
Robert De Niro ha construido a lo largo de su carrera una imagen tan sólida como temible. Sus interpretaciones de personajes violentos y de carácter indomable —como Vito Corleone en El Padrino II (1974), Al Capone en Los intocables (1987) o Jake LaMotta en Toro salvaje (1980) — lo convirtieron en un ícono del cine estadounidense.
Detrás de esos roles memorables hay un actor que se entrega con intensidad absoluta, al punto de modificar su cuerpo drásticamente para alcanzar el realismo, como cuando aumentó 27 kilos para encarnar al boxeador LaMotta.
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Según revela Far Out, aunque hoy muchos lo asocien con papeles más suaves o su faceta pública como cofundador del festival Tribeca, De Niro no ha perdido del todo esa aura intimidante.
Y si hay alguien que puede dar testimonio de ello, es Barry Norman, uno de los críticos de cine más influyentes del Reino Unido durante las décadas de 1970 y 1980.
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Una entrevista que comenzó con tensión
En 1990, Norman fue seleccionado para realizar la única entrevista televisiva con De Niro en Londres con motivo del inminente estreno de Buenos muchachos (1990), de Martin Scorsese.
El encuentro fue fijado en el prestigioso Hotel Savoy, pero desde el inicio todo indicaba que no sería una conversación amable.
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Según relató el propio Norman al medio Wales Online, la entrevista empezó con una espera de 30 minutos porque el actor estaba aguardando el regreso de su camisa de la lavandería.
Cuando finalmente apareció, sus respuestas fueron frías, breves y secas. Al cabo de diez minutos de monosílabos, el entrevistador empezó a impacientarse.
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El punto de quiebre llegó cuando Norman mencionó un rumor que circulaba por entonces: que De Niro había pedido sin éxito el papel principal de la película Quisiera ser grande (1988), más tarde interpretado por Tom Hanks, y que los productores lo habían rechazado por considerarlo “veneno para la taquilla”. La reacción del actor fue inmediata. “Tenías que sacar eso, ¿verdad?”, respondió visiblemente ofuscado, antes de abandonar la sala de manera abrupta.
De periodista a rival físico por unos segundos
Pocos críticos habrían reaccionado como lo hizo Barry Norman. En lugar de dejar que el doble ganador del Óscar se marchara, salió tras él, decidido a confrontarlo.
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“Antes de darme cuenta, estaba nariz con nariz con el mismísimo Toro salvaje, a punto de pelearme con él”, rememoró años después. Aun comprendiendo lo imprudente del gesto, no se detuvo: “Pensándolo ahora, no fue la mejor idea. Puede que De Niro solo interpretara a Jake LaMotta, pero sigue siendo un tipo duro”.

El altercado no llegó a los golpes, y afortunadamente, ambos pudieron recomponerse y continuar la entrevista. Lo que se emitió en televisión fue una conversación profesional. Pero lo que ocurrió fuera de cámara revela tanto el carácter reservado del actor como la determinación del periodista por cumplir con su labor.
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Una historia que no fue la única
El episodio con Norman no ha sido el único momento tenso entre De Niro y la prensa. En 2015, el actor protagonizó otro gesto abrupto cuando, en una entrevista con Radio Times, el periodista insinuó que el Tribeca Film Institute, del cual es cofundador, había sido absorbido por intereses financieros.
De Niro, sin intención de entrar en ese terreno, interrumpió la conversación con un seco “No pienso hacerlo, querida” y se retiró.
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Este patrón de comportamiento no sorprende a quienes han seguido su carrera. De Niro es notoriamente reservado, y a pesar de que concede entrevistas por compromisos promocionales, nunca ha sido un interlocutor fácil.
Sus reacciones, incluso agresivas, parecen estar motivadas por una profunda aversión a ser escrutado fuera del personaje.
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Barry Norman, un crítico sin filtros

Aquel incidente con De Niro no fue un caso aislado en la carrera de Barry Norman. El crítico británico, que se mantuvo por décadas como la voz más respetada del análisis cinematográfico en televisión, tuvo otros encontronazos con celebridades, incluido un actor legendario con quien tuvo una discusión subida de tono en un tren.
Su estilo directo, su vasto conocimiento del cine y su falta de complacencia frente a las estrellas hicieron de Norman una figura respetada, pero también, como se ve en esta anécdota, expuesta a situaciones poco comunes.
Una entrevista recuperada, una escena ausente
Aunque la entrevista entre Norman y De Niro fue emitida finalmente, no existe registro en video del momento en que ambos se enfrentaron físicamente en los pasillos del hotel.
El material disponible refleja solo lo que se vio en cámara: un periodista tratando de rescatar una conversación y un actor incómodo, pero cooperativo.
La escena real, sin embargo, quedó grabada solo en los recuerdos de quienes estuvieron presentes. Para Barry Norman, fue un episodio que resumió las dificultades —y a veces los peligros— del periodismo cultural cuando se practica con rigor.
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