Kari, la fotógrafa que emigró de Rusia por ser lesbiana: “Cuando empieza la guerra, sabes que mañana vendrán a por ti”

A sus 24 años, tras huir del conflicto, ha encontrado en Valladolid el refugio para ser ella misma y visibilizar la realidad de los migrantes LGTBIQ+ a través de su cámara

Guardar
Google icon
Kari, la joven que emigró de Rusia por ser lesbiana, en un autorretrato. (Imagen cedida)
Kari, la joven que emigró de Rusia por ser lesbiana, en un autorretrato. (Imagen cedida)

Lleva casi tres años fuera de Rusia, pero Kari ya se siente una vallisoletana más. Aunque su carrera profesional en el mundo de la fotografía comienza a despegar, todavía debe compaginar su pasión con trabajar en hostelería. Su camino hasta aquí no ha sido lineal: antes de mudarse a España, estudió programación con la idea de que ese sería su futuro. Sin embargo, la fotografía llegó más tarde, como una necesidad de expresión, identidad y supervivencia.

Kari emigró en septiembre de 2022. Aunque ha pasado la mayor parte del tiempo asentada en Valladolid, sus primeros meses fueron un tránsito que incluyó estancias cortas en Barcelona y Palencia. Su objetivo final, confiesa, es mudarse a Bilbao, atraída por el norte del país. Pero llegar hasta aquí fue el resultado de una huida contrarreloj provocada por el estallido de la guerra en Ucrania y la certeza del peligro.

PUBLICIDAD

Tomó la decisión de marcharse junto a su pareja de entonces para pedir asilo político en España. “Llegamos justo cuando empezó la guerra”, relata sobre aquel febrero de 2022 que vivió en shock absoluto. “Nosotras siempre hemos sido de izquierdas y ya sospechábamos que algo así podía pasar, pero cuando ocurrió nos miramos y dijimos: ‘Nos tenemos que ir’”. Quedarse implicaba el dolor de ver a su país matando a civiles, pero también un riesgo directo: “Siendo una persona queer, sabes que si hoy empiezan con esto, mañana vendrán a por ti”.

Kari durante la inauguración de su exposición de fotografía en Valladolid. (Imagen cedida)
Kari durante la inauguración de su exposición de fotografía en Valladolid. (Imagen cedida)

El tiempo demostró que no se equivocaban: apenas un año después de su partida, el Tribunal Supremo de Rusia ilegalizó el movimiento LGTBIQ+ al clasificarlo como “organización extremista”, una decisión que desató redadas masivas y penas de cárcel. Los meses previos a la huida fueron una odisea de planificación en medio de un colapso burocrático; intentaron pedir un visado para Hungría como puente, pero les fue denegado. Finalmente, España abrió su centro de visados y se convirtió en su única opción viable por sus facilidades para obtener el asilo por orientación sexual.

PUBLICIDAD

Llegar a Valladolid, sin embargo, fue fruto del azar. El colapso del sistema de citas de asilo en la policía española les impidió elegir destino. “Al principio nos gustaba Barcelona, pero es caro y en aquel momento era imposible encontrar cita allí”, comenta. El sistema informático solo les ofreció dos alternativas: Vigo o Valladolid. Como en la ciudad gallega solo quedaba una cita disponible y ellas necesitaban dos para no separarse, se decantaron por la ciudad del Pisuerga.

“Me alivió saber que no iba a necesitar tener marido”

“Soy de un pueblo muy pequeño”, señala Kari al recordar sus orígenes. Creció en una escuela de apenas 40 personas, donde siempre fue consciente de que su manera de sentir iba más allá de la normatividad del entorno. A los 12 años entendió que era lesbiana. “Cuando me di cuenta, sabía que no tenía a nadie a quien contárselo. Incluso a mis padres, sabía que no me iban a entender”, lamenta.

Kari con una bandera durante el Orgullo LGTBI+. (Imagen cedida)
Kari con una bandera durante el Orgullo LGTBI+. (Imagen cedida)

El armario fue obligatorio durante su adolescencia, una época tan traumática que confiesa que su cerebro ha borrado muchos recuerdos como mecanismo de defensa. Sin embargo, en su círculo de amigos de confianza sí lograba ser abierta. A pesar de la dureza, recuerda con una sonrisa el momento exacto en el que se aceptó a sí misma: “Me dio tanto alivio saber que no iba a necesitar tener un marido. Pensar que podía estar sola o con una mujer... Cuando entiendes eso, dices: ‘Guau’”.

A los 16 años se mudó a San Petersburgo para estudiar y allí convivió durante años con su pareja. Para sus padres la realidad era un secreto a voces, pero el tabú se rompió recientemente desde España. Kari confrontó a su madre sobre aquella supuesta “compañera de piso” y quiso saber si era consciente de que en realidad era su novia. La respuesta llegó al otro lado del teléfono con un frío y rotundo “hombre, claro”.

“En España puedes ser tú mismo y decir quién eres”

Actualmente, España se encuentra en los puestos más altos de Europa en materia de derechos LGTBIQ+, según el índice internacional Rainbow Europe. Aunque las asociaciones estatales siguen lamentando el repunte de los discursos de odio y las agresiones, para Kari la comparación con su país de origen ofrece un abismo de diferencia.

“No puedo decir que toda la gente tenga la mente abierta, pero hay muchísima más”, explica. “Desde el principio sientes que puedes ser tú misma, decir quién eres y cómo eres. En los últimos años he logrado estar bien con mi propio ser: cómo soy, cómo me visto, cómo me corto el pelo. Para mí es vital no tener que pensar constantemente qué ropa ponerte, de qué puedes hablar y de qué no. En Rusia tenías que esforzarte y tener cuidado para no contar ciertas cosas. Aquí no hace falta”, relata.

El primer Orgullo LGTBI de España: cuando Barcelona se levantó por la liberación homosexual.

Emigrar con 21 años aceleró un crecimiento personal que aún continúa. Desde niña intuía que tendría que marcharse para ser feliz y formar una familia, pero el cambio llegó de forma precipitada por el conflicto y con una gran barrera: el idioma. “Llegué a España sabiendo cero de español”, recuerda. Mientras su expareja había aprendido nociones básicas antes de salir y, apoyándose en el buen nivel de inglés que Kari tenía, decidieron que “algo podrían hacer” para salir adelante.

Durante sus años en Rusia tuvo que enfrentarse a la discriminación por ser lesbiana, algo que la obligaba a esconderse todos los días: “Teníamos que decir que era mi amiga”. Tras seis años de relación, la falta de derechos y el miedo a la violencia eran una amenaza cotidiana. “Te jode mucho. Piensas ya en cosas importantes como si alguna de las dos va a un hospital y la otra no puede visitarla”, lamenta. Kari recuerda el día en el autobús cuando un hombre “alargó la mano para darnos una hostia”, aunque no llegó a pasarle nada. “Es el miedo con el que vives todos los días. Estás pensando: ‘Ay, a ver si alguien me sigue, a ver si alguien me pega’”, relata.

En España, el único episodio amargo lo vivió en el centro de acogida para migrantes donde residió al llegar a Valladolid. Unos niños ucranianos que sabían que eran rusas comenzaron a insultarla por su estética. “Me jodió mucho”, confiesa. “Estás en un centro de acogida donde no tienes nada, estás supervulnerable, solo tienes una cama que ni siquiera es tu casa, y que encima te estén llamando maricón”, indica.

Esta experiencia, sumada al contexto político actual, hace que Kari mire con preocupación el auge de los discursos de extrema derecha en España y Europa: “Me da mucha rabia porque siento que algo se está repitiendo. Por mi pasado, sé perfectamente qué puede pasar cuando se empieza a cerrar la mente de la gente y aumentan estos comentarios”.

Kari junto a sus amigas el día de la inauguración de su exposición fotográfica en Valladolid. (Imagen cedida)
Kari junto a sus amigas el día de la inauguración de su exposición fotográfica en Valladolid. (Imagen cedida)

“Pensaba que estaba sola en el mundo y que nadie me iba a entender”

La fotografía entró en su vida hace apenas dos años. Aunque empezó capturando naturaleza y rechazaba retratar a personas, un curso la retó a buscar historias humanas: “Necesitaba contar algo importante, que me llene y me toque el corazón”, explica. Así, uniendo su cámara con su propia biografía, nació la idea de retratar la diversidad de la comunidad LGTBIQ+ y migrante de la mano de Fundación Triángulo. Al principio, Kari dudaba de si encontraría perfiles como el suyo en una ciudad pequeña: “Pensaba que estaba sola en el mundo y que nadie me iba a entender, pero descubrí que todos los participantes sentían exactamente lo mismo: que estaban solos”.

El resultado fue “Entre lo visible y lo invisible”, una exposición en el Espacio Joven Norte de Valladolid que invita a sumergirse en las vidas de la migración queer. Tras el rotundo éxito de la muestra, que ha servido para tejer una red comunitaria y devolver la identidad a sus protagonistas, Kari tiene claro que quiere volcarse en el formato documental. Su meta es publicar un fotolibro y visibilizar a quienes chocan con la supuesta normalidad sin recrearse en el drama: “Quiero reflejar la tranquilidad que intentamos tener, dar visibilidad a nuestras vidas y decirle al mundo: ‘Mira, soy una persona como tú’”.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD