Alice Cooper sostiene una rutina de giras, ensayos y actividad física que le permite conservar la energía de sus shows. El músico estadounidense, figura central del rock teatral, relató que dejó atrás el alcohol y las drogas luego de atravesar dos internaciones de rehabilitación y una crisis que puso en riesgo su matrimonio.
En una entrevista con The Telegraph el artista habló sobre su adicción al alcohol, el consumo de crack a comienzos de los años 80, su vínculo con la religión cristiana y la diferencia que establece entre Vincent Furnier, su identidad personal, y Alice Cooper, el personaje que llevó al escenario durante más de cinco décadas.
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Alice Cooper atribuyó su estado físico a la sobriedad y el ejercicio
El cantante se encuentra de gira por Europa junto a Hollywood Vampires, la banda que comparte con el actor Johnny Depp y Joe Perry, guitarrista de Aerosmith. Cooper afirmó que la dinámica de las giras cambió frente a la cultura de excesos que predominaba en la década de 1970.

“Si estás en una banda de gira, nadie se droga ni bebe, porque ahora es un gran negocio y no puedes permitirte tener a alguien que haga eso”, explicó a The Telegraph. El artista señaló que durante los años 70 el consumo formaba parte de la vida cotidiana de muchos músicos.
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Cooper aseguró que lleva 43 años sin consumir alcohol. También destacó que no fuma, juega al golf con frecuencia y considera que sus conciertos constituyen un esfuerzo físico. “El show en sí es un ejercicio aeróbico”, afirmó.
El músico recordó que practicó atletismo en la escuela y sostuvo que una evaluación sobre hábitos de vida situó su edad física en 41 años. “No bebo, no fumo, hago ejercicio constante y estoy felizmente casado”, enumeró. También vinculó el estrés con problemas de salud y afirmó que redujo las tensiones de su vida cotidiana.
El alcoholismo comenzó con una cerveza a los 20 años
Nacido como Vincent Furnier en Detroit en 1948, Cooper fundó junto a otros músicos la agrupación Alice Cooper, cuyo primer álbum salió en 1969. Tras la disolución del grupo original en 1973, adoptó legalmente ese nombre y continuó su carrera como solista.
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Su propuesta combinó rock, referencias al cine de terror, maquillaje oscuro, serpientes, sangre falsa y ejecuciones simuladas. Esa construcción escénica alimentó polémicas públicas y acusaciones de promover violencia o satanismo.
Cooper sostuvo que sus espectáculos tenían una lógica moral: el personaje cometía crímenes ficticios y recibía un castigo sobre el escenario.
“Alice podía matar a la enfermera y terminar ahorcado, electrocutado o guillotinado. Pero nunca iba a ser crucificado, porque eso habría sido blasfemo”, explicó al medio británico.
El alcohol se convirtió en su principal problema fuera del escenario. Según relató, empezó a beber a los 20 años, luego de aceptar una cerveza en una fiesta. Al día siguiente compró un paquete de seis latas y, desde entonces, sostuvo que rara vez permanecía sin una copa en la mano.
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El músico describió ese período como una búsqueda constante de un “estado de euforia” que intentaba mantener a lo largo del día. La situación empeoró hasta que comenzó a vomitar sangre. “Ahí sabes que no tienes el control”, afirmó.
En 1977 ingresó por primera vez a rehabilitación. Un psiquiatra le señaló que no bebía durante los conciertos ni en el estudio, una observación que llevó a Cooper a separar sus problemas personales de su personaje artístico. “Alice no era el problema. El problema eras tú”, recordó que le dijo el profesional.
El crack llevó al músico a una segunda rehabilitación
Tras casi dos años de sobriedad, el cantante volvió a beber y luego incrementó su consumo de cocaína. Cooper contó que recibió información falsa sobre el crack, una sustancia que entonces comenzaba a circular en Los Ángeles. “Me dijeron: ‘Si lo fumas, no es adictivo’”, relató.
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“El crack es, con diferencia, la droga más adictiva que existe y casi me mata”, aseguró el músico. En un extracto de sus memorias, Devil on My Shoulder, describió que en 1982 pasó tres días sin dormir, aislado en su casa, con crack y un arma. Después arrojó la droga al inodoro y llamó a su esposa, Sheryl Cooper, para decirle que había terminado con esa etapa.

La pareja se casó en 1976 y atravesó una separación durante ese período. Sheryl le planteó una condición para continuar el matrimonio: asistir a consejería matrimonial cristiana. Cooper ingresó en 1983 a rehabilitación por segunda vez, una decisión que definió como definitiva.
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“Puedo seguir interpretando a Alice, pero si miro cuáles son las cosas más importantes de mi vida, Alice Cooper queda alrededor del cuarto lugar”, subrayó. Según explicó, sus prioridades son Dios, su matrimonio y sus hijos.
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