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Vive solo en un pueblo abandonado del Pirineo desde hace más de una década y se mantiene con el subsidio para mayores de 52 años: “La soledad ayuda a reflexionar”

Esta es la historia de Tomás Vallavanete, el hombre que cambió su vida en la ciudad tras un accidente y ahora vive en la montaña alejado de la humanidad

Tomás Vallavanete, el hombre que vive en un pueblo en los Pirineos. (@Monxileros/YouTube)
Tomás Vallavanete, el hombre que vive en un pueblo en los Pirineos. (@Monxileros/YouTube)
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La soledad y el aislamiento tienen diferentes significados, pero habitualmente utilizamos sus acepciones negativas. Durante siglos, los teóricos de la evolución nos han repetido que el hombre es un animal social. Aunque, en realidad, la vida del ser humano se caracteriza por muchos momentos de retiro. Ahora nos encontramos con una proliferación de formas de interactuar, tanto virtuales como físicas. Sin embargo, parece que se ha vuelto mucho más fácil encontrarse incomunicado de la humanidad.

También, el progreso social nos ha hecho entender la inmensa importancia que tiene la salud mental. En concreto, el acceso a la atención psicológica ha dejado de ser un tema tabú y ha ganado espacio en la conversación pública. Así, hoy sabemos que la soledad crónica o no deseada puede convertirse en un grave factor de riesgo para el equilibrio psicológico. Sin embargo, es fundamental aprender a diferenciar entre el aislamiento forzado y la soledad elegida.

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Un claro ejemplo de la segunda es la historia de Tomás Vallavanete, que, según ha mostrado en una reciente entrevista para el canal de YouTube @Monxileros, dio un giro de 180 grados a su vida hace 12 años y, a sus 52 años (ahora tiene 64), comenzó a vivir en Solanell (Lleida), un pueblo abandonado de Los Pirineos en el que él es el único habitante.

De la ciudad al Pirineo: un giro inesperado

Hace más de una década, Tomás Vallavanete dejó atrás la ciudad tras perder la visión de un ojo y quedarse sin empleo. Este hecho lo llevó a replantear su vida y aceptar la propuesta de su hermano: reconstruir una vivienda y sumarse al proyecto de repoblación de Solanell, una aldea de montaña que por aquel entonces se encontraba totalmente abandonada y en ruinas.

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Al principio, la idea le pareció insostenible y se negó rotundamente. “Tú estás rematadamente mal de la cabeza”, respondió a su pariente cuando le hizo la oferta. Pero, con el paso e las semanas, su percepción fue cambiado y se terminó autoconvenciendo de que instarlarse en el municipio pirenaico era una buena idea.

Vista aérea de Solanell, el pueblo donde vive Tomás. (@Monxileros/YouTube)
Vista aérea de Solanell, el pueblo donde vive Tomás. (@Monxileros/YouTube)

Para el entrevistado, la soledad dejó de ser una amenaza y se transformó en una herramienta de meditación y autoconocimiento. “Es un elemento que te ayuda a reflexionar, a pensar, a desfragmentar el cerebro en la vida propia”, comenta. “Es una soledad querida. Lo malo es cuando una persona está aislada y no es este lugar, porque aquí no siento el aislamiento”, añade. “Al final, el sosiego y la paz que tienes en este rincón no los encuentras en ningún otro lugar”, concluye feliz con su decisión.

Tomás destaca la impagable tranquilidad que le transmite su refugio frente al estrés del mundo moderno. Sin embargo, detalla que, a pesar de vivir en un entorno remoto, mantiene un contacto muy frecuente y estrecho con sus amigos y seres queridos.

Cómo se vivie en un pueblo abandonado

La vida diaria en un pueblo prácticamente deshabitado como Solanell implica adaptarse a la ausencia de servicios y a un ritmo marcado por la naturaleza. El silencio es constante y las tareas cotidianas exigen autonomía, desde el abastecimiento de víveres hasta el mantenimiento de la vivienda. Para Tomás Vallavanete, esta nueva etapa vital que inició desde cero hace unos años se traduce en una rutina sencilla, sin las distracciones ni los gastos habituales de la ciudad.

Tomás explicando su vida en el pueblo abandonado de los Pirineos. (@Monxileros/YouTube)
Tomás explicando su vida en el pueblo abandonado de los Pirineos. (@Monxileros/YouTube)

Además, Tomás actualmente se sostiene económicamente gracias al subsidio para mayores de 52 años, que le aporta unos 480 euros al mes, cantidad que complementa con algunos pequeños trabajos puntuales en la zona.

Solanell simboliza el destino de muchos pueblos rurales de los Pirineos: envejecimiento demográfico, viviendas en ruinas y una población que no supera las doscientas personas. Así, historias como la de Tomás nos recuerdan que muchos de estos pueblos, que durante años parecieron condenados al olvido, todavía tienen mucho que ofrecer. Son lugares llenos de historia, de patrimonio y de una forma de vida que merece ser conservada. Quizás el futuro de estos rincones dependa de personas como él, dispuestas a darles una segunda oportunidad y a mantener viva su esencia.

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