Sale a la luz la herencia de 1,6 millones de euros de la duquesa de Kent: el único testamento público de los Windsor sorprende con una excepción histórica

Desde 1910, las últimas voluntades de los miembros de la familia real británica permanecen custodiadas bajo llave por el Tribunal Superior

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La duquesa de Kent
La duquesa de Kent y sus últimas voluntades. (Grosby Group)

La publicación del testamento de Katharine Worsley, duquesa de Kent, ha provocado una inesperada sacudida en el entorno de la familia real británica. En una institución donde el hermetismo sobre los bienes y disposiciones finales es norma, la transparencia de este documento representa una novedad casi absoluta. Los testamentos de los Windsor permanecen sellados durante generaciones, a menudo ocultos durante al menos 90 años, por lo que acceder a las últimas voluntades de una consorte es un fenómeno que rara vez sale a la luz.

El fallecimiento de la duquesa, ocurrido el pasado septiembre a los 92 años, abrió la puerta a una serie de revelaciones inéditas. Se trata de la primera vez en décadas que se conocen de forma oficial los detalles económicos y sentimentales de una herencia real, lo que ha suscitado interés tanto por su contenido como por el contexto en que se produce. La explicación estaría en que la duquesa dejó de ejercer funciones oficiales en 2002, quedando fuera del círculo más protegido de la monarquía británica y, por tanto, de las excepciones legales habituales.

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El documento revela que la duquesa de Kent dejó una fortuna de 1,43 millones de libras (aproximadamente 1,6 millones de euros), cifra que se reparte entre sus herederos más directos y algunas instituciones y personas de su entorno más estrecho. El testamento detalla tanto la distribución del dinero como el destino de bienes personales y propiedades, dejando constancia de decisiones muy concretas y, en algunos casos, llamativamente singulares.

Todos los detalles del reparto de la herencia

La mayor parte del patrimonio de Katharine Worsley fue dirigida de forma clara hacia sus tres hijos: George Windsor, conde de St Andrews; Lady Helen Taylor y Lord Nicholas Windsor. El reparto entre ellos se realiza tras descontar gastos legales y funerarios, siguiendo un esquema detallado en el documento. Además, la duquesa destinó un legado de 10.000 libras a la organización Future Talent Musicians, fundada por ella en 2004 con el objetivo de apoyar a jóvenes músicos de familias con recursos limitados.

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El testamento también incluye una serie de legados personales. Cada uno de los nueve ahijados de la duquesa recibirá 5.000 libras (unos 5.900 euros), un gesto que subraya el vínculo personal que mantenía con ellos. Por su parte, todos los bienes personales, joyas, muebles, objetos de valor sentimental, pasan a manos de su marido, el duque de Kent, aunque con la instrucción de que reparta algunas pertenencias siguiendo las notas o deseos que la propia duquesa haya dejado por escrito.

En cuanto a las propiedades, destaca de forma excepcional el legado a su nieto Edward Windsor, barón de Downpatrick, quien recibe la participación de su abuela en una vivienda situada en Edwardes Square, uno de los barrios más exclusivos de Londres. Se trata del único de los diez nietos que figura de forma individual en el reparto, una particularidad que ha llamado la atención en el entorno real.

La rareza del testamento de la duquesa de Kent

El documento establece que el duque de Kent recibirá durante el resto de su vida los ingresos generados por un fideicomiso familiar, el Worsley Settlement. Una vez fallecido el duque, la mitad de ese patrimonio irá a parar a su hijo mayor, George Windsor; un tercio corresponderá a Lord Nicholas Windsor y una sexta parte a Lady Helen Taylor. Esta estructura asegura que la distribución de los fondos se mantenga dentro del núcleo familiar, respetando las instrucciones originales de la duquesa.

Las últimas voluntades de la duquesa de Kent
El testamento público de la duquesa de Kent. (Grosby Group)

Entre las excepciones más notables figura la decisión de legar una propiedad concreta a un solo nieto, Edward Windsor, primogénito del primogénito y ahijado de Diana de Gales. Se le atribuye una relación especialmente cercana con la duquesa, reforzada por afinidades personales y la fe católica que ambos comparten. Este gesto no solo lo distingue entre sus hermanos y primos, sino que introduce una nota personal y diferenciadora en un testamento que por lo general opta por la equidad.

Desde 1910, las últimas voluntades de los miembros de alto rango de la familia real británica permanecen fuera del registro público, custodiadas bajo llave por el Tribunal Superior. La publicación del testamento de Katharine Worsley rompe esa tradición centenaria, convirtiéndose en la única consorte Windsor cuyo legado puede conocerse en detalle. La duquesa, que en vida ya había sido pionera en varios aspectos, como su conversión al catolicismo y su trabajo docente fuera de la vida oficial, vuelve a destacar por una decisión insólita y transparente.

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