
En la Ciudad de Buenos Aires, el horizonte del regreso a las aulas todavía es difuso. Si bien sus autoridades proyectan recuperar en parte la presencialidad antes de fin de año, el escenario epidemiológico siembra incertidumbre. El lunes pasado, ya dejadas atrás las vacaciones de invierno, los alumnos porteños retomaron la actividad a distancia.
En una entrevista con Infobae, Luis Bullrich, jefe de gabinete del ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires, hoy ministro interino, consideró: “Yo creo que las crisis traen enormes oportunidades, una gran cantidad de aprendizajes. La situación es tan extrema que nos obligó a transformarnos, a adelantar conversaciones que sin la pandemia no hubieran sido posibles”.
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-¿Qué repercusiones va a traer en términos de desigualdad educativa la pandemia?
-Las desigualdades sociales que ya existían se van a profundizar lamentablemente. Por eso, el foco está en desarrollar estrategias de soporte, con refuerzo de seguimiento de trayectorias, entrega de materiales impresos para los chicos sin conectividad, difusión de contenidos a través del Canal de la Ciudad y la radio. A eso agregamos que las plataformas no consumen datos y asumimos la entrega de dispositivos. Llevamos entregadas 11.200 netbooks y en las próximas semanas comenzamos la distribución de tablets.
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-¿Hasta qué punto las estrategias de educación a distancia pudieron reemplazar a la escuela?
-La no presencialidad volvió a ponderar el rol clave de la escuela, que más allá de los aprendizajes es un espacio de contención y de socialización. Tuvimos un compromiso muy fuerte de los docentes para reinventarnos rápido. La pandemia nos llevó a repensar las estructuras de los roles dentro del sistema: a tener más horizontalidad entre los distintos actores para que la respuesta sea más rápida.
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-¿Qué otros beneficios encontraron a este momento singular?
-La suspensión de las clases presenciales contribuyó muchísimo a aumentar la autonomía escolar. Las escuelas diseñan y ofrecen sus propios recursos y materiales de acuerdo a las necesidades que tienen. Y rescato sobre todo el mayor involucramiento de las familias. La educación volvió a las mesas de las casas, con un contacto mucho más fluido con la escuela y mismo con el ministerio pese a la distancia. En la línea que pusimos a disposición, recibimos más de 170 mil llamados de padres. Cuando volvamos a las aulas, las familias nos van a exigir mucho más porque ahora son más conscientes de los procesos de enseñanza y aprendizaje.
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-¿Cómo se hace para que la propia inercia del sistema haga perder estos avances que menciona?
-Al ser tantos meses, pienso que nada va a volver a ser como antes. Yo tengo fe que, si logramos establecer desafíos en el corto y mediano plazo para garantizar el acceso a Internet en los sectores más vulnerables, continuaremos potenciando el rol activo de las familias. Ahí también necesitás mirar otros temas como el curricular, para incorporar definitivamente las habilidades del siglo XXI, en especial en el secundario, con regímenes académicos más flexibles y ofertas que puedan amoldarse al ritmo y las necesidades de los alumnos.
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-¿Qué porcentaje de los alumnos no estuvo conectado?
-Estamos haciendo un relevamiento bastante detallado para identificar a los chicos que no tuvieron vínculo pedagógico, porque después nuestro deber es salir a buscarlos para que vuelvan a la escuela.
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-¿La Ciudad va a sostener la evaluación para definir el paso de año?
-Nos parece súper importante sostener los procesos de evaluación, desarrollar herramientas y estrategias para saber cuánto aprendieron los chicos en estos meses sin presencialidad, para después reorganizar los ciclos lectivos. Las encuestas nos muestran que el 88% de los alumnos tiene más de dos contactos por semana. En general, pudimos sostener la continuidad pedagógica.
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-¿Qué se espera para la segunda mitad sabiendo que el regreso a las aulas, si se da, va a ser en forma muy parcial?
-Esta segunda etapa va a ser virtualidad con algo de presencialidad. El objetivo que tenemos es que se reconstruyan los vínculos y las rutinas familiares mientras los chicos siguen aprendiendo desde casa con una asistencia alternada cuando podamos volver a las escuelas. La propuesta de regreso será con grupos reducidos, con especial foco en los últimos cursos de cada nivel y en los estudiantes que perdimos en la primera parte del año.
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