
La imagen de Marilyn Monroe con el vestido blanco levantado por el aire se convirtió en una de las fotografías más reconocidas del siglo XX. Más de seis décadas después, nuevos detalles han salido a la luz gracias a cartas e imágenes inéditas del fotógrafo Sam Shaw, amigo cercano de la actriz y responsable de aquella toma que definió no solo su carrera, sino también un momento clave en la cultura popular.
Un fotógrafo y una actriz unidos por la amistad
Sam Shaw conoció a Marilyn Monroe a principios de la década de 1950, cuando la carrera de la actriz comenzaba a despegar. Con el tiempo, se convirtió en su fotógrafo personal y en un amigo de confianza. Aunque Shaw falleció en 1999, su familia ha publicado ahora el libro Querida Marilyn: Cartas y fotografías inéditas, donde se revelan detalles de cómo nació la famosa escena de La comezón del séptimo año (The Seven Year Itch, 1955).
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El fotógrafo explica que la icónica idea de la falda ondeando sobre una rejilla del metro no surgió de manera improvisada. Años antes, había tomado una foto en Coney Island de una modelo y un marinero en una pose similar, y siempre quiso recrearla en una escala mayor. La oportunidad llegó cuando el estudio le pidió una imagen clave para promocionar la película.
El rodaje en Nueva York y la multitud fascinada
El 15 de septiembre de 1954, la producción organizó la filmación en la intersección de Lexington Avenue y la calle 51 de Nueva York. Para lograr el efecto, se instaló un generador de viento que simulaba el paso de un tren del metro bajo la rejilla donde Monroe debía colocarse.
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Miles de curiosos y periodistas se congregaron esa noche, lo que llevó a Shaw a solicitar policías adicionales para mantener el orden. Sin embargo, según relató, la multitud quedó tan absorta viendo a Marilyn que no hubo disturbios. “Ni una sola persona se abrió paso, estaban demasiado fascinados”, escribió en sus memorias.
El director Billy Wilder y el productor Charles Feldman supervisaron de cerca la escena, conscientes de que estaban probando los límites de la censura de la época. En aquel entonces, la Legión Nacional de la Decencia vigilaba estrictamente lo que se mostraba en el cine. Aun así, la combinación de la sensualidad y el humor de Monroe hizo que la secuencia resultara tan provocadora como elegante.
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El turno del fotógrafo Sam Shaw
Después de que concluyó la filmación oficial, Shaw tuvo tiempo para preparar su propia toma. Monroe, relajada y divertida, lo saludó con un apodo que solía usar para él: “Hola, Sam Spade”, en alusión al famoso personaje de Humphrey Bogart en El halcón maltés.
El fotógrafo pudo trabajar con libertad y hasta bajó al túnel para captar al técnico que operaba el ventilador desde abajo. Según sus palabras, Marilyn disfrutó la sesión más que nadie, incluso más que el propio encargado de la máquina de viento. El resultado fue la famosa fotografía que la prensa bautizó como “la toma que dio la vuelta al mundo”.
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Una recreación en Los Ángeles
Aunque la imagen de Nueva York se volvió legendaria, las condiciones técnicas de la calle —la multitud, la iluminación nocturna y los ruidos— obligaron a Billy Wilder a recrear la escena en un estudio de Los Ángeles. Allí, el director de fotografía Milton Krasner pudo controlar la intensidad del viento, la luz y los movimientos de cámara.
Shaw también se encargó de las fotografías fijas en el estudio, cuidando hasta los detalles más pequeños, como la posición de un cigarrillo en el suelo o el papel arrastrado por la brisa, para que coincidieran con lo que había ocurrido en Nueva York. Finalmente, con la ayuda de los directores de arte, se creó el póster de la película, con un diseño sencillo que apostaba por la fuerza de la imagen sin añadidos innecesarios.
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Un icono cultural más allá del cine
La sesión tuvo lugar cuando Marilyn Monroe tenía 29 años y estaba en la cúspide de su carrera. Sin embargo, apenas ocho años después, el 5 de agosto de 1962, fue hallada muerta a los 36 años por una aparente sobredosis. Su muerte prematura contribuyó a cimentar su estatus de mito, y la fotografía del vestido blanco se convirtió en un símbolo universal de sensualidad y glamour.
Hoy, la imagen sigue apareciendo en murales, camisetas, pósters y hasta esculturas, recordando no solo a Monroe, sino también el trabajo creativo de Sam Shaw. La publicación de Querida Marilyn busca rescatar no solo esa fotografía, sino la amistad y complicidad artística entre ambos.
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