
Se llama Florencia Frías, vive en Yerba Buena (Tucumán) y es mamá de cuatro. Dice que el clic fue una mañana de agosto del 2020. Plena cuarentena, los chicos sin clases presenciales en lo que iba del año, y ella, que siempre se consideró una “antimadre” de escuela, vio la situación como quien mira desde afuera o desde arriba: la hija de 13 hacía Educación Física por celular, el de 11 estaba en la computadora con el micrófono y la cámara apagada, los más chicos, que estaban en momentos tan cruciales como es el prescolar y el primer grado, tenían a las maestras con gran predisposición, pero colapsadas —el más chiquito había vuelto a hacerse pis en la cama—.
La escuela de sus hijos había hecho una encuesta entre las familias para saber con cuántos dispositivos contaban y así organizar los Zooms. A primera vista, la solución parecía insuficiente —en el mejor de los casos, los chicos más grandes iban a tener dos o tres clases diarias—, pero, ahora, después de tantos meses de cuarentena, la situación empezaba a desbordarse. “Me parecía”, dice Florencia mirando hacia atrás, “que, aún atendiendo a las medidas sanitarias, una resolución dictada en Buenos Aires no podía aplicarse automáticamente en el resto del país”.
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Ese día, dice, comprendió que se necesitaba el despertar de las familias. Aunque parezca una paradoja —la pandemia puso en evidencia muchísimas paradojas—, las familias no estaban bien preparadas para acompañar la educación de sus hijos. Hasta ese 2020 fatídico, el tema no solía estar en agenda y muchos padres y madres descansaban en la escuela. Pero hubo desde entonces un replanteo del rol de las familias y de la necesidad de comprometerse e involucrarse.
“Buscaba datos”, dice Florencia, “y lo único que encontraba era lo que publicaba Argentinos por la Educación, que corroboraba la sensación de lo que realmente pasaba”. Argentinos por la educación es una organización no gubernamental que se desarrolla en tres ejes principales: recabar datos para conocer la realidad educativa, generar consensos que incidan en el diseño de políticas públicas y promover las prácticas de movilización social para poner a la educación en el centro del debate público. “Tres ejes”, dicen la web, con una misión: “transformar la educación”.
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<b>Una red de padres y madres</b>
Así fue como Florencia se unió a la Red de Familias por la Educación —hoy es una de las coordinadoras— de Argentinos por la Educación, en la que padres y madres de todas las provincias se reúnen en torno a propuestas que persigan la mejora educativa. Asisten a talleres de formación, comparten experiencias, participan en campañas federales que buscan la implementación de soluciones escolares que afectan la vida de sus hijos.
“Tratamos de ser propositivos y respetuosos entre todos; para indignarse está Twitter”, dice Florencia, que llegó a la Red sin una experiencia previa de militancia, y encontró aquí un espacio libre de partidismos desde donde siente que fue posible hacer escuchar su voz ante “al silencio ensordecedor” que la rodeaba. La Red busca mantener una visión federal en donde cada integrante pueda aportar su experiencia, su conocimiento y también sus necesidades.
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Además de un contacto permanente entre sus miembros —que a veces puede ser algo tan simple como registrarse en un grupo de WhatsApp—, se han realizado dos encuentros nacionales que, por la pandemia, debieron virtuales, en donde hubo desde talleres de capacitación hasta debates por el diseño de políticas públicas. Este año se realizará el tercer Encuentro Nacional de Familias por la Educación, que por primera vez será presencial. Del 30 de septiembre al 2 de octubre, la ciudad de Rosario será la casa de muchos padres y madres que bregan por la educación de sus hijos. “Mi ambición es que nos escuchen”, dice Florencia, “y para eso hay que salir de la postura pasiva y construir ciudadanía”.
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