La leche entera más allá de las grasas: rica en vitaminas, proteína y calcio para prevenir la osteoporosis

En los últimos años, la leche entera ha sido objeto de debate nutricional, especialmente por su contenido en grasa

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Una mujer con un vaso
Una mujer con un vaso de leche. (Adobe Stock)

Para encontrar los orígenes del consumo regular de leche hemos de remontarnos al Neolítico, aproximadamente al 6000 a.C. Fue el descubrimiento de unas pinturas parietales halladas en el Sáhara central el que reveló que el ordeño se remonta a este periodo. Y de ahí a los baños de leche de Cleopatra (según cuenta la leyenda).

En los últimos años, la leche entera ha sido objeto de debate nutricional, especialmente por su contenido en grasa. Este alimento básico continúa ocupando un lugar destacado en una dieta equilibrada gracias a su alto valor nutricional y a los múltiples beneficios que aporta en distintas etapas de la vida.

Uno de los principales beneficios de la leche entera que destaca la Fundación Española de Nutrición (FEN) es su aporte de calcio, un mineral esencial para la formación y el mantenimiento de huesos y dientes. Este nutriente resulta especialmente importante durante la infancia y la adolescencia, etapas en las que el crecimiento óseo es más intenso. Un consumo adecuado de leche entera en estos años contribuye a alcanzar un pico óptimo de masa ósea, lo que puede marcar la diferencia en la salud ósea futura.

Además del calcio, la leche entera proporciona proteínas de alto valor biológico, necesarias para el desarrollo muscular, la reparación de tejidos y numerosas funciones metabólicas. Una ración habitual de leche aporta una cantidad significativa de proteínas, lo que la convierte en un alimento especialmente interesante en dietas equilibradas tanto para niños como para adultos.

La leche entera más allá del calcio: es rica en vitaminas

Otro aspecto destacable es su contenido en vitaminas liposolubles, como la vitamina A y la vitamina D, que se encuentran ligadas a la grasa de la leche. Estas vitaminas desempeñan un papel clave en la visión, el sistema inmunológico y la absorción del calcio. Por este motivo, durante la infancia y la adolescencia se recomienda especialmente el consumo de leche entera, ya que conserva intactos estos nutrientes esenciales.

En la edad adulta, la leche entera sigue siendo un aliado importante para la salud. Mantener un consumo adecuado ayuda a preservar la masa ósea y a prevenir la desmineralización de los huesos, una de las principales causas de osteoporosis y fracturas. Este efecto cobra especial relevancia en las mujeres durante etapas como el embarazo, la lactancia y la menopausia, momentos en los que las necesidades de calcio y otros micronutrientes aumentan de forma considerable.

Episodio: Los huesos y el calcio.

Una leche que facilita la digestión

Desde el punto de vista digestivo, la grasa de la leche entera presenta una ventaja añadida: se encuentra en forma de pequeños glóbulos rodeados por una fina membrana, lo que facilita su digestión. Esto hace que, en personas sanas, la leche entera sea bien tolerada y aporte una sensación de saciedad que puede resultar beneficiosa dentro de una alimentación equilibrada.

La FEN destaca que la leche entera también destaca por su riqueza en minerales esenciales como fósforo, potasio, magnesio, yodo y zinc, así como en vitaminas del grupo B, entre ellas la riboflavina y la vitamina B12, fundamentales para el metabolismo energético y el sistema nervioso. Su alto contenido en agua contribuye, además, a la hidratación diaria.

No obstante, el consumo de leche entera debe adaptarse a las necesidades individuales. Debido a su mayor aporte calórico y de grasas saturadas, las personas con sobrepeso, obesidad o alteraciones de los lípidos en sangre pueden beneficiarse más de versiones semidesnatadas o desnatadas. Asimismo, la leche de vaca está contraindicada en casos concretos como la intolerancia a la lactosa, la galactosemia o la alergia a las proteínas de la leche.