
Como cada verano, España enfrenta los próximos meses amenazada por el fuego y el humo. En lo que va de año, según el último avance informativo de incendios forestales del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), ya se han quemado cerca de 38.000 hectáreas, lo que casi triplica la cifra del mismo periodo en 2025.
Ante esta situación, se teme que el verano de 2026 supere en datos al del año anterior, que se convirtió en la peor temporada de los últimos 30 años con más de 350.000 hectáreas arrasadas. El fuego, sin embargo, es impredecible. “Si este año el verano va a ser peor o mejor, no lo sabemos”, explica a Infobae Valentín Gómez Mampaso, ingeniero de montes del Instituto de la Ingeniería de España. “Los incendios de invierno se producen normalmente en la cornisa cantábrica, cuando viene viento sur, que ha atravesado toda la península, y se ha secado. Este año la campaña de viento seco, que es desde febrero a abril, habrá durado más tiempo, pero eso no significa que este año vaya a ser mejor o peor”.
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Las circunstancias que se dieron en agosto de 2025 —cuando se concentró en solamente dos semanas el 90% de la superficie quemada de todo el año— “no se habían visto nunca en la Península Ibérica”. Tres continentales saharianas provocaron que no bajase prácticamente la temperatura en España hasta los días 18-19 y que el mes fuese “tremendo de incendios”: “Fue cuando tuvimos todos los grandes incendios”.
De hecho, nuestro país enfrenta un serio escenario en este sentido: pese a que se reduce el número de fuegos, aumenta la proporción de grandes incendios forestales (GIF), que son los que queman más de 500 hectáreas. El año anterior hubo más de 60 y lo usual es que no pasen de 15 o 20. En lo que llevamos de año, ya se han producido algunos, como el de Losar de la Vera (Cáceres), el del Parque Nacional de Doñana (Huelva), el de Villanueva de los Castillejos (Huelva) o el de Tamarite (Huesca).
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¿Por qué España es propensa a los incendios forestales?
España, junto con el resto de los países mediterráneos, tiene unas condiciones climáticas poco favorables para la resistencia a los incendios, explica el portavoz del Instituto de la Ingeniería de España, entidad de derecho privado y utilidad pública que agrupa las nueve ingenierías regulares que existen en España y que cuenta con más de 100.000 ingenieros de todas las titulaciones. “Son climas secos, con veranos muy largos en los que no llueve casi”.
Además, el aprovechamiento de la vegetación mediterránea es poco rentable desde que en España el gas butano y la electricidad han permitido dejar de depender de la leña como combustible. Así, se acumula la biomasa y “los montes cada vez generan más peligro”.
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Junto a esto, el cambio climático, que Gómez señala que siempre ha existido, pero que ahora se está acentuando mucho más, influye en buena medida, con periodos de sequía más acusados y continentales saharianas que dejan condiciones proclives a los incendios. Es la conocida como clave de los 30: “Más de 30 grados centígrados, más de 30 kilómetros por hora de velocidad del viento y menos del 30% de humedad”.
Pese a ello (o quizá debido a ello), el ingeniero de montes defiende que “España es el país mejor preparado para el combate contra los incendios forestales del mundo”. No solo se refiere a medios, sino a términos más relativos: “Somos un país que asesoramos y damos ayuda a otros muchos países en temas de incendios forestales”.
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El problema es que la emergencia climática provoca que cada vez sea más difícil y dura la lucha contra las llamas: “Recuerdo un año en el que en el mes de septiembre había escasez presupuestaria y les propusimos quitar los helicópteros el 15 de septiembre porque ya estaba lloviendo. Ahora no creo que haya nadie en España que, por muy bien que venga el año, se plantee quitar medios de extinción el 15 de septiembre porque la campaña de incendios es hasta el 15 de octubre”. De igual manera, también se ha adelantado.
Además, por mucha prevención y planificación que exista, los recursos no son ilimitados: “¿Qué preparación y qué medios puedes tener cuando en Castilla y León el año pasado había cuatro incendios en la misma provincia de más de 5.000 hectáreas simultáneamente?”, destaca Gómez. “No puedes tener miles y miles de personal en los retenes, no puedes tener cientos de helicópteros porque eso es inviable”. En esos momentos, debe primar el sentido común y el ataque inmediato: “Defender lo que sea prioritario, núcleos urbanos e infraestructuras, y dejar que se queme lo que menos valor ecológico tiene”.
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Prevención y gestión forestal: claves para evitar que se repita el verano de 2025
La prevención es fundamental para evitar que, cuando llegue el fuego, se encuentre con un terreno especialmente propicio para la expansión de las llamas. En este contexto, el pastoreo, la gestión del agua y la limpieza —desbroces, claras, podas de altura o quemas prescritas—, para que el monte sea lo menos combustible posible, son muy importantes. “Si el monte no está desbrozado, prende fuego el matorral, quema las copas y entonces hace un fuego que es muchísimo más difícil de contener”.
Desde los colectivos que reclaman un mejor trabajo en la gestión de los montes se suele señalar que los incendios realmente se apagan en invierno, cuando es el momento de llevar a cabo actuaciones para evitar que el paisaje en verano sea favorable al fuego. El ingeniero de montes señala que así es en el caso de los desbroces y los clareos, pues utilizar esta maquinaria en temporada de riesgo de incendios podría producir alguna chispa y, de hecho, está prohibido. En el caso de la limpieza de fajas auxiliares y cortafuegos, debe hacerse en el momento oportuno: “Si tú quitas la hierba en abril, en mayo te vuelve a salir. Ahora se podría hacer bien, pero ya es una época en la que estamos llegando a inicio de la campaña y debería haberse hecho antes”.
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Todas estas actuaciones enfrentan un problema: la despoblación del entorno rural, que Gómez señala que está influyendo de forma clara. Con las mayores inversiones que se realizan en la prevención de incendios, se consigue que los retenes forestales duren más tiempo, lo que crea más puestos de trabajo, algo que resulta fundamental para evitar ese éxodo hacia las ciudades. “Para que las personas vivan y trabajen en el medio rural, tienen que tener un empleo digno y unos servicios aceptables”. Son estos retenes forestales, en los que ahora trabajan durante todo el año 30.000 personas, los que “realmente apagan los fuegos”.
En la población del medio rural también hay personas que se encargan de otras tareas igualmente fundamentales, como la concienciación, la educación y la colaboración formal en la extinción de incendios forestales. “A un incendio forestal no puedes mandar a cualquiera”, subraya Gómez. “Las personas del medio rural son muy importantes en la prevención de incendios forestales, pero debe existir una formación”. Solo así se conseguirán evitar tragedias. “Tenemos países mediterráneos que hasta hace muy poco no tenían sistemas permanentes de extinción de incendios forestales, tenían voluntarios”.
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La inversión en la gestión de los montes
La manera en la que se distribuye el terreno español también supone un problema en materia de prevención de incendios. “En España, el 60% del territorio es forestal y, de eso, el 70% es privado; solamente un 30% tiene gestión pública”. Debido a que los montes privados no suelen ser rentables porque la superficie media no llega a las cinco hectáreas, muchos de sus dueños no invierten en su gestión. “Hay gente responsable a la que no le importa gastarse dinero, que hace labores preventivas en sus fincas. Otros muchos no, porque el dinero que meten ahí es dinero perdido”.
Para conseguir que esta situación cambie, Gómez señala que “lo principal es sacar rentabilidad a los montes” y, para ello, “hay que intentar que se consuman sus productos”. “Yo soy un gran partidario del empleo de la biomasa como energía renovable”, defiende. Además, debe haber ayudas por parte de la administración para que estos propietarios de las fincas no rentables realicen las labores de gestión. “Lo que pasa es que, en las ayudas a los trabajos forestales, como los resultados se ven dentro de muchos años, políticamente no es fácil conseguirlas. Una carretera la ves hecha en seis meses, un ambulatorio lo arreglas y lo tienes perfectamente hecho. Con un tratamiento selvícola en un monte, el resultado lo vas a ver dentro de 20 años, si es que lo ves”.
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El comportamiento del fuego seguirá dependiendo, en buena medida, del viento, la temperatura o la lluvia. Sin embargo, la magnitud de los incendios no depende únicamente del clima. La gestión del monte, la inversión sostenida en prevención y la presencia de población en el medio rural son factores que pueden marcar la diferencia entre un incendio controlable y otro capaz de arrasar miles de hectáreas. Porque, aunque nadie puede evitar que el fuego aparezca, sí es posible reducir las condiciones que le permiten convertirse en una catástrofe.
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