
En un adelanto exclusivo de sus memorias, publicado por el diario británico de referencia The Guardian, Liza Minnelli abordó aspectos inéditos de su historia: su intensa relación sentimental con Martin Scorsese, las complejidades de su vínculo con Judy Garland, confesiones sobre adicciones y relaciones amorosas, y episodios con figuras del mundo del espectáculo como Michael Jackson y Stephen Sondheim.
“Nuestra relación tenía más capas que una lasaña”, reconoció Minnelli sobre su romance con Martin Scorsese. “Éramos ambos italianos. Apasionados. Intensos. Entregados a nuestro arte. Los dos con temperamentos volcánicos… Era un hombre terriblemente apuesto que compartía mi amor por el cine”.
Detalló que el vínculo continuó tras el rodaje de New York, New York, acompañado por el consumo de cocaína. Eligió a Scorsese para dirigirla en el musical de Broadway The Act, pero fue ella misma quien terminó despidiéndolo: “Hice lo que debía hacer. Casi me mata y me rompió el corazón”.

La relación persistió brevemente. Años después lo encontró en la ceremonia de los Oscar en 2014 e intentó saludarlo: “Por desgracia, se dio la vuelta. Muy triste”.
Relaciones y excesos en la vida de Liza Minnelli
Liza Minnelli recordó el inicio de su relación con Peter Sellers tras una presentación en Londres en 1973. “Nuestra historia comenzó esa noche en mi camerino. Fue hermosa y distinta a todo lo que había vivido. Peter me abrió un mundo nuevo de pasión e intensidad… La lógica y la precaución desaparecieron”.
Sellers, notablemente mayor y casado por entonces, provocó conflictos inesperados cuando, molesto porque ella consultó a dos videntes sobre su relación, la reprendió “con las voces de diferentes personajes”. Minnelli atribuyó esa actitud a un malestar profundo del actor.
Un episodio especialmente delicado ocurrió en Highgate, un distinguido barrio londinense con una relevante comunidad judía. Sellers apareció vestido con uniforme nazi, interpretando a un personaje de cine, durante una visita a la actriz Joan Collins.

“Cuando supe lo que hizo, sentí enfado, vergüenza, completa repulsión. Tal vez pensó que era gracioso, pero el antisemitismo no tiene nada de divertido. Jamás lo superé. ¿Quién se creía para hacer daño así?”, compartió Minnelli.
La relación con Judy Garland, su madre, impregnó el relato. “A los 13 años fui la cuidadora de mi madre… enfermera, doctora, farmacóloga y psiquiatra, todo en una”. Describió la rutina de sustituir pastillas por aspirinas para evitar episodios críticos y reveló cómo el enfado de Garland la marcó: “Hoy solo tengo un detonante para el trauma: el horror a los gritos”.
A pesar de las dificultades, Liza recalcó la energía y la inspiración que recibió de su madre. Garland respondía a quienes la llamaban acabada: “Para ser un exalguien, antes hay que haber sido un alguien”.
La artista relató también su lucha con el alcohol, la cocaína y los calmantes. Mencionó la intervención decisiva de Elizabeth Taylor, quien la confrontó por teléfono: “Esta enfermedad va a matarte si no haces lo correcto”. En otra ocasión, Taylor fue categórica: “Tienes que regresar a rehabilitación. Ya no más mentiras. Esta lucha no se puede afrontar sola. Ninguno de nosotros puede”.
Sobre su cuarto esposo, David Gest, Minnelli utilizó la ironía: “Si pudiera usar una varita mágica, habría evitado a este individuo como al salmón contaminado. Le habría pateado el trasero, y eso que luego me acusó de hacerlo. Absurdo”.
Explicó que la relación carecía de amor o atracción. Habló de discusiones físicas y lo acusó de intentar apropiarse de sus objetos personales: “Descubrió que solo eran copias. ¡Perdedor!”. Estas vivencias, entre la ironía y la dolorosa sinceridad, definieron el tono confesional de sus memorias.
El legado de Liza Minnelli en la cultura popular

“Quizá les sorprenda saber que ayudé a Michael Jackson a crear ese paso de baile que fue un fenómeno mundial”, afirmó Minnelli en el extracto. “En serio. No busco crédito por su genialidad. Vi bailarines en Brasil practicando ese desliz característico y lo compartí con Michael, que lo adoptó. Siempre compartíamos pasos de baile. Él me enseñó un movimiento de pies que integré a mis actuaciones”.
Su admiración por la música negra y el hip-hop se reflejó en su carrera reciente. Minnelli recordó haber versionado Family Affair de Mary J. Blige y mencionó el espectáculo Liza with a Z, donde observó indicios de la cultura hip-hop desde 1972: “Vean la coreografía de I Gotcha y encontrarán una señal de lo que vendría”.
Abordó también sus desencuentros artísticos con Stephen Sondheim. Relató cómo, tras equivocarse en una canción suya durante un concierto en 1979, Sondheim bloqueó la publicación del álbum en vivo: “Había pagado la grabación de mi bolsillo. Debió haber sido una cortesía de artista a artista. Pero Sondheim se negó”.

Posteriormente, interpretó Losing My Mind con Pet Shop Boys; “no le gustó, pero no pudo impedirlo. Todavía cobro cheques por esa canción. Y su patrimonio también”.
Otra de sus experiencias fue participar en la serie Arrested Development: “Para mi papel de Lucille Austero, me entrené con Luigi, mi extraordinario maestro de baile. Cada caída la hice yo misma”.
Caídas, renacimientos y nuevos deseos de Liza Minnelli
La vida de Liza Minnelli estuvo marcada por etapas de éxito y momentos difíciles. Tras salir de rehabilitación en 2003, experimentó una recaída. “Una tarde en Manhattan, me desplomé en la acera, casi inconsciente. La multitud pasaba sobre mi cuerpo. ¿Pensaron que era una persona sin hogar? ¿O reconocieron a Liza Minnelli en el suelo? Nunca lo sabré... Sentí más vergüenza que nunca en mi vida. Hay millones que, como yo, enfrentan el peligro de la recaída. Por favor, no nos juzguen”.

Minnelli recordó matrimonios, rupturas y la pérdida de dos de sus exmaridos. Nombra con gratitud a Mark Gero, su tercer esposo, con quien vivió una separación cordial. También menciona desencuentros con Gene Hackman, aunque alude irónicamente en sus memorias al fallecimiento de la esposa del actor en 2025, una referencia situada en el contexto subjetivo y especulativo de la autora.
Actualmente, a sus 80 años, la artista rehúsa la idea de volver a casarse, pero mantiene una actitud abierta hacia nuevas experiencias. “Sigo en el juego de las citas”, afirmó, manteniendo la vitalidad que la distinguió tanto sobre como fuera del escenario.
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