno de los grandes acontecimientos sociales del momento, la propia infanta reconocería años después que nunca se sintió cómoda con semejante despliegue: “Me pareció una boda demasiado grande”. Su personalidad estaba más cerca de la sencillez que del protocolo, una característica que mantuvo durante toda su vida.

Antes de contraer matrimonio, Pilar había recibido una sólida formación. Se educó en Lisboa, donde también cursó estudios de Enfermería y realizó prácticas hospitalarias, una vocación sanitaria que siempre conservó. Mientras tanto, Luis Gómez-Acebo desarrollaba una destacada trayectoria empresarial. Licenciado en Derecho y con formación internacional, trabajó en Estados Unidos antes de regresar a España, donde ocupó puestos de responsabilidad en importantes compañías y colaboró con diversas fundaciones culturales y sanitarias.

P ilar de Borbón y el rey Juan Carlos I (EFE)
P ilar de Borbón y el rey Juan Carlos I (EFE)

Una familia con influencias

Su estrecha amistad con el barón Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza resultó decisiva para que la célebre colección artística terminara instalándose en España. Además, presidió instituciones dedicadas a la investigación oncológica, la música de cámara y el apoyo al Museo del Prado, consolidándose como una figura muy respetada en el ámbito empresarial y cultural.

Tras la boda, el matrimonio fijó su residencia en Madrid y formó una familia con cinco hijos: Simoneta, Juan, Bruno, Beltrán y Fernando. Sin embargo, la tranquilidad familiar se vio alterada por varias circunstancias difíciles. Durante años, tanto Luis Gómez-Acebo como don Juan de Borbón figuraron entre los posibles objetivos de ETA debido a su vínculo con la familia real, lo que obligó a extremar las medidas de seguridad.

La prueba más dura llegó en 1984, cuando un chequeo médico realizado en Nueva York detectó un linfoma a Luis Gómez-Acebo. El empresario afrontó la enfermedad con un optimismo que sorprendía a quienes lo rodeaban. “Tuve que hacerme varias pelucas, de diversos tipos: una más seria para salir, una más festiva para alegrar mi espíritu y otra para estar en casa”, llegó a bromear en sus palabras a la prensa. Falleció en marzo de 1991, con apenas 56 años, dejando viuda a Pilar y cinco hijos todavía jóvenes.

La infanta Pilar y la reina Letizia en los Premios Nacionales del Deporte, Madrid, España, 2019. (Belen Diaz/DYDPPA/Shutterstock)
La infanta Pilar y la reina Letizia en los Premios Nacionales del Deporte, Madrid, España, 2019. (Belen Diaz/DYDPPA/Shutterstock)

Madre coraje y sin pelos en la lengua

La infanta asumió entonces uno de los mayores retos de su vida. Sacó adelante sola a su familia sin abandonar sus responsabilidades institucionales y mantuvo siempre un perfil cercano a la realidad cotidiana. Quienes la conocían destacaban precisamente esa mezcla de fortaleza y naturalidad que también la convirtió en una de las principales confidentes de Juan Carlos I, especialmente tras superar las tensiones familiares que surgieron durante la Transición.

Nunca tuvo reparos en expresar sus opiniones. Con los años habló abiertamente sobre política, sobre la monarquía e incluso sobre cuestiones polémicas como su aparición en los conocidos papeles de Panamá: “Me encuentro muy bien. El escándalo lo han montado ustedes”. Tampoco escondió su propio cáncer de colon, enfermedad que afrontó con la misma serenidad que había visto en su marido décadas antes.

Los reyes eméritos, Juan Carlos y Sofía, Felipe VI, la reina Letizia y las infantas Elena y Cristina, en el funeral de Pilar de Borbón en El Escorial. (Emilio Naranjo/EFE)
Los reyes eméritos, Juan Carlos y Sofía, Felipe VI, la reina Letizia y las infantas Elena y Cristina, en el funeral de Pilar de Borbón en El Escorial. (Emilio Naranjo/EFE)

Cuando falleció, el 8 de enero de 2020, volvió a tomar una decisión que reflejaba perfectamente su manera de entender la vida. Rechazó el ceremonial reservado a una infanta de España y pidió ser incinerada para descansar junto a Luis Gómez-Acebo en el cementerio madrileño de San Isidro. Una elección profundamente simbólica que resumía una existencia guiada por el afecto, la independencia y la fidelidad a las decisiones que había tomado desde joven por amor.

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