
Joroba, chepa, cuello adelantado, cifosis... son varias las alteraciones posturales que puede sufrir una persona en la espalda a lo largo de su vida. Las causas varían, pero las consecuencias son muy similares: un caminar cada vez más encorvado, molestias, rigidez, dolor crónico y problemas de confianza y bienestar emocional.
Esta curvatura excesiva (de más de 40-45 grados) en la parte media-alta de la espalda, conocida médicamente como hipercifosis, puede estar ocasionada por las malas posturas que se mantienen durante el día o por una vida sedentaria, pero también puede surgir por debilidad en los músculos de la espalda alta (dorsales, trapecio, romboides) y el pecho, alteraciones óseas o simplemente con el desgaste de la edad. Incluso el estrés, la ansiedad y una respiración superficial pueden terminar por generar una chepa.
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En cambio, la joroba, conocida como joroba de búfalo, aparece por una acumulación de grasa en la parte alta de la espalda, justo entre el cuello y los hombros. En este caso, la alteración no tiene nada que ver con la curvatura de la columna, sino que se debe a factores hormonales y metabólicos, si bien puede estar relacionada con la obesidad o el consumo de ciertos medicamentos. Aunque la fisioterapia puede ayudar a corregirla, es esencial combinarla con un tratamiento médico.
Ejercicio contra la joroba y la chepa

En ambos casos, el ejercicio y la fisioterapia pueden ayudar a mejorar los problemas posturales. El fisioterapeuta Jaime González Ferrero, especializado en la rehabilitación integral tanto en niños como en adultos, ha compartido en sus redes sociales (@jaimegonzalezferrero) un ejercicio que recomienda a todos sus pacientes que tienen chepa o joroba. “Al final, siempre acaban teniendo una mejoría, más tarde o más temprano”, asegura.
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“Cuando región torácica está limitada debido a la baja o nula exposición de ejercicios de control postural que fomenten la extensión dorsal, esta comienza a perder soltura, movilidad y funcionalidad dando lugar así a la antepulsión de tus hombros, hombros caídos, una acentuación exagerada de tu cifosis dorsal y el adelantamiento de tu cabeza”, explica el profesional en sus redes sociales. “Esto no solo da lugar a cambios estructurales que alteran tu postura, sino que también genera un estrés mecánico innecesario en tus discos intervertebrales cervicales y en tu columna dorsal”, indica.
Para este ejercicio, es necesario utilizar una toalla o camiseta doblada. La camiseta o toalla se apoya en la pared, a nuestra misma altura, y se sujeta con la propia frente. Una vez en esta posición, hay que mover los dos brazos, de forma simultánea: uno dibujará media circunferencia hacia arriba. Al llegar más o menos a la altura del hombro, se flexiona el brazo hasta llevar la mano al cuello. Al mismo tiempo, el otro brazo hará el movimiento contrario: se dirigirá hacia abajo hasta que la mano esté a mitad de la espalda, momento en el que se doblará el codo para colocar la mano en la lumbar. El ejercicio prosigue intercalando el movimiento de cada brazo, primero arriba y luego abajo.
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“Lo que estamos haciendo básicamente son movimientos combinados y en coordinación para liberar el hombro por la parte de delante. Lo que vas a notar es cómo la espalda se va corrigiendo y cómo ese hombro gana movilidad, disminuyendo el dolor”, explica González. El fisioterapeuta recomienda realizar entre tres o cuatro series de este ejercicio, de veinte repeticiones cada una.
“Con este maravilloso ejercicio de control postural conseguirás estimular y tonificar tus erectores espinales cervicodorsales, y además mejorarás la movilidad de tus hombros liberando tu región pectoral”, concluye.
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