Desde un extremo de la Adoración de los Reyes (1475), Alessandro di Mariano di Vanni Filipepi, llamado il Botticelli, nos contempla con cierto aire de suficiencia, como diciendo: “esta maravilla la he pintado yo”.
Tampoco iba a dejar pasar la oportunidad de retratarse junto a los Medici, esa legendaria familia de banqueros que dominaba las finanzas de media Europa y eran admiradores del joven pintor.
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Resulta curioso que este artista haya pasado a la historia con un sobrenombre que no era el suyo, sino el de su hermano, Giovanni. Sandro era el hermano menor, varios años más joven que Giovanni, quien actuó como su tutor.
Pues resulta que a Giovanni lo llamaban Botticelli, pequeño barril, por su baja estatura, su sobrepeso y su inclinación por las bebidas alcohólicas.¿Por qué este sobrenombre pasó de Giovanni a Sandro? Es una incógnita que persiste desde hace 500 años.

El prestigio de Botticelli fue tal que el Papa lo convocó, junto a otros artistas, para decorar la Capilla Sixtina, donde pintó Las tentaciones de Cristo y Los juicios de Moisés, obras eclipsadas por los posteriores frescos de Miguel Ángel.
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A Sandro Botticelli le cabe el privilegio de haber pintado el primer desnudo frontal del Renacimiento. A este hecho, de por sí notable, cabe agregar que fue el primer lienzo, es decir, la primera tela pintada al temple.
Como obra renacentista, está inspirada en “la Teogonía de Hesíodo”, obra clásica del siglo VIII, basada en la Metamorfosis de Ovidio, texto que relata el nacimiento de Venus. Cronos, el dios del tiempo, castró a su padre Urano. Cuando su semen se desparramó sobre el mar, nació Venus, la diosa del amor, fruto de la unión entre el cielo y el océano.
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Botticelli la presenta como una virgen púdica, tapando sus pechos y su sexo, mientras Céfiro —el dios del viento— y su compañera Cloris soplan sobre esta Venus surgida de una concha marina. Del otro lado se aproxima la Primavera, dispuesta a cubrir la desnudez de Venus con un manto de flores.

Botticelli le dio a Venus el rostro de una conocida dama florentina célebre por su belleza, llamada Simonetta Cattaneo, casada con Vespucci, primo del célebre navegante que le dio el nombre a América.
Sin embargo, Simonetta fue amante de Giuliano de Medici. El final de esta singular pareja fue dramático: Giuliano murió asesinado por traidores y Simonetta, víctima de la tuberculosis, falleció a poco de cumplir 22 años.
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Es evidente que Botticelli sentía una gran atracción por la joven, cuyo rostro reprodujo en varias de sus obras, incluida La Primavera, que pintó nueve años después de la muerte de Simonetta.
Botticelli nunca se casó y, antes de morir, pidió ser enterrado cerca de la tumba de Simonetta.
Si bien esta Venus es una de las obras más famosas del arte occidental, la figura de la diosa luce algo desproporcionada. Su brazo izquierdo es notoriamente más largo que el derecho, con el que se tapa los pechos. La mano izquierda reproduce el gesto de la virgen púdica para ocultar su desnudez.
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Afortunadamente, esta obra maestra del Renacimiento, que expone la génesis del mundo según la mitología griega, se salvó de ser destruida después de la expulsión de los Medici de Florencia, cuando en 1494 Girolamo Savonarola instauró una teocracia en la ciudad que había acogido tantos artistas.

El nacimiento de Venus se encontraba en una villa de los Medici fuera de la ciudad, en Castello. Por esta razón se salvó de la “hoguera de las vanidades”, en la que Savonarola proponía quemar todas las obras de arte consideradas superfluas, lesivas o inmorales.
Botticelli adhirió a las políticas del monje fanático; no sabemos si fue por convicción o por conveniencia… Lo cierto es que olvidó este “pecado” juvenil, reflejo de un ideal de belleza.
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Con la caída de Savonarola, Botticelli quedó en una posición complicada y las encomiendas de trabajo disminuyeron considerablemente, así como sus ingresos.
A duras penas sobrevivió los últimos años de su vida gracias a la ayuda de sus amigos.
En 1502 fue acusado de sodomía, pero los cargos fueron desestimados; sin embargo, la duda sembrada no asistió a mejorar su reputación.
Cuando falleció el 17 de mayo de 1510, Botticelli fue sepultado en la Iglesia de Todos los Santos, a los pies de esta Simonetta que había prestado su bello rostro a Venus, 34 años antes.
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