Ignacio Torres, gobernador de la provincia de Chubut, compartió una nutrida charla con Patricio Zunini en el marco del primer día del Foro de Educación y Empleabilidad organizado por la OEI y Ticmas en la Feria del Libro. Durante la entrevista hablaron sobre tecnología educativa, alfabetización y empleabilidad.
—En varias ocasiones señalaste la necesidad de integrar a los pueblos más aislados de la provincia, es un tema recurrente en tus entrevistas. ¿Cómo imaginás la tecnología educativa en ese trabajo integrador?
—La tecnología es determinante para integrar a los pueblos. En Chubut, muchas localidades están aisladas no solo en conectividad (como el acceso a Internet), sino también en servicios esenciales como el gas. En pueblos pequeños, de 500 a 5000 habitantes, había una división geográfica del trabajo, donde nacer en un lugar determinaba tu futuro laboral. Con Internet satelital y herramientas tecnológicas, estamos logrando brindar igualdad de oportunidades. Presentamos una ley que incorpora programación, educación financiera, robótica e inteligencia artificial en la currícula, permitiendo que chicos accedan a conocimientos independientemente de su lugar de origen.
—¿Cómo se sostiene la matriz productiva de una provincia tan grande y variada como Chubut?
—Chubut es una provincia extractivista con hidrocarburos, pesca y aluminio. Somos la cuarta provincia exportadora del país. Sin embargo, tenemos grandes asimetrías sociales por nuestra geografía extensa y pueblos aislados. El desafío es llevar igualdad de oportunidades educativas, sociales y económicas a toda la provincia, lo cual es también el gran desafío de la Argentina.
—¿Se dio mucha migración interna en Chubut en los últimos años?
—Sí, especialmente hacia los grandes centros urbanos, debido a la dificultad del trabajo agrario, que está muy golpeado, como la producción de harina. Poblar y sostener las zonas rurales es clave, no solo desde lo productivo, sino también desde la soberanía. Hay que dar herramientas a estas familias para que produzcan y vivan mejor, con acceso a Internet, rutas, agua y gas.
—La articulación entre educación y trabajo implica una serie de actores que tienen que estar sentados en una mesa. ¿Quiénes serían esos actores?
—Todos nosotros. En Chubut venimos de seis años donde los chicos tuvieron apenas un año y medio de clases. La educación se volvió la principal preocupación. Surgió un movimiento ciudadano llamado Juntos por la Educación, que unió a toda la dirigencia política, gremios y sector privado. Con la Ley de Responsabilidad Empresarial avanzamos en planes de alfabetización y recuperación educativa. Cuando asumimos vimos que había chicos de cuarto grado que no sabían leer o escribir, o chicos que estaban por recibirse y querían ir a la universidad pero tenían la frustración de no sentirse preparados para desarrollarse profesionalmente.
—Hablabas de los chicos de cuarto grado que no sabían leer. ¿Cómo vienen desarrollando el plan de alfabetización de la provincia?
—El plan de alfabetización es uno de los programas que más me enorgullece. Participamos todos y logramos superar la media nacional en alfabetización en tan solo un año y medio. El desafío ahora es sostenerlo. Chubut debe ser un caso testigo para que no se repita esta desidia en otras provincias. La educación pública debe ser eficiente y estar garantizada en todos los rincones, desde Capital Federal hasta el pueblo más pequeño.
—Desde el lado de la política pública ¿cuál es el objetivo o cómo se acompaña a los estudiantes para sostener esa matriz productiva?
—Hay que tener una currícula hasta nivel terciario que mire al futuro. Chubut tiene un gran potencial en energías renovables, minería e hidrocarburos, pero también necesitamos capacitar mano de obra. Sostenemos las escuelas de oficios, pero también damos acceso a educación para el trabajo remoto. Programación y herramientas digitales son fundamentales para competir en el mundo laboral.
—Hablaste de plantear una educación a largo plazo, una renovación educativa, una búsqueda que esté articulada con la industria. En términos presupuestarios ¿Cómo se traduce eso en acciones concretas?
—Toda política educativa a largo plazo cuesta dinero. El presupuesto refleja las prioridades de un gobierno. A nivel nacional, no hay presupuesto aprobado y no se cumple con la ley que establece destinar el 6% del PBI a educación. En Chubut destinamos el 35% del presupuesto a educación y el 70% del gasto de capital en obras fue para infraestructura escolar. También tenemos partidas específicas para conectividad, con el apoyo de la Fundación del Banco Chubut y el sector privado.
—¿Cómo se acompaña a los docentes en todos los niveles, más allá del sueldo?
—Avanzamos con una ley de profesionalidad docente que premia la presencialidad y la capacitación con un 30% más sobre el salario básico. Esto redujo la conflictividad y garantizó los 180 días de clase. Valoramos al docente como formador estratégico. Sin embargo, aún enfrentamos sectores gremiales muy politizados que atentan contra el orden público y la educación. Hay que exponerlos sin miedo, porque la mayoría de los docentes está orgullosa de su trabajo y no se identifica con esos sectores.
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