
En las últimas décadas, el interés por la melatonina ha crecido exponencialmente, impulsando tanto su investigación científica como la proliferación de suplementos y productos destinados a mejorar el sueño. Lo que comenzó como una curiosidad endocrina relacionada con el ciclo vigilia-sueño se ha convertido en el centro de debates sobre salud pública, farmacología, medicina del sueño y el bienestar general.
Melatonina es una hormona presente en humanos, animales y otros organismos como plantas y bacterias. En los seres humanos, desempeña un papel crucial en la regulación del ciclo sueño-vigilia, conocido como ritmo circadiano. La hormona se produce principalmente en la glándula pineal, ubicada en el cerebro, donde actúa como un verdadero “reloj interno” que ayuda a sincronizar los ciclos biológicos con el ambiente externo. Se reconoce internacionalmente como la “hormona del sueño”, ya que su concentración en el organismo alcanza su pico durante la noche y se reduce durante el día, marcando la transición entre estar despierto y dormir.
El cuerpo comienza a producir melatonina cuando se reduce la entrada de luz a la retina. La síntesis hormonal alcanza su mayor nivel durante la noche, lo que ayuda a preparar el organismo para el inicio del sueño. Entre los principales sincronizadores del ritmo circadiano destacan la alternancia entre luz y oscuridad, los horarios de las comidas, el ejercicio regular, los horarios de sueño y el contacto social. Los dispositivos electrónicos que emiten luz azul, o el uso intensivo de iluminación artificial antes de acostarse, pueden inhibir la producción natural de melatonina, interfiriendo así con la calidad y la duración del sueño. Otros hábitos que perjudican la síntesis natural incluyen la ingesta de comidas copiosas, cafeína y alcohol cercanos a la hora de dormir, así como la exposición a temperaturas o entornos inadecuados en el dormitorio.
La producción de melatonina también está modulada por factores farmacológicos: medicamentos como bloqueadores beta-adrenérgicos, ciertos antihipertensivos y algunos anticonceptivos orales pueden reducir la secreción endógena al interferir con el proceso bioquímico de síntesis hormonal.
Melatonina como suplemento: usos y tendencias de consumo
El auge de la melatonina como suplemento responde, en gran medida, a la búsqueda de soluciones rápidas para el insomnio y otros problemas relacionados con el sueño. Está disponible sin receta en cápsulas, tabletas e incluso formulaciones sublinguales. El boom de su consumo ha sido registrado en múltiples estudios epidemiológicos, sobre todo en países como Estados Unidos, donde el porcentaje de adultos que la utilizan pasó de 0,4% de la población en 1999-2000 a 2,1% en 2017-2018. La dosis habitual en los suplementos oscila entre 0,5 y 5 mg por día, pero algunos preparados pueden contener dosis mayores. Una tendencia preocupante identificada en investigaciones recientes es el aumento en el consumo de dosis superiores a 5 mg diarios, a pesar de que no se recomienda superar este umbral sin supervisión médica.
En la mayoría de los casos, la melatonina de venta libre se utiliza para problemas de insomnio, trastornos de fase circadiana, jet-lag y dificultades relacionadas con el trabajo en turnos rotativos. Sin embargo, el fácil acceso, la percepción errónea de inocuidad y la falta de una regulación estricta han propiciado su uso indiscriminado sin prescripción profesional.
Evidencia científica, eficacia y aplicaciones clínicas
Aunque la teoría sugiere que aumentar los niveles de melatonina podría compensar su declive fisiológico y mejorar la calidad del sueño, la evidencia científica disponible muestra resultados mixtos. La utilidad clínica está mejor establecida en ciertos trastornos: por ejemplo, se ha confirmado su eficacia en el tratamiento de alteraciones del ritmo circadiano en ciegos, en el síndrome de fase retrasada de sueño, y en la mejora de la conciliación del sueño en insomnio primario, sobre todo en adultos mayores.
Para el insomnio ocasional, la melatonina puede reducir el tiempo necesario para quedarse dormido, aunque su impacto en la calidad del sueño y su duración total es limitado, en especial en adultos jóvenes y sanos. En niños y adolescentes, su empleo queda restringido a trastornos específicos y bajo estricta vigilancia médica, principalmente en casos relacionados con autismo, trastornos del desarrollo neurológico y desórdenes de ritmo circadiano. No se ha demostrado que la melatonina sea útil para todos los tipos de insomnio.
Su uso está contraindicado en personas con enfermedades autoinmunes y debe evitarse en casos de embarazo y lactancia sin asesoramiento profesional. El uso prolongado y en dosis superiores a las recomendadas puede ser contraproducente. En los últimos años, la comercialización no regulada y la creencia de que la melatonina es simplemente una “pastilla natural para dormir” ha impulsado un consumo que muchas veces no responde a indicaciones profesionales fundadas.
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