
Después de haber pasado por Madrid y Barcelona y haber reunido a millones de personas a su paso, el papa León XIV aterrizará en las islas Canarias en torno a las 10:50 de la mañana en la Base Aérea de Gando en Gran Canaria. En la isla solo se quedará un día, pero tendrá un gran itinerario: visitará el Puerto de Arguineguín, tendrá la recepción institucional en el Teatro Pérez Galdós, se encontrará con los miembros de la diócesis canaria en la Catedral de Santa Ana y, finalmente, oficiará una Santa Misa en el Estadio de Gran Canaria.
Durante su estancia en la isla, también disfrutará de la gastronomía local y tendrá el privilegio de alojarse en uno de los edificios episcopales con más historia del archipiélago: el Palacio Episcopal, un imponente edificio situado junto a la Catedral de Santa Ana, en el corazón del histórico barrio de Vegueta. Pero la visita al archipiélago no se debe a este factor patrimonial, sino que la visita apostólica radica en un motivo mayor: el reto migratorio humanitario y la necesaria movilidad de las autoridades y fieles. Como ha podido confirmar la organización del viaje, la ubicación del palacio es ideal para desplegar los operativos de seguridad reforzada.
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“El recinto se convertirá durante esos días en uno de los principales centros de coordinación de toda la etapa canaria de la visita papal, articulando desde allí buena parte de los movimientos relacionados con seguridad, logística, actos institucionales, recorridos pastorales y coordinación eclesial”, explican. Debido a ello, toda la zona histórica de Vegueta estará completamente blindada, sujeta a estrictos controles de acceso y considerables restricciones de movilidad peatonal y de tráfico. Así será también la jornada de mañana, 12 de junio, día en que el pontífice se cambiará de isla para completar su última etapa del viaje en Tenerife.

Todo sobre la estancia de León en el Palacio Episcopal
Con la información extraída de la Biblioteca Universitaria de Las Palmas de Gran Canaria, podemos saber que el Obispado de Canarias data de comienzos del siglo XV. Originariamente tuvo su sede en la hoy desaparecida ciudad de San Marcial del Rubicón (Lanzarote), pero fue trasladado a la nueva villa de Las Palmas en 1485, justo al finalizar la conquista de Gran Canaria. Fue el obispo don Juan de Frías quien impulsó esta iniciativa, cediéndose terrenos a los prelados junto a la recién erigida Catedral para levantar las originarias Casas Obispales. Dando origen a la historia de este palacio.
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No obstante, el edificio principal que albergará al papa León XIV fue levantado hace justamente cuatro siglos, en tiempos del obispo don Cristóbal Vela, quien ocupó la mitra canariense entre 1575 y 1581. Consta de dos plantas y su larga fachada principal fue construida en un estilo “sencillo y severo”. Su entrada destaca por una portada de sillería amarilla —recientemente restaurada— que, en la esquina de naciente, adelanta un vistoso balcón tradicional característico de su época, desde el cual los obispos han bendecido a los fieles.
Al cruzar la puerta principal, el Pontífice accederá a un sobrio patio cuadrangular embaldosado, desde el cual se sube a las dependencias principales mediante una elegante escalera de mármol de Carrara con zócalos de jaspe. Los muros del edificio están repletos de historia eclesiástica. De hecho, uno de los espacios más deslumbrantes descritos por la Biblioteca Universitaria es el antiguo salón del trono. Y es que este era el recinto que ocuparon los fieles. “En el fondo, bajo rico dosel de terciopelo escarlata, se levanta el trono, formado por tres gradas y artístico sillón, cuya antigüedad se remonta a cuatro siglos: un cojín de seda con ramos de oro sirve de escabel al prelado. Frente al trono se halla el balcón desde el cual los obispos dan la bendición al pueblo”, se lee en un documento universitario.
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Fieles se congregan con emoción para recibir al Papa. Entre la multitud, surgen conmovedores testimonios de fe, esperanza y peticiones personales, como la de un joven que reza por la salud de su madre.
La estancia de Su Santidad en Vegueta reavivará además un vínculo histórico fascinante con el Vaticano. En el año 1934, el entonces cardenal Eugenio Pacelli (quien más tarde se convertiría en el papa Pío XII) realizó una inesperada y multitudinaria visita a la ciudad y a la Catedral de Santa Ana en su viaje hacia Argentina. Hoy en día, aunque el palacio ha experimentado varias reformas arquitectónicas y ya no abarca las amplias huertas que antaño lo rodeaban, conserva una estampa inigualable. Un recinto que, con su sobriedad, mantiene vivos los perfiles históricos de la Plaza de Santa Ana y está más que preparado para ofrecer a León XIV un perfecto equilibrio entre seguridad logística y un profundo recogimiento espiritual.
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