Por esto no deberías creer todas tus preocupaciones, según una psicóloga

Las personas con tendencia ansiosa suelen caer en bucles de pensamiento imaginando escenarios futuros negativos con el objetivo de “sentirse preparados” si suceden

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Una mujer pensativa mientras mira por la ventana (Freepik)
Los bucles de pensamiento en torno a las preocupaciones funcionan como una estrategia para intentar eliminar la incertidumbre. (Freepik)

La ansiedad no siempre se presenta de forma evidente. A menudo se instala en el pensamiento cotidiano, en forma de dudas repetitivas, escenarios anticipados y una sensación constante de alerta. Quien la experimenta puede sentir que su mente no descansa, que siempre hay algo que prever o evitar, incluso cuando no existe una amenaza concreta.

En ese contexto, la preocupación se convierte en un mecanismo habitual. Las personas que tienden a la ansiedad suelen entrar en bucles de pensamiento que giran alrededor de lo que podría salir mal. Se trata, en muchos casos, de ideas catastrofistas sobre un futuro incierto, construido más desde el miedo que desde la probabilidad real de que ocurra algo negativo.

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Ese patrón mental tiene una lógica interna: anticiparse para estar preparado. Sin embargo, lo que parece una estrategia de control puede terminar generando el efecto contrario. La mente se llena de hipótesis que no se pueden comprobar ni resolver en el presente, lo que alimenta aún más la sensación de inquietud.

En este marco, la psicóloga Karen Cassiday señala en un artículo de Psychology Today que “el problema de la preocupación es que se centra en un escenario hipotético que casi nunca refleja el futuro probable”. Según explica, la mente ansiosa no evalúa todas las posibilidades, sino que reduce el abanico a las más negativas. “La preocupación intenta eliminar la incertidumbre reemplazando todo el abanico de posibilidades con solo las más terribles, para que uno se sienta preparado”, afirma.

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Imaginar escenarios futuros negativos resulta contraproducente para eliminar la preocupación. (Magnific)
Imaginar escenarios futuros negativos resulta contraproducente para eliminar la preocupación. (Magnific)

Sin embargo, esa preparación es, en realidad, una ilusión. Cassiday advierte de que “no hay nada para lo que prepararse, y prepararse para algo aterrador siempre genera malestar”. Es decir, el propio acto de anticipar lo peor no protege, sino que intensifica el sufrimiento en el presente.

Uno de los factores que refuerzan este patrón es la creencia de que preocuparse es una cualidad positiva. “Lo que te impulsa a ti y a otros como tú a preocuparte es la creencia de que la preocupación es parte de ser una persona responsable, buena o reflexiva”, sostiene la psicóloga. Bajo esta idea, dejar de preocuparse puede interpretarse erróneamente como una forma de desinterés o negligencia.

Sin embargo, la experta propone cuestionar esa asociación. Recuerda que “las personas responsables, cariñosas y consideradas solo necesitan afrontar los problemas que surjan y no necesitan demostrar amor o compromiso preocupándose de antemano por lo que podría salir mal”. En otras palabras, la responsabilidad no reside en anticipar todos los riesgos, sino en responder de manera adecuada cuando estos aparecen.

Estrategias para reducir la preocupación excesiva

Frente a la tendencia a la preocupación, Cassiday plantea varias estrategias. La primera pasa por aceptar una realidad básica: “Reconoce que la vida conlleva incertidumbre”. Este reconocimiento implica abandonar la idea de control absoluto y asumir que no todo puede preverse ni evitarse.

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Otra propuesta consiste en adoptar una mirada más objetiva sobre la propia experiencia. “Conviértete en un observador preciso y actúa como un estadístico”, sugiere, invitando a analizar los hechos en lugar de las suposiciones. Desde esa perspectiva, añade: “Como no ha ocurrido nada malo, puedo suponer que mis probabilidades de que las cosas salgan bien son tan altas que no necesito hacer nada en caso de que ocurra algo malo”.

Por último, Cassiday pone el foco en el papel de la imaginación. “Nunca confíes en tu imaginación cuando sea negativa y te genere preocupación”, advierte. Para la psicóloga, esos pensamientos del tipo “qué pasaría si” funcionan como falsas alarmas.

Así, lejos de ser una herramienta útil, la preocupación constante se revela como un hábito que distorsiona la percepción del futuro y afecta al bienestar presente. Cuestionarla no implica desatender la realidad, sino relacionarse con ella de una forma más ajustada y menos condicionada por el miedo.

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