La nueva era de incendios forestales extremos “requiere cambios profundos”: el 78% de los recursos se destina a extinción y solo el 12% a prevención

WWF urge a cambiar el modelo actual y priorizar la gestión sostenible del paisaje para reducir el riesgo y el impacto de los grandes incendios

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Imagen de un incendio que se produjo en agosto en 2025 en en A Pobra de Brollón, Lugo. (Carlos Castro / Europa Press)
Imagen de un incendio que se produjo en agosto en 2025 en en A Pobra de Brollón, Lugo. (Carlos Castro / Europa Press)

Investigadores y especialistas tienen claro que, si no se abordan ya cambios profundos y sostenidos, los incendios extremos dejarán de ser la excepción para convertirse en la norma, comprometiendo el futuro de los bosques, la biodiversidad y la vida en el medio rural. Así lo advierte la organización WWF en el informe anual que ha publicado este jueves bajo el título Incendios extremos: el reto de adaptar el territorio, donde recuerda cómo 2025, con ocho personas fallecidas y cerca de 355.000 hectáreas arrasadas, fue el peor año del siglo y uno de los más graves de la serie histórica con fuegos cada vez más severos, extensos y difíciles de controlar. La organización analiza las causas de estos siniestros y evalúa los avances y limitaciones del marco regulatorio actual, además de proponer un plan de acción integral basado en la prevención y la adaptación del territorio.

El informe revela cómo, en tan solo dos semanas del verano pasado, se concentró el 90% de la superficie quemada en todo el año, saturando los dispositivos de extinción y dificultando gravemente tanto la respuesta al fuego como las evacuaciones, que ascendieron a unas 42.000 en todo el país. El noroeste peninsular, sobre todo Galicia y Castilla y León, fue el territorio más golpeado, al registrar 32 grandes incendios, lo que supuso el 75 % de la superficie afectada a nivel nacional.

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El análisis de WWF advierte que el modelo de lucha contra incendios vigente ha tocado fondo ante el nuevo contexto climático, donde las olas de calor extremas, la sequía y el abandono rural se combinan para generar paisajes cada vez más vulnerables. La organización asegura que el 78% de los recursos se dedican actualmente a la extinción y apenas un 12% a la prevención y adaptación del paisaje, dejando a España a merced de una amenaza creciente y mal gestionada.

Bomberos trabajan en un incendio de la localidad de Gibraleón, Huelva, este mes de junio. (EFE/ José Manuel Vidal)
Bomberos trabajan en un incendio de la localidad de Gibraleón, Huelva, este mes de junio. (EFE/ José Manuel Vidal)

El 95% de los incendios se deben a causas humanas

La organización apunta a la falta de inversión en prevención, el uso tradicional del fuego en zonas rurales, la inacción política y el abandono de los usos agroforestales tradicionales como principales responsables de este escenario crítico. Según los datos recogidos, el 95% de los incendios siguen debiéndose a causas humanas, fundamentalmente a actividades rurales, mientras solo el 5% los provocan los rayos.

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La falta de información y planificación es otro de los problemas señalados por WWF: más del 60% de los incendios no llegan a esclarecerse, según el SEPRONA, y la desinformación en redes sociales y medios de comunicación no hace sino entorpecer la búsqueda de soluciones reales.

Un llamamiento urgente a la transformación

Tras este diagnóstico, WWF España lanza una alerta clara: es imprescindible un cambio de estrategia que vaya “más allá de la extinción” y aborde la gestión integral de los territorios, enfocándose en la prevención, mosaicos agroforestales y una planificación firme que ayude tanto a frenar el avance de las llamas como a revitalizar el medio rural.

Vídeos y fotografías aéreas que muestran las zonas verdes y hectáreas que han sido consumidas por el fuego (Fuente: greenpeace).

Solo mediante un pacto político sólido y medidas coordinadas a nivel nacional y autonómico, aseguran, se podrá evitar que los futuros veranos sean sucesiones de tragedias humanas, ambientales y económicas.

Frente a esta realidad, WWF reclama una serie de medidas urgentes dirigidas a todas las administraciones y actores clave, entre las que figuran aumentar la inversión en prevención y gestión adaptativa del territorio, con atención específica a las zonas de alto riesgo, y recuperar y fomentar los usos agroforestales tradicionales (ganadería extensiva, agricultura) junto a la restauración ecológica, elemento fundamental para diseñar paisajes menos vulnerables y más resilientes.

También reclaman blindar la interfaz urbano-forestal con planes de autoprotección y avanzar en la cultura de convivencia con el fuego, basada en la prevención y el conocimiento del riesgo, así como impulsar un ambicioso Plan Nacional de Restauración Ecológica y ç2articular una financiación justa, bajo el principio de ‘quien contamina paga, quien conserva recibe’“.

Además, la organización reclama mayor eficacia en la investigación de causas y aplicación de sanciones, y una evaluación homogénea y periódica de las intervenciones para asegurar su cumplimiento.

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