
La vivencia de Cynthia Erivo frente a la franquicia Wicked representó una transformación profunda en su vida personal y profesional, motivada por la presión internacional y la complejidad de encarnar a Elphaba. En diálogo con Variety, la actriz británica narra el impacto emocional y el desafío continuo que supuso este fenómeno global en su trayectoria reciente.
Erivo atravesó uno de los momentos más exigentes de su carrera tras asumir el papel protagónico en las dos películas de Wicked, una saga de éxito masivo junto a Ariana Grande. Enfrentó una exposición pública inédita, una intensa campaña promocional internacional y la gestión del trauma tras episodios críticos como el incidente en Singapur.
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Según relató a Variety, la experiencia la llevó a reflexionar sobre la diferencia entre la percepción pública y la realidad, el valor de la autenticidad y el apoyo incondicional con Grande, además de impulsar su compromiso con la representación y la diversidad en la industria.
Wicked trascendió su origen como musical de Broadway para consolidarse como un fenómeno de taquilla mundial que situó a Erivo y Grande en el centro del escrutinio mediático. “Estuvimos sosteniéndonos por hilos, y de verdad tratábamos de cuidarnos la una a la otra”, afirmó Erivo sobre los últimos 4 años.
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La saga reforzó no solo su visibilidad, sino también la presión diaria y el juicio público que ambas protagonistas debieron sortear. Para Erivo, “es muy interesante observar cómo la percepción de la gente difiere de la realidad, con psicólogos improvisados en casa decidiendo quiénes éramos y lo que estábamos viviendo”, compartió en su entrevista con Variety.
A seis meses del estreno de Wicked: For Good, la actriz continúa asimilando el impacto y se mantiene activa en el escenario londinense, sin perder de vista el proceso interno que aún atraviesa después de esta experiencia.
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La amistad entre Cynthia Erivo y Ariana Grande bajo el foco mediático
Desde el inicio del proyecto, Erivo y Grande priorizaron cultivar una relación auténtica, conscientes de que la conexión entre Elphaba y Glinda iría más allá de la pantalla. “Creo que la gente no terminaba de creerse que realmente éramos amigas. Pero eso es porque mucha gente no me conoce bien. Si soy amiga, lo soy; si no, simplemente no”, puntualizó Erivo a Variety.
Las dos afrontaron juntas la mayoría de los compromisos promocionales y coordinaron sus apariciones para reflejar, incluso en la imagen, la dualidad de sus personajes: negro y verde para Erivo, rosa para Grande.
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Ese vínculo fue sometido a un análisis exhaustivo en redes sociales, donde cada gesto o muestra de complicidad era motivo de debate. “Tomamos una decisión muy consciente de apoyarnos y fortalecer nuestro lazo”, explicó Erivo, quien mantiene contacto diario con Grande a través de mensajes y muestras de apoyo. La amistad, reforzada en la adversidad, sirvió como refugio frente al desgaste de la promoción internacional.
El desafío de la exposición pública y sus consecuencias
La gira mundial de promoción, que incluyó escalas en ciudades como São Paulo, París, Singapur y Nueva York, alcanzó su punto más tenso en Singapur. Durante el evento, un hombre saltó la barrera y sujetó a Grande, un momento delicado tras los antecedentes de ataques sufridos por la cantante. “Nadie se movió. Así que fui yo quien actuó porque mi mente me decía: ‘¡Aléjalo de aquí!’. Lo que la gente no vio es que él no soltaba a Ariana, y por eso seguí empujándolo para que la dejara”, relató Erivo a Variety.
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La actriz subrayó que, incluso bajo la mirada pública, “un desconocido sigue siendo un desconocido. El espacio personal es eso mismo: personal. No le pertenece a nadie, aunque sientas que conoces a la persona”. El temor y la tensión marcaron ese instante: “En ese momento, estábamos todas aterradas”. Si bien muchos elogiaron su rápida intervención, el episodio también fue objeto de bromas y memes en redes, donde algunos la etiquetaron como “guardaespaldas” de Grande.
La repercusión del incidente, sumada al agotamiento de la gira, influyó en la decisión de Erivo de distanciarse de la campaña para el Oscar: “Sentí que mi humanidad había sido degradada. Que algo instintivo se convirtió en objeto de burla por cómo nos ven a las mujeres que lucimos como yo, por las suposiciones que se hacen. Decidí que no quería exponerme a eso”.
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Discriminación y estigmas: reflexiones de Cynthia Erivo

Erivo identificó en la respuesta pública un claro ejemplo del efecto tall poppy, fenómeno en el que el éxito visible de una mujer se convierte en blanco de críticas.
“Creo que no hemos terminado de comprender la naturaleza insidiosa de la forma en que vemos a las mujeres negras”, advirtió. Para ella, la atención sobre su aspecto —el físico, la cabeza rapada, la diferencia con Grande— derivó en la proyección de estereotipos de control o protección, reforzando juicios erróneos.
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“No habría ocurrido lo mismo si las posiciones hubieran sido las contrarias”, sostuvo Erivo, en referencia a la diferente reacción mediática frente a mujeres negras y queer. Aunque acumuló galardones como el Tony, Emmy y Grammy, reconoció que la mayor visibilidad, en particular tras la segunda entrega de Wicked, provocó un incremento de comentarios negativos, mientras que la película recibió menos respaldo de la Academia pese a su sólida base de seguidores.
Más allá de “Wicked”: nuevos proyectos y apoyo a la diversidad
Durante el periodo de máxima presión de la franquicia, Erivo impulsó nuevos proyectos artísticos y sociales. Hoy protagoniza Drácula en el West End londinense, un reto que implica encarnar a 23 personajes en dos horas y que le ha supuesto cambios físicos y el aplauso del público local. El esfuerzo requerido llevó incluso a suspender funciones tras completar el maratón de Londres, un ejemplo del desgaste que acumula tras años de alta demanda profesional.
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De cara al futuro, prepara su interpretación de Miriam Makeba en The Road Home y refuerza su activismo con la comunidad LGBTQ. Resalta su colaboración con Jonathan Bailey en The Shameless Fund, fundación creada en 2024 para respaldar a personas LGBTQ a nivel global: “Acepté porque entendí que realmente quería hacer algo bueno por la humanidad”, relató Erivo en Variety. “Me siento cómoda siendo yo misma y deseo que otras personas puedan sentir lo mismo”.
El trabajo conjunto con Bailey, también actor de Wicked y activista de los derechos LGBTQ, permitió a ambos encarnar a una pareja heterosexual en la ficción sin que su orientación definiera el relato. Para Erivo, esa naturalidad representa un avance significativo en la industria.
Regresar a los escenarios londinenses ofrece a Erivo la oportunidad de reconstruir rutinas lejos de la exposición mediática que supuso Wicked. Según expresó a Variety, este periodo marca un nuevo comienzo y consolida su vocación artística tras una experiencia que transformó su vida y su manera de habitar la profesión.
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