La reflexión de Albert Einstein sobre la importancia de seguir adelante: “La vida es como montar en bicicleta. Para mantener el equilibrio, hay que seguir moviéndose”

La célebre frase nació en una carta que el físico envió a su hijo en 1930

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Albert Einstein sacando la lengua portada
(Nate D Sanders Auction)

Más de medio siglo tras su muerte, Albert Einstein (Ulm, Alemania, 1879–Nueva Jersey, Estados Unidos, 1955) continúa siendo una de las personalidades más reconocibles de la historia contemporánea. El físico alemán, considerado uno de los grandes revolucionarios de la ciencia moderna gracias a la Teoría de la Relatividad y a ser galardonado con el Premio Nobel de Física en 1921, también dejó numerosas frases y reflexiones que con el tiempo han trascendido el ámbito científico para instalarse en la cultura popular.

Entre ellas, una de las más conocidas es: “La vida es como montar en bicicleta. Para mantener el equilibrio, hay que seguir moviéndose”. La cita procede de una carta que Einstein escribió a su hijo mediano, Eduard, el 5 de febrero de 1930.

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Según la investigación realizada por el portal especializado Quote Investigator, el físico utilizó en aquella carta una metáfora relacionada con las bicicletas para explicar la importancia de seguir adelante. El texto original, redactado en alemán, decía: “Beim Menschen ist es wie beim Velo. Nur wenn er faehrt, kann er bequem die Balance halten”.

¿Qué significa esta cita?

Barbara Wolff, de los Archivos Einstein de la Universidad Hebrea de Jerusalén, ofreció una traducción más literal del mensaje: “Es lo mismo con las personas que con andar en bicicleta. Solo en movimiento se puede mantener el equilibrio cómodamente”.

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Sin embargo, en Einstein: Su vida y su universo, publicada en 2007 por Walter Isaacson, se incluyó una versión simplificada que ayudó a fijar su cita más conocida: “La vida es como montar en bicicleta. Para mantener el equilibrio, hay que seguir moviéndose”. La reflexión estaba dirigida a su hijo, con quien el científico mantuvo una relación marcada al principio por el afecto y después por varias dificultades personales.

Desde sus primeros tropiezos escolares hasta su revolución científica, detrás de cada avance hubo una historia de perseverancia y preguntas audaces

Eduard Einstein, el hijo menor de Albert Einstein y Mileva Marić, nació en 1910 en Zúrich y desde pequeño destacó por su sensibilidad intelectual y artística. Durante su juventud, Eduard mostró un gran interés por las ideas de Sigmund Freud y llegó a comenzar estudios de medicina con la intención de especializarse en psiquiatría.

La relación entre padre e hijo, sin embargo, estuvo marcada por la distancia y las dificultades personales. Tras el divorcio de Einstein y Mileva en 1919, Eduard permaneció en Suiza junto a su madre, mientras el científico desarrollaba su carrera internacional y acababa instalándose en Estados Unidos. A comienzos de la década de 1930, Eduard fue diagnosticado con esquizofrenia y pasó largos periodos ingresado en clínicas psiquiátricas de Zúrich. Einstein siguió manteniendo contacto epistolar con él y mostró preocupación constante por su estado de salud, aunque la distancia y la enfermedad deterioraron progresivamente la relación. Eduard pasó gran parte de su vida bajo cuidados médicos y murió en 1965 en una clínica psiquiátrica suiza.

La figura de Einstein, sin embargo, fue mucho más allá de sus descubrimientos científicos. Nacido en el seno de una familia judía de clase media, pasó parte de su infancia en Múnich antes de trasladarse a Suiza para continuar sus estudios. Tras graduarse en la Escuela Politécnica Federal de Zúrich, comenzó a trabajar en la Oficina de Patentes de Berna. Fue allí, en 1905 y con 26 años, cuando publicó varios artículos que cambiarían para siempre la física moderna. Aquel año, sentó las bases de la teoría de la relatividad especial y revolucionó conceptos como el espacio, el tiempo o la energía.

Una década más tarde, en 1915, formuló la teoría de la relatividad general, que redefinió el concepto de gravedad y fue confirmada experimentalmente en 1919 durante un eclipse solar. En 1921 recibió el Premio Nobel de Física, aunque no por la relatividad, sino por sus investigaciones sobre el efecto fotoeléctrico, fundamentales para el desarrollo de la física moderna.

Con la llegada del nazismo al poder en Alemania, Einstein abandonó Europa y se instaló definitivamente en el país americano. Allí continuó trabajando en el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton y se convirtió también en una figura pública muy influyente, posicionándose a favor del pacifismo, los derechos civiles y el control internacional de las armas nucleares.

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