
Cada 4 de febrero se conmemora el Día Mundial contra el Cáncer, una jornada que busca destacar el impacto global de esta enfermedad y promover la prevención y el diagnóstico oportuno.
En El Salvador, el cáncer persiste como uno de los principales desafíos del sistema de salud, en particular por las dificultades para lograr la detección temprana y garantizar atención especializada a toda la población.
La alta incidencia del cáncer en El Salvador tiene raíces profundas. Según el Observatorio de Derechos Sexuales y Reproductivos de la Organización de Mujeres Salvadoreñas por la Paz (ORMUSA), entre 2020 y 2024 se registraron 979 casos de los cuatro tipos de cáncer más frecuentes en mujeres, con una predominancia del 71.60 % de diagnósticos de cáncer de mama y de útero. Esta tendencia subraya la centralidad de estos dos tipos en el panorama sanitario nacional y evidencia la necesidad de fortalecer los protocolos de detección precoz.
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El cáncer, surge por el crecimiento descontrolado de células anómalas que pueden invadir tejidos y diseminarse a otros órganos, encuentra múltiples causas: desde factores genéticos hasta hábitos de vida y condiciones ambientales.
La detección temprana se presenta como el principal factor para aumentar la probabilidad de un tratamiento exitoso y reducir la mortalidad, ya que facilita el diagnóstico en etapas iniciales, cuando las intervenciones tienden a ser menos invasivas y más eficaces.

Los principales retos en el sistema de salud
El oncólogo salvadoreño Danilo Arévalo Sandoval explicó que existen notables diferencias en la frecuencia de tipos de cáncer según el sexo. En mujeres, el cáncer de mama es el más diagnosticado, mientras que, en hombres, los casos de cáncer de próstata ocupan el primer lugar. Añadió que: “El cáncer más mortal sigue siendo el de estómago y el de mayor prevalencia es el cáncer de colon. Además, el cáncer cérvico-uterino es el único prevenible y ocupa el segundo lugar en mujeres”.
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La atención a pacientes oncológicos se ve limitada por la falta de actualizaciones en las estadísticas nacionales. Arévalo Sandoval remarcó que El Salvador carece de una política nacional integral para el cáncer, por lo que gran parte de la información depende de bases internacionales como Globocan, cuyos últimos datos corresponden a 2022, lo que dificulta el análisis ajustado a la realidad nacional.
Avances tecnológicos en el territorio
Entre los avances recientes, Arévalo Sandoval mencionó la introducción del equipo PET scan en el sistema de seguridad social, una tecnología que permite mejorar la evaluación y el seguimiento de diversos tipos de cáncer. Además, señaló el convenio entre la Organización Panamericana de la Salud y el Hospital Nacional San Juan de Dios que facilita la disponibilidad de medicamentos para menores con cáncer, junto a la aplicación de la vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH), estrategia clave en la prevención del cáncer cérvico-uterino.
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Persisten, sin embargo, limitaciones estructurales. El sistema de salud salvadoreño permanece fragmentado entre el sector público y el de seguridad social, una situación que genera desigualdades de acceso al diagnóstico y tratamiento, afectando de manera más marcada a quienes residen fuera del área metropolitana.
El especialista advirtió sobre la recurrencia de referencias tardías, extensos procesos para obtener atención especializada e interrupciones en la provisión de servicios y medicinas. “En algunos momentos hay escasez de medicamentos o insumos, lo que impacta directamente en el pronóstico de la enfermedad”, subrayó Arévalo Sandoval.
La centralización de los servicios oncológicos en la capital representa otra barrera significativa: pacientes de zonas rurales se ven obligados a asumir altos costos de traslado y hospedaje, lo cual afecta su acceso regular al sistema de salud.
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Junto a estos retos materiales, el oncólogo resaltó el papel del estigma social y la desinformación en la evolución de la enfermedad. Muchas personas optan por terapias sin base científica o abandonan los tratamientos convencionales ante la percepción negativa asociada a procedimientos como la quimioterapia, la radioterapia o la cirugía. “Persiste el temor hacia estos tratamientos, por la creencia de que conllevan efectos adversos graves o un pronóstico desfavorable”, puntualizó.
El Observatorio de Derechos Sexuales y Reproductivos de ORMUSA, con información del Hospital Nacional de la Mujer “María Isabel Rodríguez”, advirtió que entre 2020 y 2024 el cáncer de mama y de útero representaron cerca del 72% de los nuevos casos en mujeres, lo que pone de relieve su impacto y la exigencia de políticas públicas orientadas a la prevención y la atención igualitaria para toda la población.
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