En el marco del “Informe nacional sobre demanda laboral, formación y capacitación para la transformación productiva” realizado por la solución educativa integral Ticmas para CAF, el banco de desarrollo de América Latina y el Caribe; Roberto Lencina compartió su perspectiva que une su más de tres décadas de experiencia como docente, investigador y las necesidades del mundo minero.
Desde hace 35 años, Lencina se especializa en articular la “geología, específicamente en la actividad minera, con habilidades como la mediación, la resolución de conflictos y una capacidad de análisis integral en esferas sociales, económicas y ambientales”.
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Además de ser representante nacional del del Task Group del área de Geología Económica del Instituto Argentino de Petróleo y Gas (IPAG) también dirige el Programa Académico-Cultural de intercambio (Energías, Liderazgos y Comunidades) entre la Universidad Nacional de Tucumán y la Northern Arizona University-Flagstaff en Estados Unidos.
La transformación del mapa del trabajo en Argentina
“Está sucediendo lo que algunos economistas están vaticinando o están tratando de explicar como un fenómeno de reversión de la demanda de empleo. Durante mucho tiempo el conurbano bonaerense fue receptor de empleo buscando oportunidades, entonces hay mucha gente del denominado interior del país en el conurbano. Hoy la matriz productiva argentina está sufriendo un cambio radical de 180 grados”, explicó Lencina.
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Y agregó: “Hay sectores que están creciendo y, que se estima que van a seguir creciendo, como energía, minería, petróleo, tecnología del conocimiento, el sector agropecuario y un sector del que se habla muy poco que es el de logística y transporte; con esto vamos dando un dato interesante en la orientación de las búsquedas. Y las oportunidades de estas industrias están, muchas de ellas, en las provincias.”
“Probablemente la dinámica del empleo se traslade a donde están los recursos naturales que son demandados, que es el sector cordillerano especialmente. Es probable, es un escenario posible y se debe trabajar en eso porque actualmente la demanda de recursos humanos, calificados especialmente técnicos y profesionales, es muy alta y va a ser mucho más alta”, subrayó.
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Empleo en alza
A la hora de analizar qué sectores están impulsando el empleo en la Argentina, Lencina fue concreto: “Gas, petróleo y minería, sin dudas, y logística. Fundamentalmente los datos estadísticos muestran un crecimiento enorme de logística y transporte. Entonces, es curioso el dato que te estoy dando, que casi prácticamente no se lo menciona. Atado, vinculado al sector minero, petrolero, gasífero, de energía en general.”
Con respecto al sector minero argentino, Lencina destacó las oportunidades que ofrece ya que “si hay algo bueno de no haber hecho nada en ese sector, es que tenemos todo por hacer. Tratando de tener una mirada optimista, tenemos lo que el mundo demanda”.
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“Ya no somos más el granero del mundo. Argentina tiene minerales críticos o estratégicos, no importa la disquisición en ese sentido. Todo el cobre para desarrollar, lo que se está desarrollando en la industria del litio. Oro, plata, en las provincias donde se puede trabajar en Argentina, porque no en todas las provincias se puede trabajar libremente el sector minero, lamentablemente.”, señaló.
Para Lencina, la logística es “si salimos del perfil de los profesionales y de los técnicos, un sector para desarrollar; es un sector para invertir y es un sector para capacitarse”.
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Habilidades, urgencias y demanda
“Falta gente, falta mano de obra calificada, hay una sobreabundancia, desde mi experiencia en los proyectos mineros que visito y por donde transito, una sobreestimación de lo que son las capacitaciones que las comunidades reclaman, que es un tema aparte. Hoy no te contratan tanto por tu currículum y tu experiencia, hoy el mundo laboral se está transformando, no en lo que sabes hacer solamente, sino en lo que puedes llegar a hacer. Y eso es un cambio de paradigma”, reflexionó.
“Te contratan por habilidades duras y te despiden porque no tienes habilidades blandas; es decir la integración de conocimientos. Significa el saber hacer, desde un ingeniero o algún profesional universitario hasta un técnico de cualquier categoría o un oficio. Hoy el aspecto de la comunicación con la sociedad, la bajada a la sociedad y la convivencia con el medio que me rodea es esencial”, planteó.
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Y resaltó la falencia que observa en cómo los diseños curriculares en los distintos niveles no contemplan esa preparación: “Por eso la necesidad urgente, y yo creo que ya un poco tarde, de replantearnos lo que son los diseños curriculares y los desafíos para entregar mano de obra calificada. Y hoy es una demanda social a gritos. Entonces, los diseños curriculares tienen que integrar eso. Desde mi punto de vista, conocimientos, saberes populares, tienen que comprender las cosmovisiones locales, incluidas las indígenas, y tienen que aprender a convivir con la transversalidad de los conocimientos biológicos, naturales, científicos, vulgares, etc. Es un desafío muy interesante, muy importante, muy abarcativo y planificador para la persona que lo asume.”
Además reflexionó sobre la importancia de articular en lo cotidiano la teoría y la práctica: “¿Cuál es el lugar de encuentro del saber hacer? Es justamente cuando yo te pido que hagas algo porque fundamentalmente es por qué tomaste esta decisión. Todos deberíamos estar en condiciones en nuestras profesiones de dar una explicación de por qué tomamos las decisiones que tomamos”.
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Pensar la educación del futuro
Al hacer foco sobre por qué los diseños curriculares siempre van atrasados con respecto a las demandas del mundo actual, Lencina sentenció: “No hay una lectura clara del mercado y de las demandas actuales y futuras. Y aparte, no tienes que diseñar un currículum para hoy. Tienes que diseñar un currículum para 10 años. Tienes que proyectar y prospectar escenarios a 10 años posibles.”
“Y tienes que tener, desde mi punto de vista y en mi experiencia, diseños curriculares flexibles y amplios que te permitan cambiar rápidamente. Entonces, cuando vos haces un detalle muy importante en tu diseño curricular, te pones el corset solo, porque debes enseñar eso y debes explicar eso. Cuando lo haces flexible y amplio, abarcativo, puedes cambiar inmediatamente al mismo ritmo que cambia la demanda.”, resaltó.
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“Un diseño curricular necesita de la opinión de los externos. Un diseño curricular nace de las bases. El plan de estudio es aquel que se puede, en ese momento, con esa infraestructura, con esos docentes, con esos salarios, con esa demanda, con esos estudiantes. Mañana serán otros, hay que cambiar. Entonces, ese proceso que lleva años, se podría y se debería acortar para estar a la altura de las circunstancias y entregar gente que sabe hacer y que sabe tomar decisiones, sino en manos de quién estamos entregando la gestión de los recursos naturales, por ejemplo”, planteó.
Educación y empleabilidad: volver a conectarlos
“Creo que los últimos años, y probablemente la crisis del mercado laboral, la baja de la demanda de profesionales, la crisis argentina crónica, de alguna manera no te permitía salir al mercado y tomar experiencia. Eso se fue salvando con las conocidas prácticas profesionales o profesionalizantes, o supervisadas, las PPS, tienen distintos nombres, que es cómo tomo contacto con la vida real. Entonces no son tan importantes las prácticas porque aprendo a hacer, sino que me puedo situar a dónde quiero llegar”, indicó Roberto Lencina.
“Hoy el concepto de reclutador no existe más, como no debería existir más ciertas formas de escribir currículos para la gente, porque hoy están filtrados por la inteligencia artificial. El corte está en el saber hacer y las oportunidades que tenés de la conexión del sector educativo con el sector productivo. Es allí donde se debe producir el encuentro”, planteó.
Y agregó: “El sector productivo debe entender que necesita de esos jóvenes y que debe invertir en eso. Y el sector educativo debe entender que ese es el mercado futuro y que deben articular. Se hace cada vez más, pero creo personalmente, y no tengo datos para apoyar esta afirmación, que se hace no a la velocidad que Argentina en este momento necesita.”
“Entonces hay que ejercer la profesión también en la calle. Hay un salto de madurez y las universidades, especialmente las públicas, son como un gran elefante. Son difíciles de mover. Tampoco es un problema de voluntad y de falta de claridad conceptual. Son las propias estructuras burocráticas que te generan como un enorme laberinto para alcanzar los lugares deseados. Entonces el diagnóstico no es tan simple”, señaló. Y subrayó que invertir en la educación de esos jóvenes profesionales para que formen parte de la cadena de valor, tal vez genere una recuperación de la tasa a cinco años.

Cuando la minería sale de su escondite
“Tenemos que comprender que la historia condena a la actividad minera porque hubo una actividad minera en muchos lugares donde quedaron huellas muy profundas. Yo trabajé prácticamente en todos esos lugares donde todavía los recuerdos son de las torturas o de los malos momentos o de la explotación por la explotación misma; eso es una huella tremendamente profunda entonces yo propongo que no solo hay que abordar desde la sociología de los proyectos mineros sino desde la psicología de los proyectos mineros. Tenés que tener instancias terapéuticas con las comunidades”, explicó Lencina.
Y destacó: “Eso cambió con la minería moderna. Cambió bastante pero no lo suficiente, porque hubo una etapa de transición con algunos proyectos, en donde todavía yo producía, pero puertas hacia adentro, nadie sabía lo que estaba haciendo. Hoy no solo hay una necesidad; hay un grito de los propios empleados de mostrar lo que hacen, porque el que nada teme, nada esconde”.
“Hay una iniciativa internacional que es EITI [por sus siglas en inglés, Extractive Industries Transparency Initiative] que tiene reportes anuales accesibles a todo el mundo, que es la trazabilidad de las inversiones financieras de las industrias extractivas, petróleo, gas y minería. En Argentina ese cuestionario es optativo ¿Quiénes responden? El sector minero. El sector petrolero y gasífero prácticamente no responden ¿Quién cuestiona al sector petrolero y gasífero?”, informó.
Lencina insistió que más allá de los mitos y realidades del sector minero, la evidencia demuestra que cumplen con los estándares más exigentes de cualquier otra industria.
El criterio que hace la diferencia
“Hay sectores que están automatizados y donde tu trabajo es reiterativo pero eso está quedando de lado, te diría robotizado. Después necesitas personas con criterio. Todavía no conozco una IA con criterio propio”, reflexionó.
Y planteó: “La IA cada vez más está exigiendo personas con criterio. Entonces hay que ver cómo convivimos con eso. ¿Qué se aprende de la experiencia? No solo el saber hacer, aprender de los errores; si reflexionás sobre tus prácticas y fundamentalmente de la experiencia lo que te queda son las huellas de tu trayecto profesional y esas huellas a veces son dolores y en la vida tuya y mía ¿Dónde aprendimos más? ¿En los dolores o en las alegrías?”
“Hoy son necesarios geólogos con una fuerte vocación de territorio, de terreno, de campo muy bien preparados en el software y con una apertura mental muy grande para cambios de paradigmas muy importantes que la ciencia promueve. Siempre le digo esto a mis estudiantes: Lo que yo enseño hoy se llama la vida útil del conocimiento”, planteó.
Y reflexionó: “No estamos dimensionando la velocidad del cambio. O sea, entendemos que las cosas cambian vertiginosamente y nos asustan y cuando nos asustamos nos paralizamos y cuando nos paralizamos, no cambiamos. Por eso hablo mucho de la flexibilidad. Y a mi edad, que no es poca, trabajar sobre mi propia flexibilidad mental es todo un desafío. No estamos viendo un planeta que pregona la sustentabilidad de la vida, pero que no actúa en consecuencia.”
“Entonces nos rasgamos las vestiduras con el cambio climático, el calentamiento global y los desastres, la pobreza y muchas cosas pero no apagamos una luz. El próximo hot sale nos va a encontrar con un teléfono nuevo, que demanda litio, que demanda más de 90 elementos algunos de los cuales son extraídos en escenarios de violación flagrante de los derechos humanos, como el cobalto en el Congo, para los chinos. No estamos tomando dimensión no solo de la velocidad del cambio sino de las implicancias de nuestras propias decisiones sobre la demanda de los recursos naturales. Nos quejamos, pero no dejamos de consumir”, señaló Roberto Lencina llamando a la verdadera reflexión sobre las propias prácticas.
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