El proceso creativo impulsado por Jon M. Chu y su equipo abrió nuevas posibilidades en el cine musical. Es que el cineasta se encontró ante una auténtica encrucijada al aceptar la dirección de Wicked, la adaptación cinematográfica del exitoso musical de Broadway.
“O mi carrera terminará y volveré a grabar videos de bodas, o lograremos algo extraordinario”, afirmó Chu a Vanity Fair, rememorando el vértigo de asumir un proyecto durante años considerado imposible de llevar a la pantalla grande.
El resultado superó cualquier expectativa: la primera entrega de Wicked se convirtió en la adaptación musical de Broadway más taquillera de la historia, con más de USD 756 millones recaudados a nivel mundial y premios Oscar en diseño de vestuario y producción.
El desafío de adaptar una obra icónica durante la pandemia
El temor de Chu no se limitaba al reto técnico y artístico, sino también al peso de adaptar una obra con una base de seguidores apasionada. El director explicó a Vanity Fair que, en medio de la crisis por COVID y el “parate” de la industria cinematográfica, la incertidumbre era máxima.
“Era el confinamiento por COVID, así que nos preguntábamos si las películas seguirían existiendo. Y los musicales en cine no pasaban por su mejor momento. Sentí más miedo al principio de la preproducción”, relató.
Frente al elenco principal, Cynthia Erivo (Elphaba) y Ariana Grande (Galinda), Chu fue honesto: “No tengo todas las respuestas, pero debemos hacer esto y dejar de lado las opiniones externas”. El equipo optó por centrarse únicamente en su visión y se aisló del ruido mediático durante el año y medio de rodaje y edición.
Casting, emociones y colaboración

La selección del reparto y el desarrollo emocional de los personajes resultaron esenciales. Chu buscaba actores capaces de mostrar vulnerabilidad auténtica, convencido de que esa sinceridad conecta con el público.
Cynthia Erivo, que interpreta a Elphaba, tuvo que afrontar sus propios temores respecto a un personaje frecuentemente reducido al estereotipo de “la bruja loca”. Reservada y exigente, Erivo exigió mayor profundidad y líneas, lo que motivó un minucioso ajuste narrativo.
Ariana Grande, admiradora previa de Galinda, aportó una visión muy definida del personaje. Chu subrayó la importancia del apoyo mutuo en el elenco y equipo ante el peso de asumir roles icónicos.
Rodaje simultáneo y desafíos logísticos

El mayor reto logístico fue el rodaje de ambas películas de forma simultánea y fuera de secuencia. Chu detalló a Vanity Fair la dificultad de coordinar el calendario para optimizar el trabajo de las protagonistas y aprovechar recursos excepcionales, como los dos millones de tulipanes plantados para una escena que solo se podían filmar en plenitud durante 48 horas.
La preparación previa implicó nueve meses de planificación detallada, en los que el equipo diseñó cada escena y número musical de ambas películas, superando las veinte secuencias antes de iniciar el rodaje. Chu reconoció que esta etapa previa fue abrumadora por la escala y el presupuesto del proyecto.
La decisión de dividir la historia y la estructura de la secuela
Dividir la historia en dos partes resultó crucial para la adaptación. Chu explicó a Vanity Fair que, mientras la primera entrega se apoya en los tropos clásicos de musicales y comedias románticas, la segunda, Wicked: For Good, rompe con esa previsibilidad desde el inicio.

“En la primera, sabes lo que viene; en la segunda, todo está roto desde el principio y hay que reconstruirlo”, señaló. Este enfoque menos convencional demandó nuevas estrategias para mantener la confianza y el interés del público.
Nueva entrega: profundidad, libertad creativa y más canciones
En cuanto al tono del segundo acto, Chu rechazó la etiqueta de “más oscuro” y lo calificó como “más profundo”. La mayor libertad creativa permitió abordar la narrativa desde otros ángulos, ya que no existían tantas expectativas en torno a escenas o canciones específicas.
La trama indaga en las consecuencias de las decisiones vitales y los desafíos que surgen a partir de ellas. La secuela incorpora dos canciones originales de Stephen Schwartz y Winnie Holzman: No Place Like Home, interpretada por Elphaba y centrada en la pertenencia, y The Girl in the Bubble, para Galinda, que refleja soledad e introspección.
Edición, cierre y legado
Durante la edición de Wicked: For Good, Chu afrontó decisiones complejas sobre las escenas a conservar, ya que la estructura narrativa difiere de la primera entrega. La secuela parte de un escenario fragmentado, lo que obligó al director a buscar nuevas maneras de guiar al espectador y ofrecer una experiencia coherente y satisfactoria.
Al reflexionar sobre el cierre de este ciclo, Chu compartió con Vanity Fair que dirigir Wicked le permitió crecer personal y profesionalmente, plasmar su visión y confiar en su equipo para dar vida a una obra de esa magnitud. El estreno de Wicked: For Good, el 21 de noviembre, marcará el final de cinco años de trabajo que redefinieron su carrera y la historia del musical en el cine.
Hacia el futuro, Chu considera que este desenlace representa un punto de partida para nuevas oportunidades y la aceptación de lo impredecible, una experiencia transformadora e inesperada.
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