
Santiago Sánchez Cogedor, el español que estuvo preso 15 meses en Irán acusado de espionaje y que finalmente regresó a Madrid el pasado 2 de enero, tiene claro que ha vivido la experiencia más extrema de su vida, por eso ahora, ya en casa, trata de procesar todo de la mejor manera posible. Aún abrumado por la repercusión de su caso, cuenta a Infobae España que los primeros meses fueron los peores, los de mayor sufrimiento por la incertidumbre, pero después optó por aceptar la situación y eso le permitió “vivir en paz”.
Este madrileño de 42 años nunca imaginó que el “viaje solidario” que emprendió a pie el 6 de enero de 2022 desde San Sebastián de los Reyes con destino al Mundial de Fútbol de Qatar terminaría convirtiéndose en su peor pesadilla cuando ocho meses después fue detenido por las autoridades iraníes en la ciudad kurda de Saqqez tras visitar y fotografiar la tumba de Mahsa Amini, la joven que fue torturada por la policía islámica por llevar mal colocado el velo. Santiago ha permanecido más de un año en la cárcel a pesar de que nunca se presentaron cargos en su contra y, aunque han sido “unos meses muy largos y duros” porque sobre su cabeza pesaba la pena de muerte, tal y como recordó a su llegada a España, esta mala experiencia “no le va a frenar”: “Esto me ha dado alas, la vida continua”, asegura.
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Santiago aún desconoce el motivo por el que le detuvieron. En principio las autoridades dijeron que había sido arrestado por hacer una fotografía de la tumba de Amini y después por haber fotografiado un edificio militar pero, en cualquier caso, ninguna de las dos acciones “tiene nada que ver con el espionaje” y no entiende cómo la situación pudo torcerse de esa manera. “Si quieren turismo, hay algo que falla. Creo que más allá de todo esto, he sido utilizado, aunque se me escapa de la mente para qué”.
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Al inicio de su detención, relata, estuvo solo en una celda que “más bien parecía una mazmorra, con un pequeño agujero donde hacer las necesidades”, si bien después, a medida que fue pasando por diferentes cárceles, fue compartiendo espacio con otros presos y el trato con ellos, asegura, “siempre fue muy bueno”. Santiago, que describe su experiencia como una “partida de póker” en la que se mezclaban la impotencia, la soledad y la alegría, llegó a pasar por seis cárceles diferentes y la última fue la de Evin, uno de los centros penitenciarios más duros de Irán, aunque prefiere referirse a él como “la universidad” porque allí, asegura, ha aprendido a hablar “en inglés y en farsi, además de otras muchas cosas”.
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“Cuando a mí me dicen que estaba en prisión yo digo que no, que no he estado preso, que he estado en un campus universitario, de voluntario, porque si no me lo hubiera tomado con esa filosofía, es probable que hoy no estuviera hablando contigo”, confiesa Santiago. Durante todos esos meses ha sacado fuerzas “del cielo, de muchas de las personas que se han ido”, así como de quienes sabía que estaban esperándole en casa: su familia y amigos, que nunca dudaron en su inocencia.
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Dar la vuelta a la situación
Para que su estancia en la cárcel fuera más fácil, este apasionado del fútbol y el boxeo transformó ese “por qué estoy aquí en para qué estoy aquí”, porque de lo contrario, advierte, la mente te puede “jugar malas pasadas”, más aún cuando en principio le iban a liberar en agosto y después el proceso se prolongó. “El mismo preso que me contó que llevaba ocho años sin sonreír y que su hija vio cómo le detuvieron, también me dijo que yo le había dado energía y esperanza y eso para mí significó mucho”, dice emocionado al otro lado del teléfono, si bien es consciente de que aún le queda mucho por procesar y “masticar”. “Vamos a ver si sale para afuera o se queda algo dentro, pero yo voy a continuar con mi vida, porque la vida no se acaba”.
Santiago se muestra especialmente agradecido con el embajador español en Irán, Ángel Losada, a quien considera un “ángel de la guarda”, ya que su intermediación ha sido clave para que pasara a disposición judicial y su puesta en libertad. “Se trata de una persona implicada al 100% que se ha dejado la salud en ello y no hay palabras para agradecer esa labor. Sin su trabajo es muy probable que yo siguiera allí”, explica a este medio.
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Después de todo lo que ha pasado en el país persa y de estos primeros días en España en los que apenas ha podido reflexionar, Santiago confiesa que está deseando que “afloje un poco todo esto” para poder continuar con su vida y, quién sabe, si ya comenzar a preparar su próximo reto solidario para seguir recorriendo el mundo.
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