
Es oficial. La Supercopa de España cambia de sede. Pero no es España. De Arabia Saudí se mueve a Estambul y se disputará del 2 al 7 de febrero. Real Madrid, FC Barcelona, Atlético de Madrid y Real Sociedad pelearán por el título en el Estadio Olímpico Atatürk, un recinto con capacidad para más de 75.000 espectadores y un lado oscuro en el fútbol turco y europeo.
Sobre el papel, el Atatürk impone. Es el estadio más grande de Turquía y con experiencia en grandes eventos: ha albergado dos finales de Champions, en 2005 y en 2023. Ubicado al oeste del país, lejos del núcleo urbano, arrastra un historial de problemas relacionados con los desplazamientos y la organización.
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El primer obstáculo viene por el aire. El Atatürk se levanta en una zona alta y abierta de Estambul, expuesta al viento, y durante años ha recibido críticas por las corrientes de aire que afectaban al juego. Así, las autoridades se vieron obligadas a actuar e instalar grandes paneles en las zonas más expuestas del recinto, entre ellas, las dos zonas detrás de la portería. A eso se suma el mes elegido. Febrero es uno de los meses con más viento en toda la región. Buen ejemplo de ello es la última Supercopa turca entre el Galatasaray y el Fenerbahçe, que tuvo que ser adelantada por la previsión de lluvia y fuertes rachas de viento.

La final de Champions de 2023, el gran antecedente que preocupa
El principal antecedente por el que medir con lo que se puede encontrar el aficionado que viaje a Turquía es la final de la Champions League de 2023 entre el Manchester City e Inter de Milán. El transporte fue uno de los grandes quebraderos de cabeza. Es más, la final de la Copa de Turquía de 2004/05 que enfrentaba a los dos grandes equipos turcos tuvo una afluencia de solo 17.000 espectadores, en parte por el boicot de aficionados que rechazaban desplazarse hasta allí.
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La UEFA puso en marcha autobuses lanzadera y zonas específicas para los seguidores en 2023, pero la experiencia no fue la esperada. La Football Supporters’ Association recogió testimonios sobre desplazamientos de hasta tres horas, falta de agua y aseos durante el trayecto y escasas alternativas para regresar después del partido. El propio presidente del organismo, Alexander Ceferin, reconoció después que “no todo fue perfecto” en la organización de la final.
Un estadio también cuestionado en Turquía
Pero las quejas no solo se quedan en los aficionados ingleses o italianos. En Turquía, su propio uso ha sido objeto de polémica política. El diputado del CHP por Kocaeli, Tahsin Tarhan, denunció que el recinto ha costado a los ciudadanos turcos 2,05 millones de euros y ha acogido apenas 271 partidos desde su inauguración en 2002. “El Estadio Olímpico Atatürk, que se encuentra en desuso y es una inversión perdida, cuesta a los ciudadanos 112,8 millones de liras turcas”, expuso.
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Eso sí, el estadio ha sido sometido a una profunda renovación entre 2020 y 2023, con un nuevo césped híbrido, la renovación de la iluminación y la mejora de vestuarios, palcos, zonas VIP y espacios para los medios de comunicación. Una reforma que, sin embargo, no impidió las quejas en la final de Champions.
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