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El viaje nómada de Natalia Gómez a través de la España vaciada que le devolvió su identidad: “Miras al corzo y te das cuenta de que para vivir necesitas casi lo mismo que él, poca cosa”

La madrileña Natalia Gómez del Pozuelo habla con ‘Infobae’ sobre los aspectos más íntimos del camino que le llevó a escribir ‘La mirada del corzo’

Natalia Gómez del Pozuelo, autora de 'La Mirada del Corzo' (Montaje Infobae, Cedida)
Natalia Gómez del Pozuelo, autora de 'La Mirada del Corzo' (Montaje Infobae, Cedida)
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“Una pulsión había crecido en mí con la fuerza imparable del deseo: salir de casa andando, hacia donde me llevara la vida, y ver el mundo a la velocidad del paso”, son las primeras palabras que te encuentras en la novela de ‘La mirada del corzo’ de Natalia Gómez del Pozuelo. En ella, la escritora madrileña de 59 años narra la odisea que la llevó a recorrer caminando la España vaciada para hallar “una nueva forma de estar en el mundo y de vincularse” y “reconstruirse en el camino”, como reconoce la autora en la contraportada de su libro.

Durante la lectura, Natalia relata cómo la marcha, que decidió emprender hace cuatro años, llevando únicamente lo mínimo indispensable y lo que podía llevar encima o en La Paca (la mochila y su compañera de viaje), cambió de rumbo, pero no de propósito. Y es que el camino que comenzó a pocos kilómetros de su casa en Madrid logró cerrar un proceso de desprendimiento que comenzó hace veinte años con la crisis de los cuarenta.

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En aquel momento, renunció a su puesto como directiva de empresa —en torno a 2007 o 2008—, abandonó una vivienda gigantesca que la obligaba a mantener ese empleo y terminó con su matrimonio. Pero, ¿por qué? “Esa expectativa de lo social y de lo familiar a mí me estaba generando malestar. O sea, estaba llevando una vida supuestamente exitosa, pero me generaba malestar”, confiesa Natalia en una conversación con Infobae. Así, la experiencia de caminar sola por el monte respondía a una cuestión mayor: “Ver de verdad y tratar de experimentar qué era lo mínimo que yo necesitaba para vivir”.

La mirada del corzo que marcó el camino

Uno de los motivos por los que Natalia decidió cumplir esta idea fue en parte para reescribir “recuerdos nuevos sobre los viejos” que tenía con su segundo gran amor. Junto a él ya había hecho viajes por la naturaleza con una caravana y un año antes de llevar a cabo su recorrido por la España vaciada, se había aventurado a hacer otro viaje sola en camper.

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Natalia Gómez del Pozuelo durante su viaje por la España Vaciada con su sombrero, los bastones y La Paca (Cedida)
Natalia Gómez del Pozuelo durante su viaje por la España Vaciada con su sombrero, los bastones y La Paca (Cedida)

Pero este nuevo desafío conllevaba otros riesgos: estar solo frente a cualquier animal salvaje, encontrarse un desconocido de noche en el monte, perder el rumbo, quedarte sin comida... Pero al dar los primeros pasos se dio cuenta de que “tenemos una especie de pretensión de control que es absolutamente ridícula”, sostiene la autora.

Algo de lo que se dio cuenta cuando, a los pocos pasos de comenzar su viaje, se cruzó con un corzo. Tras mirar hacia Natalia y ver que no corría peligro, siguió su camino en paz. Este pequeño detalle le hizo mantener una mentalidad muy marcada: “Lo que venga va a venir; ya reaccionaremos”. Al final, buscaba “conectar con el entorno, no tratando de controlarlo, prever los peligros y acordarte de cosas. No, es estar”.

Así, a pesar de todo a lo que se enfrentaría en su camino y de lo que aún no era consciente, Natalia pasó su primera noche al ras del suelo, sin casi haber tenido mucha oportunidad de conciliar el sueño por el ruido de unas fiestas lejanas, pero sin miedo. “Abres y ves esas luces del amanecer, que además en el rocío brilla todo. Entonces, se te llena el alma de belleza y, encima, ver que no hay miedo, dices: ‘¡Oh, podemos vivir sin miedo!’”. En ese instante volvía la mirada. “Te encuentras con el corzo y te das cuenta de que para vivir necesitas casi lo mismo que él, poca cosa”.

“Tienes tan poco control que solo te puedes entregar a la experiencia”

Teniendo este pensamiento, Natalia pudo tener la transformación personal que tanto ansiaba. En su camino se enfrentó a animales salvajes: “Es tan radical lo que está pasando y tienes tan poco control que solo te puedes entregar a la experiencia. No hay nada que tú puedas hacer que vaya a transformar la experiencia. Entonces, te entregas al miedo”, afirma recordando un episodio de gran tensión con un jabalí.

Natalia Gómez del Pozuelo durante su viaje por la España Vaciada con su sombrero, los bastones y La Paca (Cedida)
Natalia Gómez del Pozuelo durante su viaje por la España Vaciada con su sombrero, los bastones y La Paca (Cedida)

“Solo se trataba de caminar, escribir, comer y descansar. No parecía tan complicado”, escribe la autora en el libro. No obstante, una lesión en el tobillo izquierdo provocó un cambio de rumbo en el viaje que cambió todos sus planes. “Por mí, me daba un poco igual si me tenía que volver, o si no, porque no tenía expectativas ni una finalidad. Pero claro, llevas a dos mil testigos que encima se lo están pasando pipa”, aclara Natalia haciendo referencia a todos los lectores de su newsletter que actualizaba cada día para compartir su aventura.

De este modo, aunque “me dio un poco de vértigo, me duró un minuto”. Y es que un aspecto crucial en su transformación fue desactivar el condicionamiento de la complacencia, que empuja en muchas ocasiones a las mujeres a “agradar tanto con nuestros cuerpos como con nuestras acciones”. Especialmente, en ese momento, que luchaba contra una dicotomía entre la responsabilidad con ellos y tu libertad propia.

Pero gracias a diferentes experiencias personales, Gómez comprendió que es imposible asumir la carga ajena: “No te puedes hacer cargo del bienestar de nadie. Ni padre, ni hijo, ni hermana, ni amiga, ni novio. De lo único que de verdad tienes a tu cargo es tu propio bienestar”, comenta. Lejos de tener esto como un pensamiento egoísta, aboga por la priorización propia: “Necesitamos reeducarnos en la priorización propia, porque muchas veces relegamos proyectos importantes para nosotras en pos del bienestar familiar o de pareja”.

Así, aunque en casa no tenía la situación ideal para llevar a cabo su viaje y tuvo que tomar una decisión “realmente difícil”, eligió lanzarse de todas formas. “Si pasa algo, me llamarán, y volveré. Siempre vivimos con un por si acaso, pero ¿por si acaso qué?”. Hoy, agradecer haber tomado ese camino, porque en esas largas horas en las que andas, comes y duermes sin tener a nadie al lado y en sintonía con la naturaleza, “se apagan todos los pensamientos y de repente te quedas con la mente limpia. Entonces, te escuchas mucho mejor a ti misma”.

Natalia Gómez del Pozuelo durante su viaje por la España Vaciada con su sombrero y La Paca (Cedida)
Natalia Gómez del Pozuelo durante su viaje por la España Vaciada con su sombrero y La Paca (Cedida)

“El malestar es el gran maestro”

Esta filosofía también la acompaña cuando piensa en las relaciones sexoafectivas. El hecho de poder “encimar recuerdos” le ayudó a completar su sanación amorosa. A pesar de que durante el proceso tropezó de nuevo al intentar complacer a otra persona, a día de hoy, confiesa que está liberada de la necesidad de encontrar pareja. “Cuando aparece la posibilidad amorosa, de pronto los dos cargamos con sus expectativas, de sus ideas sobre el amor”, recuerda Natalia con uno de los pasajes que documenta en su diario novelado.

De cara al futuro, prioriza un afecto tranquilo basado en la paz mutua: “Me gustaría realmente tener un amor más parecido a la amistad. O sea, con los buenos amigos y las buenas amigas no hay ansiedad mutua. Ni estás neurótico porque no te ha llamado. Hay bienestar”, explica para Infobae. En su caso, su organismo “me sacaba a mí misma a trompazos de los sitios en los que no quería estar”, escribe la autora en el libro.

De esta manera, aconseja que quienes viven sumidos en la insatisfacción, ya sea profesional o personal, que escuchen al cuerpo, porque “el malestar es el gran maestro”. Al final, “mis cambios han sido más de irme de sitios en los que no quería estar que de llegar a no sé dónde. Entonces, ese irme, ¿por qué? Porque arranca de ese malestar del que hablábamos”, insiste.

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