El 27 de marzo de 1973, la noche de los premios Oscar se vio sacudida por un hecho que pasaría al anecdotario del activismo en Hollywood: Marlon Brando, considerado una figura central del cine estadounidense y protagonista de “El Padrino”, rechazó el premio a Mejor Actor, enviando en su lugar a una joven activista llamada Sacheen Littlefeather.
El evento, transmitido en vivo y ante millones de espectadores, dejó boquiabiertos tanto al público presente como a la audiencia global, y estableció un antes y un después en la relación entre el espectáculo y las causas sociales.
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Para comprender la decisión de Brando, es imprescindible mirar su contexto personal y profesional. Antes del rotundo éxito de “El Padrino” en 1972, Brando había vivido una década complicada en cuanto a su imagen en Hollywood: se le consideraba conflictivo, sus películas recientes no habían sido éxitos comerciales y el propio Francis Ford Coppola tuvo que luchar para conseguir que se lo aceptara como protagonista del monumental drama mafioso.
Su interpretación de Vito Corleone fue, sin embargo, un triunfo indiscutible, elogiada por la crítica e incontestable a los ojos de la Academia y el público.
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Entretanto, su relación con la “Method” Acting, técnica con la que a menudo fue asociado, era objeto de controversias, ya que, según biógrafos como William J. Mann, Brando nunca sintió verdadera lealtad hacia esa filosofía y despreciaba el culto al estrellato.
Brando consideraba que la actuación era un oficio menor ante los grandes problemas sociales del mundo, y sentía que su presencia pública debía estar al servicio de causas mayores, más allá del reconocimiento artístico.
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A pesar de las expectativas de la industria, Brando eligió no asistir a la ceremonia. Segúnla revista New Yorker, el actor había redactado una larga declaración, de quince páginas, en la que exponía sus razones para rechazar el galardón, especialmente la representación dañina e injusta de los pueblos originarios en la industria cinematográfica y el conflicto abierto en Wounded Knee, donde miembros del Movimiento Indio Americano ocupaban una ciudad en protesta por el trato recibido por parte del gobierno estadounidense.
Para hacer llegar su mensaje de protesta, Brando recurrió a Sacheen Littlefeather, una joven activista y actriz, presidenta del National Native American Affirmative Image Committee, que subió al escenario enfundada en un vestido tradicional de gamuza y mocasines.
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Con voz serena y un gesto de abstención hacia la estatuilla dorada que le ofrecía Roger Moore, Littlefeather, por instrucción de la producción, que amenazó con arrestarla si el discurso superaba los 60 segundos, comprimió el mensaje de Brando en una breve declaración.
Explicó que el motivo de la ausencia y el rechazo del premio era la protesta contra el trato de los nativos estadounidenses en el cine y la situación en Wounded Knee.
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Según Collider, la sala, acostumbrada a los discursos de agradecimiento, reaccionó con una mezcla de silencio, abucheos, murmullos y algún aplauso aislado.
Las repercusiones de aquel acto se hicieron sentir de inmediato y con fuerza. Los presentadores de la gala reaccionaron con incomodidad y sarcasmo.
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Al día siguiente, la prensa y la mayoría de la industria respondieron con una ola de rechazo: acusaron a Brando de “hipócrita” y criticaron lo que veían como una maniobra egocéntrica y teatral.

Littlefeather se vio sometida a un intenso escrutinio mediático, ataques personales y rumores que pusieron en duda hasta su identidad indígena. Los tabloides la retrataron como una oportunista, aireando detalles de su pasado como modelo y actriz de reparto.
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Internamente, ella relató posteriormente que fue puesta en una “lista roja”: se le cerraron puertas en los grandes estudios e incluso fue objeto de campañas de difamación y amenazas.
Organismos oficiales, como el FBI, habrían presionado para que no consiguiera trabajo en Hollywood, mientras los talk shows recibían advertencias de no invitarla.
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A todo esto, según New Yorker, Littlefeather vivía su propio proceso de reconstrucción personal. De origen mixto, madre blanca, padre apache y yaqui con historia de violencia y adicciones, había crecido enfrentando discriminación, problemas de salud y secuelas de una familia marcada por el abandono y el sufrimiento.

Su conexión con Brando surgió del activismo, cuando, tras años de lucha comunitaria, ella logró comunicarse con él para asegurarse de la autenticidad de su apoyo al movimiento indígena.

La noche de los Oscar, el encargo de Brando la tomó por sorpresa, pero cumplió su misión pese a la presión y la hostilidad del entorno hollywoodense.
Décadas después, la mirada sobre aquel episodio cambió de signo. En 2022, meses antes de su muerte, la Academia de Hollywood emitió una disculpa formal a Sacheen Littlefeather por el trato recibido a raíz de la ceremonia.
El reconocimiento público incluyó un acto en el Museo de la Academia en Los Ángeles, donde la activista, ya en silla de ruedas, fue honrada por miembros de la comunidad indígena y directivos de la propia institución. En su intervención, Littlefeather reivindicó aquello por lo que se mantuvo firme: la verdad y la dignidad, no solo en su nombre, sino en el de todos los pueblos originarios.
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