Uno de cada dos jóvenes de entre 18 y 28 años atraviesa alguna situación de vulnerabilidad en la Argentina. Detrás de los porcentajes hay vidas organizadas alrededor de necesidades inmediatas y una pregunta: qué posibilidades tiene una persona de imaginar su futuro mientras intenta resolver el presente.
Felipe Vega Terra, director del Ciclo Básico Común de la Universidad de Buenos Aires, es uno de los directores de la investigación que, junto con Scholas Occurrentes, se realizó a más de mil jóvenes en contextos vulnerables de todo el país. El estudio indagó las condiciones de vida de los jóvenes, sus recorridos educativos y laborales, la salud mental, las creencias políticas y las expectativas para los próximos años. Sus resultados fueron el tema central de este nuevo episodio del podcast de Ticmas.
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Datos destacados
- Más del 60% no terminó el secundario
- El 30% está desempleado y del total solo el 10% tiene un trabajo en relación de dependencia registrado
- Más del 85% tiene claro que necesitaría volver a estudiar o mejorar su formación para poder conseguir un trabajo o para conseguir un trabajo mejor que el que tienen
- El 70% plantea sentir nervios o ansiedad, el 50% desgano o depresión. El 30% plantea tener alguna problemática para controlar el consumo de alcohol, cigarrillos o drogas

Una vulnerabilidad hecha de capas
“La vulnerabilidad es una condición subjetiva de las personas que excede largamente la variable de ingreso”, explicó Vega Terra. Por esta razón, el diagnóstico partió de los ingresos y las condiciones materiales del hogar, junto con el nivel educativo, el capital cultural y las percepciones de los propios jóvenes.
La vulnerabilidad aparece entonces como una experiencia que se acumula y deja marcas en diferentes zonas de la vida. Una mejora económica puntual puede aliviar algunas privaciones, aunque otras continúen presentes en la relación con la escuela, el trabajo, la salud o el barrio.
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La investigación combinó indicadores objetivos con preguntas sobre la forma en que los jóvenes perciben sus condiciones de vida. La inseguridad, por ejemplo, no se midió únicamente a través de estadísticas delictivas: también importó que una persona sintiera que su barrio era inseguro y que esa percepción influyera en sus proyectos. Muchos expresaron el deseo de mudarse a un lugar con mejores servicios, menos violencia o mayores posibilidades laborales.

La escuela a mitad de camino
Los resultados del informe han sido reveladores en muchas dimensiones, en especial por la potencia que esos datos revelan de la otredad. Se suele pensar en jóvenes en contextos de vulnerabilidad como si formaran parte de un todo indiferenciado y la investigación de Vega Terra muestra una complejización de la realidad que es muy valiosa.
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Entre los jóvenes encuestados, la educación ocupa una posición central. Cerca del 60% de los jóvenes relevados abandonó la escuela secundaria. Entre quienes cursaron estudios terciarios o universitarios, incluso sin haberse graduado, la proporción cae por debajo del 7%. La distancia con el nivel superior comienza, en buena parte de los casos, varios años antes de una posible inscripción universitaria.
Es necesario comprender que la interrupción de los estudios también modifica el tipo de trabajo al que una persona puede acceder. Quienes dejan la escuela encuentran mayores obstáculos para conseguir empleo y suelen quedar expuestos a trabajos informales, salarios bajos y condiciones inestables. La calidad del empleo define, además, el acceso a la cobertura médica y la posibilidad de sostener otros proyectos personales.
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Sin embargo, como destacó Vega Terra, la educación es para los jóvenes encuestados una deuda pendiente. “Más del 85% tiene claro que necesitaría volver a estudiar o mejorar su formación para poder conseguir un trabajo o para conseguir un trabajo mejor que el que tienen”, afirmó Vega Terra. El problema comienza en la distancia entre ese reconocimiento y las oportunidades disponibles.
Volver a la escuela secundaria, completar los estudios o ingresar en una propuesta de formación profesional requiere tiempo, recursos y aprendizajes previos. La voluntad existe; las condiciones para sostenerla aparecen de manera desigual.
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Vivir con ansiedad y sin cobertura
Uno de los datos más relevantes se ocupó de los jóvenes que entran en la categoría ni-ni: que no trabajan ni estudian. El porcentaje es mucho más bajo de lo que el prejuicio suele indicar: apenas del 20%.
Otro valor importante del estudio fue la dimensión dedicada a la salud mental, que es una dimensión menos visible de la vulnerabilidad. El 70% de los jóvenes declaró sentir nervios o ansiedad, la mitad mencionó desgano o depresión y un 30% reconoció dificultades para controlar el consumo de alcohol, cigarrillos o drogas. Esas respuestas corresponden a una población que, en un 78%, solo puede atenderse en un hospital público o en un centro de salud cercano a su domicilio, donde la salud mental no suele ser tema de consulta. En este sentido, Felipe Vega Terra señaló que la universidad está desarrollando un proyecto para transformar un edificio de la UBA de la calle Hidalgo y convertirlo en un Hospital Escuela de la Facultad de Psicología.
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La iniciativa reúne a la universidad, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y una fundación integrada por graduados. Allí, futuros psicólogos y profesionales de posgrado podrán atender a la comunidad universitaria y a vecinos de la ciudad. El ejemplo muestra una forma posible de articular conocimiento, recursos públicos y aportes privados frente a una demanda que creció y todavía encuentra respuestas insuficientes.
Para el CBC, la investigación abre otra línea de análisis. Los jóvenes en situación de vulnerabilidad que completaron la escuela secundaria e ingresaron a la universidad representan trayectorias que permiten estudiar qué condiciones hicieron posible ese recorrido. Conocerlas puede ayudar a diseñar estrategias para quienes todavía permanecen lejos de la educación superior. La pregunta final del episodio vuelve entonces sobre el punto de partida: cómo transformar el deseo de estudiar en una posibilidad que pueda sostenerse.
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La entrevista completa a Felipe Vega Terra con el análisis de los resultados del informe está disponible en el podcast de Ticmas.
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