Una experta en marca personal sobre el príncipe George: “No debería ser presentado como el responsable de salvar la monarquía”

Ana Jiménez, experta en marca personal de autoridad, habla con ‘Infobae’ sobre el papel y la representación del hijo mayor de los príncipes de Gales

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El príncipe George viaja en un carruaje como parte del desfile Trooping the Colour 2025. (REUTERS/Isabel Infantes)
El príncipe George viaja en un carruaje como parte del desfile Trooping the Colour 2025. (REUTERS/Isabel Infantes)

El príncipe George celebró este martes 22 de julio su 13 cumpleaños, una fecha simbólica que marca su entrada en la adolescencia y coincide con una etapa de creciente protagonismo dentro de la familia real británica. Aunque todavía quedan muchos años para que asuma responsabilidades institucionales de primer nivel, cada una de sus apariciones públicas parece responder a una estrategia cuidadosamente diseñada que busca preparar a la opinión pública de la sociedad británica para el futuro, a su vez sin renunciar a proteger su infancia.

Con motivo de este aniversario, la casa real británica ha difundido un nuevo retrato oficial del segundo en la línea de sucesión al trono, una imagen que vuelve a poner el foco sobre el papel que desempeña el hijo mayor de los príncipes de Gales dentro de la institución. Pero, ¿cómo se construye la autoridad de un futuro monarca cuando todavía es un adolescente?

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Guillermo, príncipe de Gales, la princesa Carlota y el príncipe Jorge de Gran Bretaña en el palco real antes del partido final entre el italiano Jannik Sinner y el alemán Alexander Zverev (REUTERS/Marko Djurica).
Guillermo, príncipe de Gales, la princesa Carlota y el príncipe Jorge de Gran Bretaña en el palco real antes del partido final entre el italiano Jannik Sinner y el alemán Alexander Zverev (REUTERS/Marko Djurica).

Para la experta en marca personal de autoridad Ana Jiménez, la clave está en comprender que George aún no está desarrollando una marca propia, sino formando parte de una estrategia institucional mucho más amplia. “Sigue siendo un menor y su identidad pública está completamente integrada dentro de la marca de la casa real británica”, explica. En su opinión, el verdadero objetivo en estos momentos no es convertirlo en un futuro rey ante la opinión pública, sino generar familiaridad: “La institución necesita que la sociedad lo conozca, lo vea crecer y empiece a identificarlo como una figura vinculada al futuro de la Corona, pero sin convertir su infancia en una representación permanente”.

Precisamente por ello, considera que la autoridad no se construye adelantando etapas. “No consiste en obligarlo a parecer un rey antes de tiempo, sino mediante pequeñas apariciones muy seleccionadas, en escenarios con una fuerte carga simbólica y siempre acompañado por su familia”, señala.

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Ese equilibrio entre visibilidad y protección resulta esencial para preservar su naturalidad. Lejos de pensar que la infancia debe separarse de golpe de su futuro institucional, Jiménez defiende una evolución gradual: “La transición tiene que producirse de manera progresiva y acompañar su propia madurez. Actualmente, la sociedad ya no espera figuras institucionales completamente distantes o inaccesibles. Necesita reconocer cierta humanidad en ellas”.

La princesa de Gales y su hijo mayor, el príncipe George, en una imagen de redes sociales. (Instagram @princeandprincessofwales)
La princesa de Gales y su hijo mayor, el príncipe George, en una imagen de redes sociales. (Instagram @princeandprincessofwales)

En ese sentido, considera positivo que el público pueda verlo comportarse como cualquier chico de su edad. “Cuando George se muestra tímido, espontáneo o incluso algo incómodo, genera empatía. Nos recuerda que, antes de representar a la Corona, es un adolescente que está creciendo dentro de una situación extraordinaria”, expresa Jiménez.

De hecho, otro de los aspectos fundamentales en la construcción de esa imagen es la comunicación no verbal. Al no conceder entrevistas ni expresar públicamente sus opiniones, cada fotografía y cada aparición adquieren un valor especial. “Gran parte del mensaje se construye mediante imágenes”, afirma la especialista.

Trooping the Colour
El príncipe George y la princesa Charlotte, en un carruaje Landau de Ascot en The Mall, Londres. La ceremonia celebra el cumpleaños del rey Carlos III. Crédito: (SOPA Images Limited/Alamy Live News)

Según explica, la alternancia entre atuendos más solemnes durante los actos oficiales y un estilo más relajado en eventos familiares o deportivos permite proyectar una doble idea: sigue siendo un niño, pero al mismo tiempo pertenece a la línea de sucesión. Y es que el comportamiento también ofrece numerosas claves: “Además, es habitual que George mire a sus padres buscando referencias sobre cómo comportarse. Lejos de transmitir inseguridad, eso refuerza la idea de aprendizaje”.

Durante los últimos meses, especialmente tras el anuncio de la enfermedad de la princesa de Gales, muchos observadores han interpretado que George ha adoptado una actitud más seria en sus apariciones públicas. Sin embargo, Ana Jiménez invita a ser prudentes: “No sería adecuado que un niño de 13 años sintiera que debe sostener la imagen de la institución o transmitir tranquilidad a la sociedad. Esa responsabilidad pertenece a los adultos”. A su juicio, participar en determinados actos junto a su familia puede servir para transmitir continuidad y estabilidad, pero sin convertirlo en protagonista ni cargar sobre él un peso que no le corresponde.

Nuevo retrato del príncipe George de Reino Unido (CASA REAL BRITÁNICA/Matt Porteous).
Nuevo retrato del príncipe George de Reino Unido (CASA REAL BRITÁNICA/Matt Porteous).

La estrategia de comunicación que rodea al joven príncipe también difiere notablemente de la que vivieron su padre y su abuelo. “El heredero está creciendo en un contexto completamente distinto; una época en la que cualquier fotografía, gesto o expresión puede difundirse, comentarse y convertirse en contenido en cuestión de minutos”, explica.

Un papel diferente al de su abuelo y su padre

Por ello, considera que la casa real británica ha optado por una política mucho más protectora, limitando sus apariciones públicas a contextos muy concretos y reforzando la dimensión familiar. “El rey Carlos fue educado principalmente como heredero. El príncipe Guillermo fue presentado como el joven que debía modernizar la monarquía. Y George aparece, sobre todo, como parte de una familia”.

Quién es quién en la casa real británica: del rey Carlos, el más tardío de la historia, al polémico príncipe Andrés.

De cara al futuro, la experta cree que la monarquía británica afronta importantes desafíos para mantener su relevancia en una sociedad cada vez más crítica con las instituciones tradicionales: “Cuando la información institucional es insuficiente o confusa, las redes sociales llenan el vacío con rumores, teorías y especulaciones”. De esta manera, destaca la necesidad de ofrecer una comunicación más transparente sin renunciar a la privacidad y “evolucionar sin perder el simbolismo que justifica su propia existencia”.

“George será una pieza fundamental de esa evolución, pero no debería ser presentado como el responsable de salvar la monarquía. Su imagen puede representar futuro, continuidad y renovación. Sin embargo, la credibilidad de la institución dependerá de las decisiones que tomen hoy los adultos que la dirigen”, termina reflexionando Ana Jiménez.

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