La neurociencia lo confirma: es posible estar enamorado toda la vida

El psiquiatra Javier Quintero explica cinco prácticas que permiten sostener el vínculo en una relación de pareja a lo largo del tiempo

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Una chica abraza por detrás a un chico. Ambos sonríen. La fotografía está tomada a la altura de sus bocas
El psiquiatra Javier Quintero explica que, según la neurociencia, es posible estar enamorado toda la vida de la misma persona. (Freepik)

Hay una idea que entre muchas personas se repite como una verdad incuestionable: el amor no dura para siempre. La idea de que las relaciones están condenadas a desgastarse con el tiempo forma parte del imaginario colectivo, alimentado por experiencias personales, relatos culturales y una cierta resignación emocional.

Bajo esta creencia, enamorarse se percibe como una fase pasajera, intensa pero inevitablemente efímera. Se distingue entre el enamoramiento inicial, que está cargado de pasión, y una etapa posterior más estable, pero también más fría. De esta manera, el paso del tiempo se entiende como un enemigo del vínculo.

Sin embargo, desde la psicología y la neurociencia se plantea una idea diferente: el amor no desaparece necesariamente, sino que puede transformarse y, sobre todo, mantenerse activo si se cultiva de forma consciente. En este contexto habla el psiquiatra Javier Quintero (@drjquintero en TikTok): “¿Crees que es posible estar enamorado toda la vida? Pues la neurociencia dice que sí”.

Un chico y una chica abrazados en un balcón mirando el horizonte
Algunas dinámicas dentro de una relación son sinónimo de vínculo saludable. (Freepik)

El experto insiste en que la clave no está en encontrar a la persona “adecuada” ni en depender de factores externos, sino en el comportamiento cotidiano: “No tiene nada que ver con la suerte, sino con pequeñas acciones repetidas cada día”. Es decir, el amor no sería tanto un estado que aparece o desaparece, sino un proceso que se construye.

Del contacto físico al respeto durante las discusiones

A partir de esta idea, Quintero identifica cinco prácticas concretas que, según explica, pueden sostener el vínculo a largo plazo. La primera de ellas apela al contacto físico: “Abraza todos los días. El cuerpo recuerda lo que las palabras se olvidan. El contacto físico libera oxitocina y esto refuerza el vínculo y el apego, ese pegamento tan importante en la relación”.

El abrazo, lejos de ser un gesto simbólico, tiene una base biológica. La liberación de oxitocina, conocida como la hormona del apego o el amor, contribuye a generar sensación de seguridad y conexión emocional. En este sentido, el cuerpo actúa como un archivo de la relación, capaz de registrar lo que a veces no se expresa verbalmente.

La segunda clave tiene que ver con romper la monotonía: “Haced cosas nuevas juntos. La novedad activa el sistema de recompensa y mantiene viva la conexión mucho más allá de la rutina”. Introducir experiencias nuevas no solo aporta dinamismo, sino que reactiva mecanismos cerebrales asociados al placer y la motivación, fundamentales en las primeras etapas del enamoramiento.

Algunas actitudes que tenemos, pueden ser señales de lo que somos según los psicólogos

Sin embargo, no todo en una relación es armonía. El conflicto también forma parte del vínculo y su gestión resulta determinante. “Discute con respeto, incluso cuando estés enfadado. No es lo que se dice, sino cómo se dice lo que realmente puede herir. El tono construye o destruye mucho más que el problema en sí mismo”. Para el psiquiatra, la diferencia entre una discusión destructiva y una constructiva reside, sobre todo, en la forma.

En cuarto lugar, Quintero pone el foco en lo cotidiano: “Agradece lo cotidiano. No des por sentado lo que hay en una relación. El agradecimiento sincero también alimenta el vínculo”. Reconocer los pequeños gestos del día a día evita que la rutina se convierta en indiferencia y refuerza la percepción de cuidado mutuo.

Por último, el psiquiatra subraya la importancia de la intimidad: “El deseo no solo se mantiene con amor, necesita espacio, presencia y conexión emocional real”. La intimidad, en este sentido, no se limita al plano físico, sino que implica atención, tiempo compartido y una conexión emocional sostenida. “El amor no se mantiene por suerte, se mantiene con cuidado”.