Los españoles heredan a los 55 años, 20 años más tarde que hace medio siglo, y cada año de retraso les cuesta un 2% de patrimonio

A mayor esperanza de vida, más tarde mueren los padres y, por tanto, más tarde heredan los hijos. Un estudio de Fedea identifica un factor institucional específico de España que agrava el fenómeno: la práctica del usufructo vidual

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Hombre de mediana edad sentado en un sofá junto a dos personas mayores, un hombre y una mujer, en el salón de una casa. El hijo toma la mano de la madre.
Un hijo de mediana edad sonríe a su madre mientras le toma la mano, junto a su padre, disfrutando de un momento de conexión familiar en el salón de su hogar. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cuando la situación de la vivienda es dramática y comprarse una casa, misión imposible, quien tenga suerte solo puede esperar una cosa: heredar. Pero hay un problema. Un estudio recién publicado de Fedea revela que la edad media a la que los españoles reciben su primera herencia ha pasado de los 35 años en la década de 1970 a los 55 años en 2022, un desplazamiento de dos décadas que tiene consecuencias económicas directas y medibles sobre la vida de quienes heredan tarde.

La investigación, firmada por J. Ignacio Conde-Ruiz, de la Universidad Complutense de Madrid, y Francisco García-Rodríguez, de la Universidad de Alcalá, analiza los datos de la Encuesta Financiera de las Familias (EFF) del Banco de España entre 2002 y 2022, con ocho oleadas y aproximadamente 6.000 hogares por ola. Sus resultados cuantifican por primera vez el coste económico del retraso hereditario: cada año adicional de demora en recibir una herencia se asocia con una reducción de alrededor del 2% en el patrimonio neto a largo plazo. Una demora de diez años equivale, según los autores, a una pérdida de riqueza de aproximadamente el 22%.

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“A medida que las herencias se reciben más tarde en la vida, su capacidad para fomentar la acumulación de riqueza (...) se debilita”

El mecanismo es doble. Por un lado, quien hereda tarde pierde años de rentabilidad acumulada sobre ese capital. Por otro, y más determinante según el estudio, quien hereda tarde llega sin liquidez a los momentos del ciclo vital en que más la necesita: la compra de la primera vivienda, la puesta en marcha de un negocio o la formación de una familia. “A medida que las herencias se reciben más tarde en la vida, su capacidad para fomentar la acumulación de riqueza, relajar las restricciones crediticias e influir en las decisiones económicas más importantes se debilita sistemáticamente”, sostiene el documento.

Infografía sobre herencias en España, mostrando el aumento de la edad media para heredar a 55 años, con iconos de tiempo, dinero, educación y familias.
Un estudio revela que la edad media para heredar en España ha subido a 55 años, con un coste patrimonial significativo y desigual, sugiriendo ajustes fiscales. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El envejecimiento demográfico es el motor principal de este desplazamiento. A mayor esperanza de vida, más tarde mueren los padres y, por tanto, más tarde heredan los hijos. Pero el estudio identifica un factor institucional específico de España que agrava el fenómeno: la práctica del usufructo vidual, por la que los bienes se dejan en usufructo al cónyuge superviviente, lo que retrasa la transmisión efectiva de la propiedad a los hijos hasta la muerte del progenitor que vive más. El resultado es que el retraso en la herencia supera con creces el aumento de la esperanza de vida individual, porque el umbral relevante no es cuándo muere uno de los padres, sino cuándo muere el último.

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El retraso en heredar no golpea a todos por igual

El retraso no golpea a todos por igual. El estudio desglosa los resultados por nivel educativo y encuentra una asimetría llamativa: el coste del retraso hereditario recae casi en exclusiva sobre los hogares con estudios primarios y secundarios. Para los primeros, cada año de demora se asocia con una caída del 3,85% en el patrimonio neto. Para los de educación secundaria, la penalización es de alrededor del 2%. Para los universitarios, en cambio, el efecto es estadísticamente nulo. La explicación que ofrecen los autores es el acceso al crédito: quienes tienen mayor formación pueden financiarse por otras vías y sortear la falta de liquidez que provoca heredar tarde. Quienes no la tienen, no.

El economista Santiago Carbó analiza la situación actual del mercado inmobiliario. Advierte sobre "subidas significativas" en los precios de compra y explica cómo la escasez y los altos costos del alquiler y las hipotecas consumen los aumentos salariales de las familias.

Esta brecha se traslada a decisiones concretas. Los hogares que heredan antes tienen más probabilidades de ser propietarios de su vivienda principal, de invertir en inmuebles adicionales y de montar un negocio. En el caso de los hogares con estudios primarios, el estudio encuentra un resultado que los autores califican de llamativo: el momento en que se recibe la herencia predice si ese hogar acaba siendo propietario de inmuebles adicionales, mientras que el tamaño de la herencia no lo predice. Es decir, para este grupo, no importa tanto cuánto se hereda como cuándo.

Qué pasa con las donaciones en vida

Las donaciones en vida —las transferencias inter vivos— podrían en teoría compensar el retraso, al adelantar la llegada del capital a los hijos cuando más lo necesitan. El estudio examina esta posibilidad y concluye que el mecanismo existe pero está distribuido de forma profundamente desigual. La probabilidad de recibir una donación en vida aumenta de forma monotónica y pronunciada con el nivel de riqueza del hogar, y las transferencias anticipatorias —las recibidas antes de los 45 años y antes de la herencia— se concentran casi exclusivamente en los dos deciles superiores de la distribución de patrimonio. Los hogares que más se beneficiarían de recibir capital temprano son precisamente los que menos acceso tienen a él por esta vía.

Los hogares que más se beneficiarían de recibir capital temprano son precisamente los que menos acceso tienen a él por esta vía

El estudio apunta también al marco legal español como factor condicionante. La legítima —la parte de la herencia reservada por ley a los herederos forzosos, que representa típicamente dos tercios del caudal— limita la capacidad de los testadores para redistribuir libremente sus bienes o adelantar su transmisión. A diferencia de los sistemas de derecho anglosajón, los herederos españoles tienen escaso margen para anticipar o acelerar la llegada de la herencia.

Los autores proponen que las políticas fiscales consideren no solo el tamaño de las transferencias patrimoniales, sino también el momento en que se producen. Entre las medidas que mencionan figura la posibilidad de modular los impuestos sobre sucesiones en función de la edad del heredero en el momento de recibirla, o de establecer incentivos fiscales para las donaciones en vida condicionados al nivel de riqueza del donante, con el fin de evitar que esa vía refuerce aún más la concentración de patrimonio en los hogares ya aventajados.

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