Lila Pinto: "Tenemos que sacar a las escuelas de las cápsulas y conectarlas con el mundo"

mafernandez@infobae.com

Lila Pinto volvió este año al país después de casi una década en México. Dice que los problemas educativos de la región son similares, más allá de la escala de cada sistema. Allá se desempeñaba como directora escolar y acá continúa su carrera en la gestión en el Colegio Tarbut.  Es doctora en Educación con especialidad en Nuevas Tecnologías por la Universidad de Columbia, Nueva York.

Pinto será la coordinadora del Foro Latinoamericano de Educación, que organiza la Fundación Santillana. Entre el próximo lunes y martes, primero en la sede de la Universidad Siglo 21 y luego en el CCK, distintos especialistas discutirán con un eje: el cambio escolar. Cómo rediseñar la escuela para los tiempos que corren, con el foco puesto en el rol del director.

 

-Hoy la formación del director es un tema que se debate. ¿Cree que debería haber una carrera inicial de dirección?

-Sí, claro. Creo que es reciente que aparece en la agenda de la conversación educativa la importancia de formar liderazgos. Antes no estaba en la lista de prioridades. Se habla mucho más de formación docente y la investigación muestra que la segunda variable más importante para el desempeño escolar, después de los docentes, es el liderazgo de equipos y no solo de personas. Y hay mucho por hacer.

-Con las diferencias lógicas entre la escuela pública y privada, ¿qué problemas ve en el día a día de la gestión escolar? 

-La gestión escolar es articular el encuentro de diferentes actores: padres, docentes, alumnos, recursos materiales. Pero la dimensión más importante, que a veces uno olvida, es gestionar para que haya aprendizaje. A mí lo que más me interesa es el rol del director como líder pedagógico. Estamos todos tratando de ver cómo rediseñar la escuela.

Lila Pinto, doctora en educación, especializada en nuevas tecnologías
Lila Pinto, doctora en educación, especializada en nuevas tecnologías

-¿Qué parte le toca al directivo en ese rediseño? Puntualmente en incorporar tecnología a la dinámica escolar. Porque se suele hablar siempre del rol de docente, pero casi nada del director en ese punto.

-Cuando pensamos hoy en rediseñar la escuela, pensamos en dar un significado a la institución en un contexto tecnológico absolutamente transformado. A veces es más difícil formularse buenas preguntas que tener respuestas. En el caso de la tecnología creo que ese es el tema: estamos pensando cómo traer la tecnología a la escuela cuando debería ser qué hacemos con la escuela en este mundo tecnológico. Lo que le toca al director es ubicar la pregunta en el lugar del sentido para generar una escuela desafiante.

-Sería volver a entusiasmar al chico…

-Y despertar deseo. El deseo de enseñar y de aprender en la escuela en este contexto.

-¿Lo que hoy el chico aprende por fuera del aula no conversa con lo que pasa adentro?

-Primero hay que ver qué chico y en qué casa. Saber distinguir contextos. Pero es cierto que aprendemos en todos lados y la escuela parece ajena a ese aprendizaje. Hay mucha gente haciendo cosas interesantes en las escuelas, en Argentina y en la región, que a veces no son tan visibles. Y, en general, tienen eso en común: hacer la conexión entre la escuela y el mundo. Cuando ese puente se teje, aparece el deseo, aparece el entusiasmo nuevamente. Parte del desafío es abrir la escuela, salir de esas cápsulas que son las instituciones escolares y conectar con la comunidad local, con el mundo.

-¿El docente suele ser receptivo a ese pedido?

-Los cambios son procesos. Los docentes, en la medida que se sienten interpelados y que genuinamente son tomados en los procesos de rediseño, sienten el deseo de cambiar sus prácticas. Hay que generar condiciones para que eso sea posible.

-Le deben haber preguntado muchas veces: ¿qué hacemos con el celular en la escuela? Imagino que ya debe estar superado ese debate a esta altura.

-No te creas. Todo el tiempo nos preguntamos. Porque al final la respuesta es: "Sí, pero…". Sí, pero en este grado así. Sí, pero a esta edad de esta manera. Pensar qué uso pedagógico le damos. Cada proyecto educativo debería definir en qué situaciones es útil el celular en el aula.

-Por ahora, los estudios que se hacen al respecto no reflejan grandes mejoras de aprendizaje a partir de la tecnología. ¿Estamos seguros que es el camino o es más bien una hipótesis por el momento?

-De vuelta. Ahí está cómo vamos a formular la pregunta. Nuestros chicos están creciendo con otras formas de consumo cultural. A diferencia de la televisión, está el streaming. Ya no esperamos un determinado día y horario. La pregunta, entonces, no es tanto: "¿uso videos de Youtube en la escuela?", sino: "Sabiendo que ese alumno tiene eso incorporado, ¿cómo aprovecho esa práctica cultural para lo que tengo que enseñar?". Ahí el aprendizaje se vuelve significativo.

-¿Y cómo se hace para que dejen ser simples usuarios de tecnología?

-Ahí está la otra dimensión: el pasaje del paradigma de consumidor al de productor. Ese es el objetivo más importante que podemos hacer con la tecnología. Los chicos creen que manejan muy bien el lenguaje audiovisual, pero no siempre es así. Yo llamo a eso ir más allá de la selfie. O sea, cómo hacer para que los chicos problematicen la selfie.

-¿Está de acuerdo con la nueva concepción que surge del docente más bien como curador del contenido?

-Más o menos. Los docentes siempre somos curadores en el sentido que elegimos con qué materiales trabajar y qué recursos utilizar. Pero también somos productores porque generamos algo nuevo. Una definición más precisa quizás sería en el orden del remixado porque todo el contenido que seleccionás entra en un contexto didáctico que hace que produzcas una nueva propuesta. Curar parecería solo poner a disposición.

(Fotos: Santiago Saferstein)
(Fotos: Santiago Saferstein)

-¿Qué opina de los cambios que se están dando en el secundario?

-Es la transformación más compleja y más urgente. Con algunas cosas estoy de acuerdo, pero lo que me preocupa es no terminar de entender que para que la escuela cambie tiene que ser una modificación sistémica de la cultura escolar. Un cambio curricular solo no es suficiente, un cambio metodológico tampoco.

-¿Es imposible bajar algo de arriba y creer que va a funcionar?

-Sí, la estrategia top-down es un poco difícil. Igual entiendo que el diálogo entre el cambio escolar y la política pública tiene que ser más fluido. Veo que estamos ante un cambio con intenciones de generar autonomía, pero creo que hay que mirar más holísticamente el problema. La escuela necesita una transformación en todas sus dimensiones: no solo en lo metodológico o curricular, sino también en sus tiempos, por ejemplo.

-¿Qué sería sus tiempos?

-Cantidad de horas de clase, flexibilidad horaria. También otro tema más complejo tiene que ver con la evaluación y la acreditación, habría que revisar dispositivos como la repitencia. Ahí están los desafíos más grandes en términos de escalabilidad de los cambios.

-En base a su experiencia en otros países de la región, ¿observa que estamos rezagados?

-No, siento que estamos tratando todos de ver por dónde ir. Todos los países están encarando transformaciones educativas. A diferencia de México, que es el caso que conozco más de primera mano, no tenemos un sistema tan grande y profundamente heterogéneo. El nuestro es heterogéneo, pero a una escala menor. Hay algunos debates que se repiten como la reforma curricular o evaluación. Pero veo que todos estamos tratando de pasar de lo teórico a lo práctico.

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